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Clases de hidalguía

Clases de hidalguía. A grandes rasgos los dos tipos fundamentales de hidalguía son la hidalguía de sangre u «originaria» y la hidalguía de carta o nobleza otorgada.

a) H. de Sangre. Esta categoría remite inmediatamente al mundo de los linajes; es noble o hidalgo todo el que procede de un linaje conocido, conocimiento éste que puede ser patente o hecho constar mediante un instrumento adecuado. En la cúspide de esta nobleza se halla el cabeza de linaje (aide nagusia), cabo de armería, ricohombre. La descripción que hace el Fuero general de Navarra (s. XIII) de esta figura es sumamente ilustrativa de su condición preeminente, beligerante y/o protectora:

«Richombre ó ynfanzon cabayllero poderoso, oviendo
creaturas fillos e fillas, caveros, vassayllos et escuderos
qui prenden sua soldada, ó su bien, et manzebos sol-
dados, claveros et iuveros, vaqueros, et
pastores, et porqueros, et muytos otros soldados, et creando
parientes prosmanos dándolis á comer et vestir et lo que
han menester, et otros estranios muytos que entran et
sayllen, comiendo en su casa, et vassayllos de carneros,
ó de zevada, ó de dineros, por lo que los defiende en
el mercado, ó en otro logar; de todos estos oviendo
consigo pelea con su vezino...»
Este personaje posee el máximo rango después del Rey; es dueño de torres y castillos, rentas y honores. Asimismo debe protección y amparo a su linaje -también nobleza en diversos grados- y a sus vasallos pecheros cuyo destino, en gran parte, está en sus manos. Sus familiares, así como los de otros cabeza de linaje, son denominados hombres de linaje «porque por todas sus líneas genealógicas procedían de hombres libres y para distinguirse de los que lo eran por privilegio» (Yanguas). Entre los ss. XIV-XV, Carlos III introdujo la creación de los mayorazgos o mayoríos, en virtud de los cuales las tierras otorgadas a ciertos nobles quedaban vinculadas al heredero mayor. «La creación de estos señoríos y vinculaciones -escribe Lacarra (1972, III, 217)- supone una nueva estructuración de la propiedad y de las rentas del país, cuyas consecuencias se notarán en los siglos siguientes. Sobre la antigua ordenación en ricos hombres, infanzones, burgueses y labradores se monta esta nueva nobleza, con grandes rentas y con justicia civil y criminal, cuyos dominios se asientan en la mitad inferior del reino, y en íntimo contacto con Castilla. Algunos de estos nuevos señores, como los Stúñiga, Dávalos y Hurtado de Mendoza eran, a la vez grandes señores castellanos». El hidalgo en Navarra podía poseer, a su vez, villanos encartados con sus respectivas tierras en cuyo caso su rango era más elevado pudiendo ser, debido a su mayor solvencia, fiador y testigo. Con el paso del tiempo este esquema sencillo se complica. Ciertos linajes o ramas colaterales se empobrecen sin perder por ello su calidad noble. Avalos de La Piscina, preocupado, muy al estilo de la época, de modo esencial por cuestiones de genealogía, reconoce en cierto pasaje de su Crónica (lib. V, cap. I) que, en Navarra, reino pobre, los descendientes de los reyes, a vuelta de generaciones, podían llegar a ser pastores:
«quien quiera que los hijos de los hijos de los Reyes,
siendo en esto desayudados (en contraer matrimonios
ventajosos) en simplicidad no bengan poco a poco, de
cayda en cayda, a ser muy baxos pastores según por
cierto se berifica en algunos linages nobles deste pobre
Reyno de Navarra».
Garibay en el s. XVI («Grandezas», tít. X) divide a la nobleza, de menos a más, en hidalgos, infanzones y dignidades o ricoshombres con título. Por otra parte, el sistema de cartas o concesiones de hidalguía a villanos o pecheros suscitó el deseo de los nobles de sangre de distinguirse de los hidalgos de carta. Dice Yanguas (1840) que «los escudos de armas, inventados antes por el capricho de los guerreros, ya para distinguirse en el campo de batalla, y ya para sustituir la firma que acaso no sabían poner en los documentos y escrituras, comenzaron a generalizarse colocándolos en los frontispicios de las casas a que daban los nombres de solariegas o solar conocido y palacios de cabo de Armería, cuyos sucesores miraban siempre con menos aprecio a los nuevos infanzones o hidalgos de privilegio, principalmente cuando las gracias de los monarcas recaían sobre la generalidad de los habitantes de una población en que la muchedumbre de la plebe ofuscaba el brillo de la antigua nobleza; y he aquí la razón porque a pesar de considerarse los vecinos de Tudela y de Gallipienzo como los mejores infanzones de Aragón y Navarra según el privilegio que les concedió Don Alfonso el Batallador, en el padrón formado en el año 1366 que existe en la Cámara de Comptos, se expresa que en el primer pueblo sólo existían 21 hidalgos, dando a los demás el título de francos, y en Gallipienzo de 60 vecinos únicamente se nombran cuatro en la clase de hidalgos». Esta es la razón de que en los padrones medievales sólo se llame nobles a algunos y no a la totalidad de individuos libres. En el de 1366 aparecen por ello en Navarra 2.136 fuegos o casas de hidalgos, sobre 12.263 que figuran de su población total, de manera que la sexta parte de habitantes eran hidalgos y los restantes francos, villanos o labradores, moros y judíos. La llegada a Navarra de gentes nuevas -los francos-, el nacimiento de la burguesía (los ruanos) y la existencia de individuos y comunidades de diversa cultura judíos, moros- fracciona más la población creando una nueva diversificación del status jurídico-social de ésta. Los francos, como hombres libres, quedarán equiparados a la nobleza de carta. No así los moros (salvo excepciones) y los judíos, o los agotes, minoría blanca y cristiana marginada por motivos exactos aún no demasiado conocidos.

b) H. de Carta. La concesión de cartas a los francos del camino de Santiago y otros burgos fue temprana (s. XI y ss.) por parte de los Reyes de Navarra. San Sebastián y Vitoria fueron fundadas por éstos sobre viejos burgos más adelante. Diego López de Haro fundó Bilbao en el año 1300. La concesión de cartas a los villanos o pecheros sobreviene asimismo, por lo general, en la Baja Edad Media, cuando, como dice Yanguas, «las costumbres comenzaron también a mirar con menos repugnancia a la clase agricultora». En Navarra la nobleza nueva se denominó infanzones de carta, una de cuyas subdivisiones debió de ser la de los infanzones de abarca o infanzones labradores. Franquear a un individuo -remisionarle de cuarteres en la Baja Navarra-era librarlo de pagar pecha, con lo que automáticamente pasaba a engrosar el estamento franco o noble. Yanguas (1840) ofrece abundantes casos:

«En 1482 el rey Don Francisco Febo hizo hidalgos a
Pedro Périz de Murillo, vecino de Cáseda, y a sus
hermanos como si por línea recta paterna y materna
dependiesen de hijosdalgo, e les alimpia de la macula
(dice el texto) que tenian de agüelorio materno por el
que dependian de labradores aunque por línea recta, ó
dependencia de padre y abuelos, dependían de hijos-
dalgo» (...). «Los fueros dados por el rey Don Sancho
Ramírez a Tafalla, confirmados por Don Sancho el
Sabio en 1157, hablando de su vecindario en razón a
los casos en que debería pagarse concejilmente la pena
de homicidios, se distinguen los habitantes en dos úni-
cas clases, esto es labradores e infanzones: «et si non
potuerimos (decían los de Tafalla) dare homicidam,
laboratores et infanzones pectare ad fuegos quinqua-
ginta cafices tritici...». «En 1362 el rey Don Carlos II
tampoco hacía mención sino de dos clases de hombres,
esto es hidalgos y labradores, para contribuir a los gas-
tos de la guerra cuando no acudían personalmente».
(...). «La princesa Doña Leonor dio también varios
privilegios o cartas de hidalguía. Decía en 1468 que a
suplicación de Carlos de Artieda hacía ingenuos libres
de todo cargo, macula, ó nota de pecheros ó labradores,
á Miguel Saínz de Aircugui, Martín Iñiguiz su yerno,
Pedro Martiniz tio del dicho Martin Iñiguiz, Martin
Martiniz y Miguel Martiniz, hijos del dicho Martin
Iñiguiz, á Miguel Saínz y á Pedro Saínz nietos de dicho
Miguel Saínz, vecinos del lugar de Aicurgui, y á los
descendientes de ellos en recta línea á perpetuo, re-
duciéndolos á la ingenuidad de hijosdalgo, así como si
fuesen procreados y nacidos hijosdalgo».
La hidalguía podía ser colectiva, como es el caso de la concedida a Tudela en el s. XII o la otorgada a la tierra bajonavarra de Arberoa en 1435 (110 casas convertidas en infanzonas). En la Baja Edad Media se especifican tres estamentos en Navarra: hidalgos, ruanos o burgueses y labradores pecheros. Como indicamos más arriba, los francos eran equiparados a la pequeña nobleza. De esta forma Carlos III manda en 1397 que en el valle de Larraun cesara la diferencia que había entre hijosdalgos y francos y que todos fuesen de una sola condición no pechera. Los ruanos de Estella se unieron también con los hijosdalgo, bajo un solo alcalde y jurados, en el año 1436, y en dicho año de 1397 Carlos III hizo nobles a todos los hombres y mujeres de Aibar que al presente (decía) eran de la condición de francos. El título y la condición de burgués van siendo, conforme avanzan los tiempos, cada vez más apreciados sirviendo de puente para el ennoblecimiento. Un caso típico se da en Bayona. Dice Ducéré (1911, II, 127) que la nobleza propiamente tal era muy escasa en Bayona, pues el título más apreciado era el de «burgués».
«La riqueza de los comerciantes en la Edad Media los
levantó por encima de la masa popular y no tardaron
en mezclarse a la nobleza. Miqueu de Manx pretendía
pertenecer a la familia vizcondal de Laburdi. Este título
de burgués era incluso muy a menudo ambicionado por
nobles pese a que su obtención suponía que un estatuto
de 1480 les prohibía los torneos y el porte de armas.
Sin embargo, un gran número de burgueses y de ha-
bitantes de Bayona, poseía bienes nobles y una sen-
tencia emitida el 5 de agosto de 1580 por Jehan de
Gasaye consejero en el Parlamento de Burdeos los de-
claró exentos del derecho de franc fief. Así en los siglos
XVII y XVIII Jean Vanduffet posee la tierra noble de
Gayrosse, Baitheleay-Dessolle, la tierra de Artarce,
Catherine Bellocq, viuda de Armand Lamaignére, el
molino noble llamado Vicomtat, situado en la parroquia
de Bigau, jurisdicción de Tartas, Saubade Lannevan,
el molino noble de Lartigor, la dama Lalande De Ar-
condau, burguesa, viuda del noble Jacques Duboscq,
escudero y caballero de San Luis, posee la casa noble
de Arcondau, situada en la parroquia de Saint-Etienne
d'Arribe Labourt. Pierre Javellau es propietario de la
casa noble de Bellepeyre situada en Saubusse. Más
tarde, los burgueses de Bayona que están provistos de
cartas de nobleza, manifiestan pretensiones pronta-
mente reprimidas por la Corporación Municipal. Así,
por ejemplo, Jean-Louis de Roll Montpellier, elegido
regidor, pretendió tener ventajas sobre sus colegas, el
abogado Duvergier y el negociante Dolhonde, por su
calidad de noble. Algunos años después varios bur-
gueses reclamaron la inscripción de sus cartas de no-
bleza en los registros de la ciudad. Y por esto podemos
conocer las armas de los Béhic, Cabarrus, Lesseps,
Sorhaindo, etc. Por otra parte el Armorial de 1696
registra un buen número de escudos bayoneses entre
los que podemos citar los de: François du Brocq, Noël
du Saut, Léon Ulivier, Pierre Picot, Laurent Dibusty,
Lalande Gayon, etc.».
Dice también Ducéré que cuando los burgueses de Bayona obtenían cartas de nobleza se apresuraban a hacerlas registrar en el Ayuntamiento.

Idoia Estornés Zubizarreta


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