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MÉXICO o NUEVA ESPAÑA


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Tres misioneros notables

Tres misioneros notables.

El P. Juan de Ugarte, jesuita. Nacido en México, de familia vasca, resultó un forzudo de esos que produce la etnia vasca. Le tocó evangelizar, a su modo, en las difíciles misiones de California. Procuró convertirse en un verdadero indio para poder acercarse a ellos. Dotado de una fuerza prodigiosa, realizó todos los oficios, carretero, labrador, cocinero, etc. Un día, a un indio que se burlaba de la fe cristiana, lo levantó con una sola mano y lo sacudió como un guiñapo. Otro día mató un león de dos pedradas, y con él en su caballo, se presentó tranquilamente ante los indios asustados. Más de una vez, al regresar a su cabaña, encontraba su cama acribillada de flechas que le había disparado desde las ventanas. Murió a los 68 años. [Ref. Vida y virtudes del Venerable Padre Juan de Ugarte, por José de Villavicencio. México, 1752].

P. Agustín de Arriola, también vasco-mexicano y jesuita. Evangelizaba a los indios de Sinaloa. Creó una escuela donde enseñaba, además de la prédica del evangelio, lengua española, música, etc. Tras varios años de apostolado quedó ciego. Sus superiores le dieron un compañero y guardián, el vasco José Olavarrieta. Cuando Carlos III expulsó a los jesuitas de España y sus colonias, los PP. Arriola y Olavarrieta se fueron a Italia. Corría la última mitad del siglo XVIII. Arriola murió en Bolonia, tres meses después de Olavarrieta. [Ref. "La emigración vasca", T. I. Auñamendi, San Sebastián, 1971, por P. Lerande].

Martín de Azpilcueta. Misionero en Sinaloa, al oeste de Estado de Durango, en la costa del Pacífico. Por su delicada salud no podía recorrer el inmenso México, predicando a los indios, como eran sus deseos. Pronto fundó un floreciente reducto en Sinaloa. Pero el clima había quebrantado su salud. Y así se vio, durante cerca de veinte años, el impresionante espectáculo de un misionero enfermo organizando alrededor de su cabaña charlas familiares con los indios que acudían a escucharle. Ancianos y moribundos enviaban a sus deudos para pedirle "esa agua misteriosa que extingue las fiebres para siempre". Culminó su labor levantando el primer santuario de América a San Francisco Javier.

Mariano Estornés Lasa


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