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Bonifacio de Echegaray Corta


Hombre de leyes y escritor, nació en Zumaia en 1878 y murió en Durango en 1956.

Era el hermano menor del cronista de las "Provincias Vascongadas" don Carmelo de Echegaray, que se comportó con él, dada la diferencia de edad, como un verdadero padre, facilitándole el acceso a la Universidad, que para él estuvo siempre cerrada. Muerto en 1880 el padre, que ocupaba en Zumaia un puesto modesto dentro de la Marina de la Armada, la juventud de Bonifacio transcurrió fundamentalmente en Donostia-San Sebastián, donde su hermano Carmelo fue a ocupar un puesto relevante en la Secretaría de la Diputación de Gipuzkoa. Cursó la carrera de Derecho con toda brillantez, ganando a las primeras unas oposiciones al secretariado judicial. Esta circunstancia le permitió ascender a los primeros puestos del escalafón, cuando aún era relativamente joven, pasando primero a ocupar una secretaria de la Sala de lo Criminal en el Tribunal Supremo y de allí a una de las Salas de lo Civil.

Empezó a escribir desde muy joven, datando sus primeras colaboraciones en Euskal Erria, poesías euskéricas en tono ingenuo, de 1893-1896. Durante estos primeros años alternó sus colaboraciones poéticas en Euskal Erria y Euskalzale con ensayos en castellano, también de tono ingenuo, que aparecieron en diarios como El Noticiero Bilbaíno, La Voz de Guipúzcoa y Novedades. De esta primera época data también su colaboración en la Biblioteca Bascongada de Fermín Herrán, una colección de cuentos y descripciones que aparecieron en el vol. 45 de la misma bajo el titulo de Cuadros (Bilbao 1900), así como también su esbozo de novela Aquí fue la Arcadia, de la que más tarde ofrecerá unos avances en Euskalerriaren alde (4 [1914] 687-698, 722-729; 7 [1917] 10-25, 60-65, 85-97).

En los años siguientes, hasta que se entra en los veinte, la actividad de Bonifacio Echegaray se centró en las tareas derivadas de su profesión de hombre de leyes, siendo ésta, quizá, la razón que explique lo escaso de su producción por esos años. Esta se redujo a unas cuantas colaboraciones de rango menor en algunas revistas, como Euskalerriaren alde y en el Boletín de la Comisión del Mapa Geológico de España (Madrid). Pero cabe pensar, asimismo, que estos años de silencio relativo significan una etapa de estudios e investigaciones llevadas en profundidad en la carrera de un hombre que se había de destapar con una serie de trabajos fundamentales a partir de los años veinte.

Se inicia esta nueva etapa con algunas conferencias en euskera y castellano, en las que la seriedad inflexible del jurista e historiador en una pieza se funde con una sentida preocupación por la suerte de la cultura autóctona vasca. Citaremos, a este respecto, "Euskaldunak, euskeraz" (Itzaldiak [San Sebastián] 1 [1920] 57-86); "El hogar, alma del pueblo vasco" (resumen de la conferencia, en Hermes 5 [1921] 158 ss.); El proceso de la Zamacolada. Conferencia (Bilbao 1920, 63 pp.), y otra conferencia relativa al mismo tema: Aspectos jurídicos de la Zamacolada. Régimen y gobierno del Puerto de la Paz (Bilbao, 1921, 35 pp.). En 1923 dio a las prensas en San Sebastián un trabajo de mayor empeño: La vida civil y mercantil de los vascos a través de sus instituciones jurídicas. Dos años después publicaba, asimismo, en San Sebastián, otro trabajo de gran interés: Significación jurídica de algunos ritos funerarios del País Vasco (66 pp.), alternando estas manifestaciones de mayor rango con numerosas colaboraciones y conferencias, sobre temática jurídico-histórica en lo fundamental. Recogemos a este respecto su "Estudio jurídico de los contratos entre copropietarios, patronos, tripulantes y fogoneros", en Asamblea de Pesca Marítima Vasca (San Sebastián, 1925, páginas 441-448); "Algunas voces vascas usadas en el Fuero General de Navarra", en Euskera (8 [1927] 43-65), y la conferencia "Algunos aspectos relacionados con la patria y apellido de San Martín de la Ascensión" en Conferencias sobre San Martín de la Ascensión por L. Pérez y B. de Echegaray, Bergara (1928). A estas alturas nuestro biografiado gozaba de excelente reputación, no sólo como jurista de máxima autoridad en todo lo referente al Derecho Foral Vasco, sino también como admirable conocedor del idioma vernáculo, lo que movió a la Academia de la Lengua Vasca a admitirlo entre sus miembros de número. En la ceremonia de admisión su conferencia versó sobre Euskal Erriko etxen izenak (en Zumaya'ko udal-etxean. Etxegaraitar Bonifazio jaunaren euskaltzain- sarreran irakurri ziran itzaldiak, Bilbao, 1927). Asimismo, su bien granjeada fama de historiador hizo que los responsables de la Enciclopedia Universal Espasa lo encargasen de la redacción de la reseña histórica sobre el País Vasco en el artículo "Vasconia" (Madrid, 1929, t. 67, 148-169). La fama de que llegó a gozar como historiador B. de Echegaray hizo, en fin, que algunos pensasen en él para que redactase una historia oficial del País Vasco, que había de autorizar la Sociedad de Estudios Vascos; expresión de sus inquietudes en este sentido viene a ser su escrito "La preparación de una Historia del País Vasco" (en Eusko Ikaskuntzaren Deya 14 [1932] 15-18).

En los años inmediatamente anteriores a la guerra civil española registramos varias colaboraciones de Bonifacio de Echegaray en diversas revistas, expresión -algunas de ellas- de las lacerantes cuestiones que agitaron aquellos años cruciales. Dejando a un lado algunas sobre temas relacionados con el Derecho Foral, recogemos aquí otras que traducen las preocupaciones del autor por cuestiones relacionadas íntimamente con la vida del pueblo vasco: así, la Moción sobre el Apéndice Civil del Código Civil, presentado por el representante de la Sección de Derechos Vascos en la Junta permanente de la Sociedad [de Estudios Vascos] y aprobada por ésta en su sesión de 8 de setiembre de 1930 (San Sebastián, 1930); su "Proyecto de creación de un Instituto de Derecho Vasco", en Eusko Ikaskuntzaren Deya, 14 (1932) 19 s; "La pérdida del euzkera en Navarra", en Vida vasca, 10 (1933) 111; "Los supuestos precedentes de los vocablos 'Euzkadi' y 'Euskaria'", en Revista Internacional de los Estudios Vascos, 25 (1934) 128-130, y "Vehículo lingüístico utilizado para la enseñanza en el País Vasco", que, escrito para Yakintza en 1924, volvió a figurar en Lucha de Idiomas en Euzkadi y en Europa (Donostia 1935). En 1933 vio, asimismo, la luz un excelente trabajo sobre La vecindad. Relaciones que engendra en el País Vasco (San Sebastián).

Como secretario de Sala del Tribunal Supremo, en el 1932 fue designado por la Comisión de Ayuntamientos del País Vasco para formar parte de la Comisión que había de elaborar el Estatuto Vasco de Autonomía y que estaba constituida por diez miembros: cuatro miembros por las Comisiones Gestoras de las Diputaciones vascongadas y navarra; tres designados por la Comisión de Ayuntamientos; y tres por el PSOE. Tras el obligado paréntesis impuesto por la guerra civil, registramos su colaboración "Vascos" y "Vascongados" en la revista bordelesa Bulletin Hispanique, 45 (1943) 105-116, a la que seguirían otras de temática histórica en la misma revista y en el Boletín de la Real Sociedad Bascongada de Amigos del País (1952-1953). De este tiempo datan, asimismo, su Derecho Foral Privado (San Sebastián, 1950, pp. 110) y Los ritos funerarios en el Derecho consuetudinario de Navarra (Pamplona, 1951, 49 pp.).

Sin ser, ni mucho menos, exhaustiva la relación que hemos hecho de la obra impresa de Bonifacio de Echegaray, habría que aludir todavía a toda una serie de trabajos que dejó a su muerte en avanzado estado de elaboración, trabajos que le impidieron dar a las prensas su método de producción literaria, consistente en la lentitud reflexiva y en el despojo exhaustivo de las fuentes de las que tenía noticia. Por su relación con la historia del país vamos a mentar, en este orden de cosas, la serie de papeletas que recogió sobre la jerga de los canteros de Galicia y otros lugares, "jerga matizada de aportaciones lingüísticas vascas que dan no poco que pensar sobre el origen de estas trasvasaciones" (F. Arocena, art. cit. infra). La muerte lo sorprendería prácticamente con la pluma en las manos, datando de 1956 su colaboración en el Libro-Homenaje a Tolosa, con el título "Eficacia de la Carta-Puebla de 13 de septiembre de 1256".

Luis Fernández Larrañaga


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