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DICCIONARIO


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Bibliografía

El diccionario de la lengua euskara más antiguo que se conoce es el titulado Dictionarium Linguae Cantabricae, de Nicolás Landuchio, de 1562, pero que acaba de imprimirse por primera vez en 1958. Este diccionario tiene una curiosa historia. Su autor, Landuchio, es un italiano, y compuso el diccionario mediante algunos colaboradores, al parecer de Vitoria. Su léxico pudiera ser el que se hablaba entonces en Alava y, desde luego, está muy castellanizado. No obstante existen curiosas voces, p. ej., errexala, por árbol. Silvain Pouvreau, del siglo XVII, compuso un diccionario vasco-francés que se conserva inédito. Una copia fotográfica se conserva en el Seminario de Estudios Vascos, de San Sebastián. Fue muy conocido entre los autores de su tiempo y más tarde por Humboldt. De fines del siglo XVII o principios dei XVIII, más probablemente, es el Diccionario Trilingüe Tagalo-Castellano-Cántabro (vasco), de Fr. Melchor de Oyanguren, no publicado y perdido. El siguiente diccionario conocido es el de Joannes de Etcheberry, era cuatrilingüe: vasco, latín, francés y castellano. No se publicó y se perdió. Lo consultó el P. Larramendi. Existe un diccionario inédito de esta época, manuscrito, que pudiera identificarse con el anterior, pero Urquijo lo pone en duda. En 1675, el P. Domingo Bidegaray pidió ayuda a los Estados de Navarra para la publicación de un diccionario vasco que tenía compuesto; era trilingüe: vasco, francés y latín. Habiendo recibido una respuesta negativa, Bidegaray añadió además la versión castellana, ya que al dedicarse para la educación de los navarros franceses convenía incluir también esta lengua. En 1676 volvió a insistir ante las autoridades navarras obteniendo respuesta afirmativa con la calificación de muy ventajosa y útil para el Reino. Tres años después murió el autor y quedó todo en nada, el diccionario, sin publicar, y el manuscrito perdido durante la revolución francesa. Hacia 1774 un socio de la Compañía Económica Bascongada, José María de Azpitarte, compuso un diccionario que se conserva inédito en los archivos de Loyola, aunque Aizquibel se sirviera de él para el suyo. El primer intento importante de diccionario euskérico es, sin duda, el del P. Manuel de Larramendi, el Diccionario Trilingüe del Castellano, Bascuence y Latín, en dos tomos, impreso en San Sebastián, en 1745. Está ordenado en forma castellano-vasco tomando como guión el de la Academia Española. Es una obra ingente, no sólo de recogida de léxico popular sino incluso de verdaderos neologismos, obra suya. Es el primer intento purista y el primer intento de elevar la lengua vasca a la categoría de lengua culta. La inclusión de voces no se detiene ante las fronteras del dialecto guipuzcoano sino que incluye voces de todos como en un intento tempranero de unificación idiomática. Entrado ya el siglo XIX, hacia 1826, el profesor de la Universidad de Toulouse, Fleury Lécluse, compuso un diccionario vasco que desgraciadamente no se publicó nunca y, además, se perdió definitivamente. Un autor de nota, Martín Hiribarren, el autor del poema Escaldunac (1853), también compuso un diccionario euskérico siguiendo en gran parte a Larramendi. Lhande lo utilizó para hacer el suyo estimando que consultado con las debidas precauciones (a causa de los neologismos) es obra muy útil. La importancia de los diccionarios euskéricos va en aumento. Ahora es Maurice Harriet, laburdino, quien elabora un gran diccionario cuando deja de ejercer el cargo de rector de San Luis de los Franceses, en Madrid (1878). Treinta años le cuesta el titánico esfuerzo. El manuscrito se guarda, inédito, en el Seminario de Ustaritz. Pierre Lhande ha dicho de esta singular obra: "Es, sin duda, el más importante de los diccionarios vascos, después del de Azkue. En primer lugar, es plenamente objetivo y de los más seguros. No se encuentra en él un solo término inventado por el autor. Los neologismos fabricados por Larramendi, figuran bajo la frágil fianza de su fabricante. El origen románico de muchas palabras se halla indicado, sobre todo cuando vienen del castellano y del francés, sin que estas palabras sean por esto rechazadas. Los ejemplos están maravillosamente entresacados de un pequeño número de autores. Se indican también los sinónimos principales. Las etimologías son generalmente discretas". Este manuscrito, de 3.356 páginas, ha sido utilizado por el propio Lhande. Otro gran escritor euskérico había de emprender la misma tarea antes de 1856, y es el famoso capitán de aduanas, Dovoisín, que deja su puesto administrativo para dedicarse al euskera, a las órdenes del príncipe Bonaparte. El Diccionario que preparaba quedó inédito y posiblemente incompleto, ya que emprendió por encargo del príncipe la traducción de la Biblia que le había de llevar muchos años. En 1870 aparece el Diccionario francés-vasco, de L. M. H. Fabre, que Bonaparte no lo tuvo en mucha estima, y en 1873, el Dictionnaire basque-français, del holandes Van Eys. En esta aventura de los diccionarios cabe una concepción nueva a Fr. Pedro Antonio de Añibarro, ya que sus Voces vascongadas diferenciales de Vizcaya, Guipúzcoa y Navarra, constituyen un nuevo tipo de obra al consignar en ella la indicación dialectal de cada palabra y recoger voces que no figuran en sus predecesores. El original se ha guardado siempre en el convento franciscano de Zarauz. Otro manuscrito debió de existir en poder de Azkue, regalado por el cura de Ochandiano, y se cree sea del P. Zabala. Poco después de morir D. Pedro Novia de Salcedo (1865) se descubrió entre sus papeles un Diccionario Etimológico del Idioma Bascongado que luego publicó en Tolosa D. Eusebio López en 1887. Artiñano dice de este diccionario: "La obra del Sr. Novia de Salcedo puede calificarse del Larramendi puesto en orden alfabético bascongado, habiéndole agregado muchas voces que en aquél no aparecen, y siendo original del Sr. Novia de Salcedo la parte analítica de las palabras, así como todas las explicaciones y referencias de que ha revestido la obra". Otro de los diccionarios publicados por la benemérita Editorial de Tolosa es el Diccionario Basco-Español titulado Euskeratik Erderara biurtzeko iztegia (1885). Se basó el gran Aizkibel, su autor, en el Larramendi pero adoptando una nueva ortografía por la cual introducía la k en lugar de c y qu, la z en lugar de ce y la g suave, tal como se escribe en la actualidad el euskara. Apenas estrenado el siglo XX, tienen lugar dos acontecimientos en la historia lexical vasca: la aparición de los diccionarios de Azkue (vasco-español-francés, 1905-1906) y el de Lhande (français basque, 1926). El de Azkue, titulado Diccionario Vasco-Español-Francés, es un verdadero monumento a la lengua vasca, de proporciones desconocidas hasta entonces, metódico, objetivo, con indicaciones dialectales y subdialectales y redactado en las tres lenguas. Es una obra titánica, magistral, exhaustiva, perfecta en lo que puede ser la obra de un hombre. Más parece la labor de una Academia o de un gran equipo que obra individual. Es tan rica que continúa siendo y será, sin duda, base de todo estudio euskérico, sea léxico, gramatical o semántico. La obra de Pierre Lhande, el Dictionnaire Basque français, se dedica más bien a los dialectos laburdino, bajo-navarro y suletino. Colaboraron con Lhande, dando cima a la obra, los euskeristas Aranart y Lafitte. Ofrece la particularidad de presentar el léxico en forma de familias de palabras a partir de la primitiva y seguir a continuación las derivadas. Es, por lo demás, un diccionario excelente, con ortografía más moderna que el Azkue, más organizado terminológicamente (incluye, a veces, gráficos) pero dependiente del de Azkue y los diccionarios precedentes. Posteriormente han surgido los diccionarios manuales, como uno de Azkue y otro de López Mendizábal, ambos vasco-castellano, y uno del P. Vera, castellano-vasco, que han tenido sucesivas ediciones populares. Y para terminar habría que citar dos diccionarios Castellano-Vasco, el de Auñamendi, en curso de publicación, y el del P. Plácido Mújica, publicado en un solo volumen y con dos ediciones. En el de Auñamendi se definen las palabras, se dan las versiones con indicación dialectal, se avaloran con ejemplos pertinentes y se recoge fraseología, refranes y sentencias. Lo dirige D. Bernardo Estornés Lasa y lo redacta D. Ignacio Goicoetxea. Se separan cuidadosamente las diversas acepciones. El del P. Plácido Mújica suprime la letra h aun en casos en que se corresponde a un sonido aspirado. En el de Auñamendi se respeta la h ahí donde se pronuncia. El de Plácido Mújica agrupa los sentidos de cada palabra con mucha libertad. Entre los demás diccionarios caben citarse, el de Arbelaiz de voces comunes o casi comunes a los grandes dialectos, y otros, más o menos abreviados y de uso popular, como las segundas ediciones que ha hecho Auñamendi de los ya clásicos de López Mendizabal y del P. Vera, y otros nuevos, los de Français-basque, de Tournier, y el de Fenaille Mispiratzeguy; el basque-français y viceversa, en dos tomos, realizado por un equipo de trabajo denominado "Haize Garbia", bajo la dirección de Mlle. Minaberry (1972); Hiztegi Tipia, de G. Aresti ( 1973); y el Diccionario "Ikas", castellano-euskera, y viceversa, de la Academia Montiano ( 1972). Hay alguno más y sobre todo, existen publicadas importantes terminologías especiales, biológicas, tecnológicas, jurídicas, bien impresas, bien en curso de publicación, bien inéditas. Ref. Villasante, P. Luis de: Historia de la Literatura vasca, Bilbao, 1961; Bilbao, J.: Eusko-Bibliographia. "Enciclopedia General Ilustrada del País Vasco".

Bernardo ESTORNÉS LASA

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