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Miguel López de Legazpi Gurruchategui


La expedición se establece en Zubú-Cebú

Legazpi mandó juntar a las autoridades de la Armada el día 21 de abril, víspera de Pascua de Resurrección. Se trataba de buscar un lugar adecuado para plantar el campamento de invierno. "Después de platicado entre todos acordaron llegarse al Zubu, tierra muy poblada y abundante en alimentos. Pero, "si no quisiesen los naturales de la tierra dalles bastimentos por precios justos y usados y ser amigos nuestros, como el general pretendía, se le podrá hacer guerra justamente". Por medio de intérprete, Legazpi indicó a Tupas, rey o principal de Zubu, sus deseos de paz y amistad permanente y que traía un presente del rey de Castilla. Tupas temía caer en una celada, pues su padre había sido el factor del banquete-trampa donde habían sido liquidados treinta expedicionarios de Magallanes. El jefe nativo no se atrevió a subir a la nao de Legazpi. Al contrario, lanzó 2.500 hombres en son de guerra a la costa y a los paraos. De todas partes amenazaban con sus armas: "lanzas de hierro luengo y agudo, varias tiraderas, pavesas, alfanjes pequeños"... Tras esta algazara de primera fila, en la gente del poblado "todo era dar priesa en sacar su hato y recoger puercos, cabras y gallinas que andaban por entre las casas". Legazpi envió una embajada a tierra instándoles a establecer paz y amistad duraderas. Ante el fracaso de la tercera embajada, Legazpi ordenó el desembarco de tres bateles, a las órdenes del Maese de Campo, el capitán Goiti y Juan de la Isla. Y otro batel con los gentilhombres de su compañía. La nao Capitana disparó su artillería hacia los paraos embarcaciones pequeñas parecidas a los juncos de aquellos mares-. La Almiranta y el San Juan dispararon al poblado. No hallaron con quien pelear pues los nativos eran grandes corredores y se habían retirado con los alimentos. Como los techos eran de paja se quemaron un centenar de casas. Pero la armada seguía sin abastecerse. Casi todo el pueblo se había salvado del incendio y fue ocupado y registrado "y no se halló cosa que fuese de bastimento, ni de importancia, sino eran ollas, tinajas, cántaros de servicio, é algún millo -mijo- y muy poquito arroz".

Mariano Estornés Lasa


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