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ESTADOS UNIDOS DE AMÉRICA. PELOTA VASCA EN LOS ESTADOS UNIDOS


Es imposible escribir la historia de la pelota vasca en los Estados Unidos sin un extensivo tratamiento de la historia de las pensiones vascas, las cuales se convertirían en hoteles. Ambas eran inseparables. Estos hoteles se establecían en cualquier lugar en el que hubiera concentración de vascos, lo mismo temporal que permanentemente: en grandes ciudades como Los Angeles y San Francisco, en comunidades dedicadas a la cría de ovejas o a trabajar en los ranchos, como Mountain Home (Idaho) o Elko (Nevada) e incluso en lugares predominantemente de paso como Salt Lake City (Uta) o Nueva York.

Quizás el más conocido de todos estos hoteles fuera la Casa Vizcaína de Valentín Aguirre, en Nueva York. El inmigrante vasco encontraba un refugio en el que podía degustar comida familiar y sentarse a charlar con gente que hablaba su misma lengua y podría ayudarle. Y para este viaje al lugar de destino, Aguirre les compraba los billetes, daba instrucciones acerca de transbordos y paradas y les proveía la dirección de un hotel vasco en la ciudad de destino. Muchos de ellos salieron del hotel de Aguirre y montaron en el tren con el papel de información pegado a su solapa.

Y de este modo, el hotel vasco se convirtió en una institución para la población vasco-americana. Cuando el inmigrante trabajaba en la industria ovejera, con sus temporadas alta y baja, era probable que pasara su tiempo libre en uno de estos hoteles vascos de alrededores. En caso de despido, en el hotel podían conseguirle información sobre nuevos empleos. En caso de enfermedad o accidente, recuperaba fuerzas igualmente en el mismo. Con toda probabilidad, el encargado del hotel o su mujer, casi siempre miembros de la primera generación de vascos, con conocimiento del inglés, acompañarían al inmigrante como traductores a la consulta del doctor.

De igual manera, se encargaban de asesorarle en la apertura de una cuenta en el banco o en el envío de dinero a Europa. Asimismo, ayudaban al recién venidos en asuntos relativos a la inmigración o en la firma de documentos legales. También guardaban sus pertenencias cuando pastoreaba con ovejas en las montañas o en sus prolongadas visitas a Europa; éstas a veces, solían durar años. Las pensiones también se utilizaban por las familias de los pastores; muchas esposas y niños, permanecían en estas pensiones, pues facilitaba la asistencia de los niños a la escuela.

La distribución demográfica de la población vasca en el oeste americano estuvo dominada siempre de manera abrumadora por hombres solteros. Los hoteles vascos empleaban sirvientas procedentes del País Vasco y pocas permanecían solteras durante largo tiempo.

La recepción con motivo de la boda se llevaba a cabo en el propio hotel y asimismo los recién casados pasaban su luna de miel en algún hotel vasco de otra ciudad. Para los más mayores, retirados y solteros, los que nunca se asentaron convenientemente en el Nuevo Mundo y que no deseaban regresar al País Vasco, el hotel sirvió de residencia de ancianos.

El hotel vasco se convirtió en el centro sociocultural de la población vasca en el oeste americano. Algunos de ellos tenían incluso frontón para jugar a la pelota. Éste facilitaba a los jóvenes vascos que vivían en el hotel, o en las localidades cercanas, una forma de recreo que utilizaban para liberar energías. La pelota a mano era un modo de poner a prueba la fuerza, agilidad y habilidad de cada uno enfrentado a sus compatriotas emigrados.

Los partidos solían jugarse espontáneamente y por pura diversión, o también en complicados torneos, en los que los mejores jugadores de las comunidades vascas jugaban entre sí. En ambos casos las apuestas estaban a la orden del día. El negocio de los hoteles vascos era altamente competitivo y solía haber tres o cuatro hoteles disputándose la misma clientela. En consecuencia, la disponibilidad de un frontón era una cierta ventaja para el interés del negocio hotelero. No era posible conocer con exactitud cuántos hoteles disponían de frontón, ni de qué tipo fueron éstos. Haciendo un cálculo, la mitad o los dos tercios de los "Ostatuak" (pensiones) construyeron con toda probabilidad un frontón. Pocos de ellos eran lo suficientemente grandes como para practicar la cesta punta.

Ver ESTADOS UNIDOS DE AMÉRICA (Voz índice).

Gloria Pilar Totoricagüena Egurrola


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