Los insurgentes. El país de Urbina. En la montaña de Durango, cuando aún no se habían enterado de que había revolución, corrían rumores entre el pueblo: que los federales habían roto el cerco, que Pancho Villa ponía cerco a Torreón y que se acercaban quemando ranchos y asesinando pacíficos; que los gringos habían cruzado el río Bravo; que Pascual Orozco había muerto en Ojinaga; que Pascual Orozco venía hacia el Sur con diez mil colorados y que Urbina saldría para el frente en unos días. Entre el pueblo se hablaba de Tomás Urbina: Un buen hombre todo corazón. Otros: Es muy valiente. Las balas rebotan sobre él como la lluvia en un sombrero; que antes era un peón y ahora es general y hombre rico. Urbina se había apoderado de una inmensa hacienda de millones de hectáreas. Y un día, durante la revolución constitucionalista, se desató la furia anticlerical, que en el fondo era la lucha contra el orden establecido. Sin embargo había quien aprovechaba la revuelta en beneficio propio. [W. Weber, en su México heroico, 1970], enjuicia severamente a Urbina: "... uno de los más espectaculares saqueadores-chantajistas fue el brutal Tomás Urbina. El saqueo de los templos de Durango, en marco de 1914, suscitó un clamor internacional. Durante muchos de los años posteriores los cazadores de tesoros rastrearon las tierras de su hacienda en busca del enorme tesoro, procedente en gran parte de las iglesias, que según se decía estaba allí oculto". Vivía en la hacienda de un ricachón que había huido al extranjero. Enfermo y borrachín, en su delirio, intentaba matar a su madre a cuchilladas, pero sus fieles lo impedían. El periodista americano John Reed le conoció de cerca.
Los Guereca. Eran gente orgullosa, llena de ambición y afectuosas. El viejo Guereca era un peón de cabello blanco. Había nacido en una de las grandes haciendas mexicanas. Muchos años de espantoso trabajo le habían hecho un hombre independiente, dueño de una pequeña propiedad. "Tenía diez hijos: muchachas morenas claras e hijos que parecían jornaleros de campo de Nueva Inglaterra". John Reed, (op. cit.) dice que Longino Guereca, el hijo mayor, era un mozo extraordinario. Estaba orgulloso de no deber nada a la revolución. Al contrario, habían dado todo a los maderistas, sin nada a cambio. Tanto los colorados de Orozco como la chusma de Urbina le había robado los caballos. Gino Guereca, el más valiente de los insurgentes, había muerto en olor de héroe. El pueblo comentaba: Sí, pero se había cargado a seis colorados antes de que lo mataran. En torno a Gino había cuatro o cinco héroes más, con todos sus cartuchos agotados. Guereca murió junto a su caballo de pura sangre.
Mariano Estornés Lasa