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Batalla de Poitiers


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Batalla librada en el año 732 junto a esta ciudad francesa del Poitou, departamento moderno de Vienne, entre las tropas musulmanas del general Abd Al- Rahman y el caudillo franco Carlos Martel.

La victoria cristiana, supuso el fin de las ambiciones transpirenaicas de los árabes. Un gran ejército, preparado desde hacía tiempo con toda minuciosidad, comenzó a moverse desde las márgenes del Ebro donde se había concentrado bajo la jefatura de Abd- al-Rahman. Se adentra en Vasconia llegando a Pamplona y pasando el Pirineo por el paso de Roncesvalles, donde la vertiente norte es rápida y conduce precipitadamente a la llanura, indefendible. El ejército musulmán avanza seguro, resuelto a realizar una profunda penetración. La superioridad musulmana es manifiesta. La Crónica mozárabe dice que Abd-al-Rahman "vio desaparecer la tierra bajo la muchedumbre de sus guerreros". La avalancha militar musulmana atraviesa Vasconia y llega a las orillas del Garona, en las cercanías de Burdeos, límite entre vascos y aquitanos. Probablemente los vascos se desalientan al verse arrojados de su país y esperan con los aquitanos, al otro lado del río, esperanzados de poder detener la invasión. Pero Abd-al- Rahman, se adelanta y pasa el Garona no dando tiempo a rehacerse a los defensores. Se traba una batalla en la que salen derrotados los vasco-aquitanos. Burdeos, tomada al asalto, es entregada al pillaje y al saqueo asociados al incendio. Isidoro de Beja, contemporáneo de estos sucesos, exclama impresionado, que sólo Dios sabe el número de los que allí perecieron. El derrotado ejército vasco-aquitano se había internado en las llanuras aquitanas buscando refugio en el Loira, en las fronteras con los francos.

Pero Carlos era el enemigo número uno, no sólo de Eudón, sino de la existencia misma de los ducados vasco y aquitano. Ahora, después de la primera satisfacción, al ver derrotado a Eudón, comienza a temer por su propia seguridad. El desastre ha sido mayor de lo esperado. El duque vasco-aquitano pide ayuda desesperada a su enemigo haciéndole ver que también el reino franco, hasta entonces seguro, peligra gravemente. Carlos exige a Eudón el reconocimiento de su soberanía como condición de su ayuda. Este, sin otra salida, acepta la exigencia del caudillo franco. Recibido el juramento de rigor, llama a sus guerreros y a los de los pueblos avasallados en años anteriores, borgoñeses y germanos de ultra-Rin. Unidos ambos ejércitos, rehechos por su gran número y la confianza en sus fuerzas, se encaminan al Loira. La ciudad de Tours con sus riquezas y tesoros era el imán que atraía a los musulmanes. Debían pasar por Poitiers pero se encontraron con que la ciudad había cerrado sus puertas y se defendía valientemente. Fracasado un primer asalto, dejáronla a un lado y se encaminaron hacia Tours, con objeto de saquear su célebre Abadía donde esperaban encontrar tesoros fabulosos. Una voz de alerta corre de pronto por las filas árabes. Los exploradores traen la noticia de que un inmenso ejército cristiano viene del otro lado del Loira dispuesto a la lucha. Abd-al-Rahman, prudente, se repliega ligeramente hacia Poitiers, y concentra sus milicias entretenidas todavía con el botín recogido en días anteriores. Poitiers es todavía Aquitania. Según los cronistas árabes pensó el Emir en mandar quemar el botín para desembarazarse de un estorbo y quedarse sólo con las armas. Para su desgracia nunca se decidió a ello. Casi en el mismo lugar donde Clodoveo venciera antaño a los visigodos, esperó al enemigo, entre Vienne y Clain, en las inmediaciones de Poitiers. Era otoño del año 732 cuando ambos rivales se enfrentan, plantando sus campamentos, sin decidirse a iniciar la lucha ninguno de ellos. Cristianos y musulmanes despliegan sus fuerzas haciendo alarde de su poder para replegarse nuevamente a sus tiendas sin provocar la lucha. Una semana entera dura este estado de cosas. Juiciosamente anota Guizot que la lucha que estaba a punto de empeñarse, era la lucha de oriente contra occidente, del mediodía contra el norte, del Asia contra Europa, del Evangelio contra el Corán. De ella, aunque los caudillos rivales lo ignoraran, dependía el futuro de la civilización europea. "Sin embargo tenían un grave presentimiento de la grandeza de su empresa, y se observaban mutuamente con esa grave curiosidad que precede siempre a un terrible encuentro entre guerreros esforzados". Por fin, en la mañana del séptimo u octavo día, Abd-al-Rahman, a la cabeza de su caballería, ordenó el asalto general. Los cristianos esperan a pie, alineados en apretadas filas. Protegen sus cuerpos con mallas y escudos y presentan sus lanzas, según noticias de la época, "inmóviles cual un muro de hierro, semejantes a un recinto de hielo". Se produce el choque; el muro humano no cede al asalto. Repítense los asaltos de la caballería contra el ejército cristiano. Se traba un combate feroz y desigual en el modo de combatir y por lo elementos empleados. La lucha entra en su momento más crítico, cuando Eudón y los vasco-aquitanos, después de un disimulado rodeo, logran entrar en el campamento árabe incendiándolo.

"Eo tempore gens Saracinorum in loco qui Septem dicitur ex Africa transfretantes, universam Hispaniam invaserunt. Deinde post decem annos cum uxoribus et parvulis venientes, Aquitaniam Galliae provinciam, quasi habitaturi ingressi sunt. Carolus siquidem cum Eudone Aquitaniae principe tunc discordiam habebat. Qui tamen in unum se coniungentes, contra eosdem Saracenos pari consilio dimicarunt. Nam irruentes Franci super eos trecenta septuaginta millia Saracenonmt interemerunt. Ex Francorum vero parte milla et quingenti tantum ceciderunt. Eudo quoque cum suis super castra eorum irruens, pari mondo multos interficiens, omnia devastavit." (Paul Diacon, Historia Langobardorum, I. VI, c. 46).

"En aquel tiempo el pueblo de los sarracenos habiendo atravesado el estrecho desde Africa en el lugar que se llama "Septem" (Ceuta), invadieron toda España. Después, a los diez años, viniendo con sus mujeres e hijos, entraron en Aquitania, provincia de la Galia, con intención de establecerse en ella. Carlos estaba entonces en discordia con Eudón, principe de Aquitania. Ambos, sin embargo, uniéndose, lucharon contra los mismos Sarracenos con igual plan. Y atacando los Francos contra ellos mataron a trescientos setenta mil Sarracenos. Por parte de los Francos solameme cayeron mil quinientos. Eudón también irrumpió con los suyos contra el campamento de ellos, mató de igual modo a muchos y devastó todas las cosas."

A la vista de este inesperado acontecimiento vuelven los árabes hacia atrás creyéndose atacados por la espalda o que les roban el botín, allí acumulado. Entonces el desorden cunde en todo el inmenso ejército, trabado en combate, degenerando la lucha en una confusa batalla en la que aparecen revueltos los guerreros enemigos. Poco a poco va cayendo la noche sobre la llanada de Poitiers. Cristianos y musulmanes recogen sus hombres a sus campamentos respectivos. Nadie sabe el resultado de tan titánico esfuerzo. Por todas partes se oye el clamor de los moribundos. Junto a ellos agonizan también los caballos mortalmente heridos. Algunos guerreros, desafiando el peligro, retiran a los heridos hacia sus campamentos respectivos. Aquella terrible noche de 732, transcurre larga y en estado de alerta. A la madrugada, vascos, aquitanos y francos espían el campamento árabe en el que reina el más absoluto silencio. Nadie entra ni sale de sus tiendas. Ante esta extraña actitud van acercándose los cristianos hasta cerciorarse de que estaban vacías y abandonadas. El gran ejército había huido aprovechando la obscuridad nocturna para ganar tiempo y alcanzar las fronteras de la Hispania musulmana. Ahí mismo está abandonado, en parte, lo más embarazoso del famoso botín de Burdeos y de otras ciudades. Parece ser que un grupo buscó refugio en la Septimania por el camino de Tolosa y otros por el mismo camino de venida y puertos cercanos. La línea del Ebro o su frontera, por la parte de Jaca, era la más cercana. El país lo encontraban, a su paso, desierto.

Versión del Chronicon Moissiacense:

"732. Abderaman Rex Spaniae curo exercitu magno Sarracenorum per Pampelonam et montes Pirineos transiens, Burdigalem civitatem obsidet. Tum Eudo Princeps Aquitaniae, collecto exercitu, obviam eis exiit in praelium super Garonna fluvium. Sed inito praelio Sarraceni victores existunt. Eudo vero fugiens maximam partem exercitus sui perdidit: et it a demum Sarraceni Aquitaniam depraedare coeperunt. Eudo vero ad Karolum Francorum Principem veniens, postulavit ei auxilium. Tunc Karolus, collecto magno exercitu, exiit eis obviam; et inito praelio, in suburbio Pictavensi debellati sunt Sarraceni a Francis: ibique Rex Abderaman cecidit cum exercito suo in praelium et qui remanserunt ex eis, per fugam reversi sunt in Spania. Karolus vero, spolia accepta, cum triumpho magno gloriae reversus est in Francia." [Chronicon Moissiacense, Anno DCCXXXII].

"El año 732 Abderramán, rey de Hispania, atravesó Pamplona y los montes Pirineos con un poderoso ejército de Sarracenos y pone cerco a la ciudad de Burdeos. En ésta Eudón, príncipe de Aquitania, habiendo reunido un ejército, les salió al paso, más allá del río Garona, dispuesto a presentarles batalla. Sin embargo, entablado el combate, los Sarracenos resultan vencedores, y Eudón, que consiguió huir, perdió la mayor parte de sus contingentes: y de esta manera, en fin, empezaron los Sarracenos a saquear la Aquitania. Pero llegándose Eudón a donde Carlos, príncipe de los Francos, solicitó su ayuda. Entonces Carlos, habiendo reunido un poderoso ejército, salióles al paso, y, medidas sus armas, fueron derrotados los Sarracenos por los Francos en los arrabales de Poitiers. Allí en la refriega cayó el rey Abderramán con su ejército, y los supervivientes volvieron huyendo a Hispania. Carlos, por su parte, una vez recogidos los despojos, volvió a Francia con gran clamor de triunfo."

Versión de Isidoro de Beja:

Tunc Abderraman multitudine sui exercitus repletam prospicens terrero, montana Vacceorum dissecans, et fretosa ut plana praecalcans, terras Francorum intus experditat, atque eas penetrando gladio verberat, ut praelio ab Eudone ultra fluvius nomine Garonam vel Dordoniam praeparato, et in fugam dilapso, solus Deus inmeroorum morientium vel percutium recognoscat. Tunc Abderraman, suprafatum Eudomem Ducero insequens, dum Turonensem ecclesiam, palatia diruendo et ecclesias ustulando depraedari desiderat, cum Consule Franciae interioris Austriae nomine Carolo, viro ab ineunte ae tate belligero et rei militaris experto, ab Eudone proemonito, sese confrontat...[Isidoro de Beja, Cron. Pacense].

Contemplando entonces Abderramán cubierta la tierra por la multitud de su ejército, cortando por en medio las montañas de los Vacceos y hollando tanto lo abrupto como lo llano, asola interiormente las tierras de los Francos y, adentrándose por ellas, de tal modo las castigo, que, habiéndole Eudón presentado batalla más allá del río llamado Garona o Dordoña y siendo desbaratado y obligado a la fuga, sólo Dios conoce el número de los muertos o heridos. Siguiéndole entonces Abderramán los pasos al referido duque Eudón, cuando trata de saquear la Iglesia de Tours, destruyendo sus palacios y quemando sus iglesias, se enfrenta con el cónsul de la Francia interior, de Austria [Austrasia], llamado Carlos, varón avezado a las armas desde temprana edad y entendiendo en el arte militar, el cual había sido avisado por Eudón...

Después de la gran batalla de Poitiers, cada cual volvió a su patria respectiva, como dice el cronista:

...in suas se laeti recipiunt patrias. (Chron. Mozarabe de 754, D. Bouquet., p. 721) [...se acogen alegres a sus patrias respectivas.]

Por lo tanto, Carlos, el llamado Martel desde ahora, vuelve también de Poitiers, que era Aquitania, a su patria, a Francia: "...reversus est in Francia. (Moissiacense)...victor Franciani rediit. (Chron. de Adhemar, D. Bouquet, II, p. 574)" [...volvió triunfante a Francia.]

Con este golpe al poderío musulmán se detiene su marcha sobre Europa a costa de dejar a Vasconia maltrecha y destruida y a su aliada Aquitania ligada por el vínculo de fidelidad al reino franco. Esta situación, como era de esperar, dura muy poco. Eudón recobra inmediatamente su total soberanía.

Versión del Arzobispo don Rodrigo:

"Abderramen autem, laetus victoria, elatus potentia, ratus est Francorum patrias devastare. Cumque amnes Garonae et Dordoniae pertransisset, Eudonem, de quo diximus, invenit ad proelium praeparatum: sed infelicitate praeterita comitatus, in fugam dilabitur fugitivus; et tot ibi de eius exercitu ceciderunt, quod eius numerus humanae scientiae occultatur. Sed cum Deus concluserit ostiis mare, et ei dixerit, hucusque venies, et undas fluctuum hic confringes, Abderramen non à Deo, sed à sua potentia aestimans provenire, proposuit interiorem Galliam penetrare; et Eudonem ducem persequi non desistens, per Petragoniam, et Sanctoniam, et Pictaviam civitates, oppida, et Ecclesias devastando, et igne continuo consumendo, et Turonis civitatem, Ecclesiam, et palatia vastatione et incendio simili diruit, et consumpsit. Eudo autem, de quo diximus, ad Consulem Franciae et Germaniae, nomine Carolum, virum belligerum, et rei militaris expertum, fugit, infelicitatis Francorum excidia relaturas. Catolus autem, dictus Martellus Germanos et Gepidas secum ducens, cum Francis qui remanserant, Abderramen se obtulit devastanti. Cumque per septem dies bellis particularibus exercitus sese impeterent, demum dispositis aciebus, generali proelio dimicantes, alternis caedibus se laeserunt: sed gens Autriae, membrorum praeminencia valida, et gens Germana, corde et corpore praestantissima, quasi in ictu oculi, manu ferrea et pectore arduo Arabes extinxerunt, et ipsum gladio peremerunt; sicque nocte proelium dirimente, ad castra sua exercitus redierunt. Mane autem diluculo apparente, viderunt Germani Arabum tentoria, ut heri fuerant ordinata, et putavenmt Arabes velle proelium restaurare; et cum exploratorum officio vacua percepissent, iverunt ad spolia et manubia dividendu: et verentes, ne Arabes forte in stratis vel semitis procurarent, Germani et Franci in patrias redierunt. Arabes autem qui evaserant, per compendia ad Galliam Gothicam sunt reversi. (Roder Tolet, Hist. Arab., XIV)."

"Abderramén, gozoso de la victoria y engreído en su poderío, determinó devastar el país de los Francos. Y habiendo atravesado los ríos Garona y Dordoña, se encontró con Eudón, del que hablamos ya, quien le salió al paso, dispuesto a presentarle batalla. Pero, acompañándole la mala estrella pasada, fue obligado éste a ponerse en fuga; y fueron tantos los que cayeron de sus tropas, que su número se oculta a la ciencia humana. Pero, siendo así que Dios impuso límites al mar, diciéndole "hasta aquí llegarás, y aquí abatirás las crestas de tus olas", Abderramán, creyendo que su poderío provenía de sí mismo y no de Dios, se propuso penetrar por el interior de la Galia; y sin cejar en la persecución del duque Eudón, pasando por Petragonia, Sanctonia y Pictavia, mientras devastaba ciudades, recintos amurallados e iglesias, entregándolos sin cesar a las llamas, devastó y entregó de igual manera a las llamas la ciudad, iglesia y palacios de Tours, abatiéndolo todo. Pero el referido Eudón huyó a donde el cónsul de Francia y de Germania, de nombre Carlos, hombre belicoso y ducho en achaques de armas, con el objeto de ponerlo al tanto de las desdichas que habían caído sobre los Francos. Carlos, de sobrenombre Martel, trayéndose consigo a los Germanos y Gepidas y echando mano de los Francos que habían quedado, salió al encuentro de Abderramén, que proseguía su obra devastadora. Y habiéndose probado en escaramuzas por siete días consecutivos ambos ejércitos, habiendo desplegado al cabo sus efectivos, se enzarzaron en una gran batalla campal, causándose bajas por un lado y otro. Pero la gente de Austria [Austrasia], que descollaba por su corpulencia y los Germanos, sobresalientes por su intrepidez y su vigor corporal, abatieron como en un abrir y cerrar de ojos con mano de hierro y pecho vigoroso a los Arabes, y a é1 lo hirieron con la espada; y cesando la batalla al caer la noche, ambos ejércitos se retiraron a sus campamentos. Al despuntar a la mañana siguiente la aurora, vieron los Germanos las tiendas de los Arabes dispuestas como el día anterior, y creyeron que los Arabes querían reanudar el combare; y cuando por los exploradores se enteraron de que las tiendas se hallaban vacías, corrieron a repartirse los despojos y el botín: y temiendo que los Arabes estuviesen acaso preparándoles alguna acechanza en los caminos empedrados a en las veredas, los Germanos y los Francos se volvieron a sus tierras. Por su parte, los Arabes que se habían salvado se volvieron por atajos a la Galia Gótica."

Se sabe realmente muy poco de lo ocurrido en el campamento musulmán después de la batalla de Poitiers. Los mismos cristianos ignoraban que los árabes se hubieran retirado de sus campamentos para intentar llegar a la Hispania musulmana. Ni siquiera está comprobado que muriera Abd al Rahaman el Gafeki en la propia batalla. Lo que se sabe es que murió y que no llegó a salvo a su tierra. Si damos crédito a varios biógrafos e historiadores como Labbe, los Bolandos y Mabillón, por ejemplo, el ejército musulmán se retiró a través de la Aquitania cometiendo toda clase de tropelías, incendio de monasterios y destrucción de lugares sagrados. Una de las biografías que testimonian de estas masacres e incendios es la de San Pardulfo, protector de la villa de Guéret. Se aducen como pruebas dos textos latinos de los siglos X y XII y el Oficio de San Pardulfo. En esta biografía, después de hablar de la propia batalla de Poitiers, se dice que un cierto número de ismailitas se dio a la fuga matando en el camino a todo cristiano que estuviera a su alcance. Que se aproximaban rápidamente al monasterio de Pardulfo y cómo los religiosos huyeron, salvo el santo, que se había quedado en el exterior del convento esperando al enemigo y que éste al verle se desvió de su camino, sorprendido de la entereza del santo que oraba a la vista de todos. Estos restos del ejército debieron pasar, indudablemente, por el Poitou y Limousin, Périgord, Quercy y, en fin, Tolosa. Depende que quisieran llegar a la Septimania o atravesar el Pirineo por los puertos más bajos, para llegar a las orillas del Aragón. Reinaud nos dice en su obra Invasión des Sarrazins en France que los cristianos septentrionales de Hispania habían tomado las armas al saberse la derrota de los sarracenos y que un autor árabe habla de una expedición franca que llega a Pamplona y a Gerona. Sea lo que fuere, las tradiciones roncalesas, apoyadas en un diploma de Sancho el Mayor, nos hablan de Abdurramen, rey de Córdoba, muerto en el desfiladero de Olast, cerca de Leire, cuando los musulmanes se retiraban desde Tolosa aquitana. Y, de ahí, el escudo de armas roncalés con una cabeza de moro y el nombre Advrramen grabado en el mismo.


Bernardo Estornés Lasa


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