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Ramón Adán de Yarza y de La Torre Lequerica


Geólogo bilbaíno. Bilbao, 05-06-1848 - Arrasate, 25-01-1917.

Ramón Adán de Yarza fue un gran geólogo, sin duda uno de los mejores -en el ámbito de la geografía vasca- de todos los tiempos.

Llegó, además, a ser considerado como uno de los principales petrógrafos del siglo XIX, siendo alabado por prestigiosos geólogos, como Eduard Suess (1831-1914) y Pierre Feuillé. Desgraciadamente, su nombre es, aún hoy, bastante desconocido, a pesar de los esfuerzos realizados -principalmente por Jacinto Gómez Tejedor- por divulgar su vida y obra.

Miembro de una familia noble por los cuatro apellidos, hijo y nieto de naturalistas (su padre introdujo el "Pino Insignis" en Bizkaia), Adán de Yarza parecía destinado a aprender la geología, o, en su defecto, la ingeniería de minas, en la que fue matriculado, en 1866, en la Escuela de Madrid. Previamente, había estudiado el bachillerato, examinándose por libre, en el Instituto de Bilbao, con profesor particular y bajo la tutela -disciplinada y "geológica"- de su padre. De su carrera en Madrid resultó el título de ingeniero (1871) y un viaje de prácticas por Europa, que realizó con profesores y compañeros.

El primer destino que le llegó tras su ingreso en el Cuerpo de Ingeniero de Minas fue el Distrito Minero de Bizkaia. Recién tomado el cargo, sin embargo, se cruzó la segunda Guerra Carlista; combatió en el sitio de Bilbao, en el bando liberal. Tras la guerra, se reincorporó a su destino, dedicándose, además, a la investigación geológica, por afición y vocación, no por encargo. Para difundir sus trabajos, eligió el Boletín de la recién creada Comisión del Mapa Geológico de España (1873). Allí publicó Las rocas eruptivas de Vizcaya (1879) y Edad de las ofitas (1882), pero también dio a conocer la geología de las minas vizcaínas: estudió los criaderos de hierro de Somorrostro (1876), que nunca habían sido examinados desde la óptica geológica.

Una vez publicado este trabajo, en 1877, el director de la Comisión del Mapa Geológico le pidió que se uniese al proyecto que tenía entre manos, el Mapa de España, para ocuparse de las provincias vascas. La citada Comisión andaba buscando un ingeniero de minas hábil que conociese a fondo la geología vasca; Adán de Yarza aceptó el envite.

Durante la década siguiente a la realización de la última de sus investigaciones citadas, Adán de Yarza trabajó a destajo en la preparación de la descripción física y geológica, primero de Gipuzkoa y luego de Álava, dos memorias que iban a publicarse en Madrid, en la imprenta de Manuel Tello, en 1884 y 1885, respectivamente. En la década de 1890 comenzó a escribir lo que ha venido a denominarse su obra más importante: la memoria relativa a la provincia de Bizkaia, que se publicaría en 1892, en la misma imprenta que las anteriores. Se podía hablar de "precursores geológicos y petrográficos", es cierto, pero se trataba de obras enfocadas sobre todo en las minas de hierro, desde un punto de vista más industrial que geológico. Tales fueron las obras de Carlos Collette (1848), Edouard Polletier de Verneuil (1860) y Amalio Maestre (1878). La descripción física y geológica que desarrolla el ingeniero bilbaíno, no sólo corrige y supera las de sus antecesores, sino que todavía hoy mantiene -en palabras de Gómez Tejedor- "su plena vigencia en muchos aspectos".

En un artículo publicado en 1967 en las Memorias de la prestigiosa Sociedad Geológica de Francia, el geólogo francés Pierre Feuillé expresó con una gran claridad, sin duda en señal de reconocimiento, la influencia de todos estos precursores (incluido Adán de Yarza), y la huella que dejaron en generaciones venideras. Tal influencia fue crucial, ya que "tras los mismos", decía, "se instaura muy rápidamente un periodo de investigaciones precisas en las que las tentativas de síntesis, a escala de provincias, dan un buen ejemplo".

El éxito científico y la popularidad que alcanzó ayudaron a que Adán de Yarza continuase compaginando sus funciones laborales con investigaciones; de hecho, cuando en 1896 fue nombrado ingeniero jefe de minas de Bizkaia -por sus trabajos realizados- se inicia probablemente su etapa más productiva.

El mundo de la petrografía fue su tema por antonomasia; en especial, el examen de las llamadas "rocas eruptivas". Un campo éste en el que trataba de analizar, junto al geológico, el aspecto petrográfico -o la importancia de las rocas en la formación del suelo-, dentro del campo de actuación, la geología agrícola, que interesaba a las autoridades de entonces. Fue éste un tema que le llevó (a petición expresa de los diputados generales de Gipuzkoa) a realizar un estudio de geología agrícola en la que distinguía hasta un total de once zonas petrográficas -cada una, con el tipo de cultivo que le convenía- en Gipuzkoa.

Fue la suya una labor pionera y precursora en el País Vasco, ya que sus antecesores apenas habían profundizado en dicho campo; botón de muestra, otro de los trabajos notables de su extensa bibliografía: el mapa petrográfico de Bizkaia, que realizó a escala 1:100.000 y que fue publicado en 1900. Y es que Adán de Yarza, que iba a ocupar el altar de los nombres señeros de la geología ochocentista, se distinguió precisamente por su aptitud petrográfica. En 1893 descubría en Murcia la roca Fortunita (una variedad de verita compuesta por fenocristales de olivino y flogopita). No acababan ahí sus méritos. Sus manifestaciones en apoyo a la petrografía abundan en sus escritos: en su discurso de recepción, como miembro de la Academia de Ciencias y Artes de Barcelona, habló, en 1896, de las "Rocas eruptivas de la provincia de Barcelona" (el artículo, por cierto, apareció traducido, en 1900, en el Bulletin de la Société Geologique de France, sociedad para la que actuó como director de unas excursiones realizadas, en 1898, en Barcelona).

Otro rasgo específico por el que se distinguió Adán de Yarza fue el de una gran capacidad de síntesis y un talento para la divulgación. Pensaba que tales cualidades de la labor propiamente definitoria del científico -la investigación- eran esenciales para una apreciación, por parte del público lego en general, del fenómeno de "lo geológico". La muestra más palmaria de sus dotes es la conferencia que pronunció en 1904, en el salón de actos del Instituto de Gipuzkoa, con motivo de las "Fiestas de la tradición del Pueblo Vasco": El País Vasco en las edades geológicas. Además de explicar claramente el proceso geohistórico de la formación del país, introdujo una brillante exposición de las ideas geológicas necesarias para su comprensión.

No le faltaron a Adán de Yarza, en vista de estas cualidades, ofertas de puestos académicos. La Escuela Especial de Ingenieros de Minas de Madrid, a través de su director, Perfecto Mª Clemencín, pugnó por obtener sus servicios. Finalmente aceptó, en 1905, la cátedra de geología y yacimientos minerales, que estaba vacante. Fruto de la actividad docente, fueron sus obras Lecciones de geología y Lecciones de yacimientos metalíferos (1909). Pronto abandonaría la capital española (de hecho, en 1910 solicitó el cese en la Escuela, regresando a Lekeitio).

Jubilado voluntariamente, en 1915, de su cargo de Inspector General de Minas, abandonó Adán de Yarza toda ciencia activa, dedicándose a la administración de sus fincas (en Arrasate y Lekeitio), e intentando introducir unos sistemas modernos de plantación y abonos con los que pudiese mejorar cultivos y bosques. Multitud de cuadernos con notas manuscritas son testigo de sus ensayos. Como es testigo, esta vez de su influencia paternal, los esfuerzos por introducir especies no autóctonas.

Murió de pulmonía, en su casa de Mondragón, el 25 de enero de 1917.

Obras 

Aitor Anduaga Egaña
2008


Irudiak:

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