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Rafael Maroto Isern


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Militar murciano nacido en Lorca en 1783. Fallecido en Concón en 1853.

Inició su carrera militar en la guerra antinapoleónica hallándose en el sitio de Zaragoza, donde fue herido y hecho prisionero, aunque consiguió evadirse. En 1813, a la cabeza del regimiento de Talavera, marchó al Perú, y fue enviado por el virrey a la reconquista de Chile, emancipado desde 1810. En 1814 libró la batalla de Rencagua y entró en Santiago al frente de las tropas españolas vencedoras, siendo ascendido por el virrey Abascal al empleo de brigadier. Poco después casó en Santiago con una dama chilena de gran posición, Antonia Cortés y García. Ante la amenaza del ejército americano que se formaba en Mendoza, el capitán general de Chile, don Francisco Marcó del Pont, confió el mando del ejército realista al brigadier Maroto, que era el jefe de superior graduación en aquellos momentos. Maroto salió de Santiago acompañado de sus ayudantes el 10 de febrero de 1817, día de la célebre batalla de Chacabuco que puso fin a la dominación española en Chile. Parece ser que Maroto anduvo en negociaciones secretas con el general San Martín que dirigía el ejército libertador. El combate comenzó a las nueve de la mañana y terminó a las dos de la tarde.

"Maroto se esforzó hasta el último instante por contener a los fugitivos y permaneció en la línea de fuego, por simple quijoteria, cuando ya de nada podía servir su presencia. Se abrió paso el último, a filo de sable, y se salvó ligeramente herido, gracias a la casualidad de encontrar en la casa de Chacabuco un buen caballo ensillado, cuando ya el suyo no podía acompañarlo. "

Francisco Antonio Encina. Historia de Chile. 1953, Tomo 7.°, p. 271.

A las 5 de la tarde de este día llegó a Santiago la noticia del desastre realista. Maroto, desde Huechuraba, pedía refuerzos al gobernador Marcó. Pero éste le contestó llamándolo a Santiago. A las 2 de la tarde del día 13 se cargaron las mulas con el tesoro público. Según informe del oficial 1.° de la Casa de la Moneda, Benito de Azpeitúa, se entregaron al contador interino de la tesorería -José Ignacio Arangua- 190.000 pesos en oro y plata, quedando en dicho establecimiento 60.000 pesos en barras de plata que no alcanzaron a cargar. A raíz de una escaramuza el tesoro se perdió en el camino. En la madrugada del día 13 -poco después de pasada la medianoche- se realizó en Santiago una Junta de Guerra. En ella prevaleció el criterio de Maroto, de retirarse con el ejército a Valparaíso y embarcarse hacia el Perú. Nombrado intendente gobernador de Puno, junto al lago Titicaca, hizo amistad con el virrey Laserna. Puno era una posición estratégica guarnecida por tropas aguerridas, pero Maroto juzgó oportuno no defenderla. El 9 de diciembre de 1824 se libró la famosa batalla de Ayacucho, que afianzó definitivamente la independencia americana. Cayeron prisioneros el virrey, quince generales, dieciséis coroneles, 552 oficiales y 3.000 soldados, que un mes más tarde se encontraban libres navegando hacia España. Maroto embarcó en la fragata francesa "Ernestina", para dirigirse a España.

Fue encargado de organizar las milicias realistas en Asturias y Toledo, terminando por pasar de cuartel a Pamplona. Entró en relaciones con el infante don Carlos y fue confinado en Sevilla y más tarde en Granada, de donde huyó a Portugal, presentándose a don Carlos. Siguió a éste a Inglaterra, pero no se incorporó al ejército carlista del norte hasta 1835. Fue nombrado comandante general de Cataluña, a cuyo efecto franqueó los Pirineos el 30 de agosto de 1836 por las montañas de Nuria, siendo recibido por dos compañías de cazadores. Después de una desafortunada campaña, y con el pretexto de acudir a informar a don Carlos de la situación catalana, entregó el mando al brigadier Royo y pasó a Francia el 5 de octubre.

Al llegar al pueblo de Eyna fue detenido por la gendarmería y soldados del 21.° de infantería ligera francesa. Confinado en Tours, logró escapar y llegar a Burdeos, desde donde escribió el 28 de octubre una carta al ministro carlista Erro manifestándole que se pondría en camino para el cuartel real tan pronto como pudiera, pero éste le contestó el 14 de noviembre desde Durango, que por orden de don Carlos debía permanecer en el extranjero hasta que en vista del resultado del expediente que se le instruía en averiguación de su conducta en Cataluña y de los sucesos que le obligaron a abandonar el país, se determinara lo procedente. La prohibición continuaba en 1838, como se advierte en el documento "incontestable" que publica Pirala (Pirala: Historia de la guerra civil, II, 1028). Pero es evidente que ante la situación creada en el cuartel real por la actuación de Guergué y las divisiones internas, don Carlos pensó en llamar a Maroto, pues el mismo Pirala publica un "autógrafo" de don Carlos fechado el 15 de mayo de 1838, que dice así: "Maroto, quiero que vengas en cuanto recibas ésta. Carlos".

Esto ocurría antes de la pérdida de Peñacerrada por Guergué, que tuvo lugar el 20 de junio de aquel año, lo que descarta, según Del Burgo, la afirmación de muchos historiadores que atribuyen a esta desgraciada acción la decisión de don Carlos de nombrar a Maroto jefe del ejército del Norte. Lo que sí es cierto es que a partir del nombramiento comenzaron a llegar sumas considerables de dinero procedentes de las potencias del Norte, y en tres meses el ejército volvió a estar perfectamente equipado y en disposición de combatir de nuevo. Es también de notar, que la elevación de Maroto a la jefatura del ejército fue saludada por muchos como una solución. El conde de Custine hace elogios de la disciplina y excelente organización que encontró en las tropas cuando vino a España acompañando a la princesa de Beira. También pondera a Maroto el príncipe Schwarzenberg, aunque éste es poco conocedor de las interioridades del campo carlista.

Desde 1839 parece que Maroto comienza las conversaciones con los generales de la reina. Se inicia una sorda lucha entre los partidarios de las negociaciones o marotistas y los generales adictos a Tejeiro. Desde enero de 1839 la lucha entre el cuartel real y el cuartel del general Maroto fue avivándose. El 18 de febrero Maroto hace fusilar en Estella a cuatro generales: Guergué, García, Sanz y Carmona. D. Carlos indignado publicó una alocución destituyéndole del cargo y declarándole traidor el 21 de febrero de 1839. Pero en realidad Maroto era dueño de la situación. Los ministros abandonan a D. Carlos, quien se vio obligado a expedir un oficio, el 24 de febrero de 1839, en el que manifestaba su voluntad de que Maroto continuara a la cabeza del ejército. Dueño absoluto de la situación por la debilidad y versatilidad de D. Carlos, pidió el castigo de sus poderosos enemigos que fueron desterrados a Francia.

A partir de este momento las tensiones entre el pretendiente, Maroto y sus enemigos son continuas. El 20 de julio de 1839 Maroto contacta con lord Hay, comodoro inglés a cargo del bloqueo de la costa cantábrica, pretextando la violación del tratado Elliot por parte de Diego de León. Maroto quiere obtener la mediación británica entre los dos ejércitos. El día 29 del mismo mes tiene lugar la entrevista Espartero - Lord Hay en la que éste presenta al primero las proposiciones de Maroto. Espartero aceptó pero sometiendo el asunto foral a las Cortes, y mientras los carlistas acataran a D.ª Cristina. El 24 de agosto del mismo año tiene lugar la entrevista entre Maroto y el liberal Zabala en la que éste propone al primero una entrevista directa con Espartero que desembocaría, el 31 de agosto, en el célebre Convenio de Vergara por el que se entregaron a Espartero 5 batallones castellanos, tres guipuzcoanos y ocho vizcaínos, comprometiéndose Espartero a garantizar la "concesión o modificación" de los Fueros Vascos.

Al acabar de esta forma la guerra de los siete años, Maroto fue reconocido en el empleo de teniente general y se le concedió el título de conde de Casa-Maroto. Al cabo de unos años pidió permiso para pasar a Chile a ocuparse de los bienes de su familia. La vuelta de Maroto a Chile en 1847 tras el abrazo de Vergara hizo correr la fantasía. El pueblo chileno empezó a hablar del "tesoro de Maroto". Corrió la noticia de sus supuestas o no supuestas búsquedas. Pero nadie sabe qué hay de cierto en todo esto. En Chile obtuvo, efectivamente, de las autoridades que le restituyeran su casa de la calle de Huérfanos y la hacienda Concón, que había pertenecido a su esposa fallecida en un naufragio. Se entregó a una vida tranquila y sosegada, alternando su residencia en Concón y Santiago. Falleció en Concón en 1853, sin haber intentado volver a España, donde su nombre era polémico. En la parroquia del Salvador de Valparaíso existe su partida de defunción, que dice así:

"En 5 de agosto de 1853 se dio sepultura de oficio de número en el cementerio de esta ciudad al cadáver del teniente general D. Rafael Maroto, natural de España. No pidieron los Santos Sacramentos. De que doy fe. Silverio Vigna, Cura adm.".

Ref. Jaime del Burgo. "Para la Historia de la I.° Guerra Carlista", Príncipe de Viana, Pamplona 1981, 272- 278.



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