Hombre de talla universal por la decisiva influencia que tuvo sobre personalidades de primera línea y por las vastas pasiones religiosas y espirituales que suscitó, Saint-Cyran ha merecido una notable atención de parte de los historiadores, sobre todo en los dos últimos siglos. Sainte-Beuve, J. Laporte, L. Cognet, J. Orcibal, Ceyssens marcan otros tantos jalones en la tarea de iluminar su trayectoria existencial y su destino histórico. No es de nuestra incumbencia el extendernos aquí en el recuento de la obra múltiple que nos han dejado, centrada en el estudio general del fenómeno jansenista o dedicada exprofeso a biografiar al célebre bayonés. Aquí nos limitaremos a citar dos obras de Orcibal:
No podemos, sin embargo, dejar de hacer mención de la obra de J. Arteche: Saint-Cyran (De caracteriología, vasca), Zarauz, 1958 (2.ª edic., 1961), que representa un intento de interpretación del bayonés como hombre de su tierra.
Koldo Larrañaga Elorza
1978