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Colombia


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Presencia numérica

Esa entrega biológica y cultural vasca a Colombia puede medirse en su aspecto masivo, demográfico, estadístico, a través del universo de apellidos de origen vasco que existen en esta República. Es cierto que la sola referencia al apellido tiene limitaciones si de lo que se trata es de estudiar los principios de una sociedad compleja y en plena formación como la colombiana. La vecindad, la residencia, el lugar de nacimiento que dan las fuentes documentales, en lo que atañe a los vascos sobre todo, en muchos casos, no pueden servir para localizar la cuna primeriza, racial, étnica. La contratación y el embarque tenían lugar esencialmente en Sevilla, cuya capital monopolizó el enrolamiento hacia América hasta 1529.

Hay un sinnúmero de vascos de apellido, de nacimiento y de origen, avencindados en distintas provincias de España, especialmente en la capital sevillana o en sus pueblos cercanos, a quienes más de un autor los clasifica como sevillanos al referirse a ellos en la historia del descubrimiento y conquista de la Tierra Firme. Vemos esto en los siguientes apellidos vasco-colombianos: Arriaga, Ayala, Esquivel, Guevara y en 32 más que aparecen con orígenes, al tiempo de embarcar, en las primeras décadas del siglo XVI, muy lejanos del País Vasco. Peter Boyd-Bowman, en su Indice Geobiográfico de Cuarenta Mil Pobladores Españoles de América... para los primeros 26 años del descubrimiento, señala una correlación positiva promedia de cerca de 76 % entre el lugar del verdadero origen y el apellido toponímico peninsular.

Esa estrecha relación permite, muy especialmente cuando se trata de la vasconomía u onomástica vasca, seguir, sin temor, el criterio del apellido para apreciar la magnitud de la manifestación vasca en Colombia y resaltar las individualidades vascógenas en el acontecer de su historia. Al ser la correlación general media para todos los peninsulares tan alta como el 76 %, entre los nombres vascos, inconfundibles y eminentemente toponímicos, la correlación tiene que aproximarse al índice máximo de 100. El método adoptado, como hemos dicho, si bien tiene limitaciones -la asignación política del apellido, la fusión de dos apellidos, la alteración, la adopción, el cambio voluntario o por costumbre, y la donación o cesión que tenía lugar en otros siglos si bien tiene esos inconvenientes, muestra, en su conjunto, un traspaso vasco incuestionable, singular, fuerte e influyente sobre el nuevo y resultante biotipo colombiano. En la Historia Extensa de Colombia Juan Friede advierte que las principales procedencias en los siglo XVI y XVII fueron Andalucía, Extremadura y las dos Castillas, abarcando aproximadamente un 75 % de la inmigración de aquel entonces. Este porcentaje del historiador citado está de acuerdo con las observaciones posteriores, las cuales descubren una participación vasca de alrededor del 20 %. Se han clasificado más de 2.500 apellidos vasco-colombianos hoy existentes.

A esa colección habría que agregar muchos otros apellidos, también vascos, que parece se han extinguido o sólo se conservan en segundos lugares. Sabemos de éstos: Aranzazugoitia, Arespacochea, Arguindegui, Axcoeta, D'Elhuyar, Gorbea, Irurita, Ochagavía, Urista, Urretavisqui, Zulaica y 63 más que han recogido los estudios de este tema. El hecho es la vivencia de esas 2.500 ramas trasegadas al territorio colombiano cuando su población total creció de menos de medio millón a dos millones de habitantes. En ese mundo demográfico, pequeño, diez veces menor que el actual, vivió, actuó y se reprodujo el hombre vasco, en múltiples e indistintas vinculaciones con las demás razas y culturas precolombinas y europeas, y sufrió, desde luego, mutaciones impuestas por el medio geográfico, lingüístico, cultural y social. Si el 20 % de los primeros apellidos colombianos paternos actuales es euskérico, fácil resulta concluir que, en una proporción muchísimo mayor, la población de Colombia participa del venero proto-vasco por vía de sus primeros y segundos apellidos paternos y maternos.

La población vasca que pasa a la colonia es, generalmente, masculina y joven. Al principio no vinieron muchas mujeres vascas. Boyd-Bowman registra dos vascas solteras con destino al Darién antes de 1526. Poco después de llegar, los vascos se casan con mujeres criollas. A veces, ocurre eso en las ciudades de destino, en el interior. Otras, en el puerto de Cartagena o de Santa Marta. En algunos matrimonios se advierte, como ley natural, cierto endogenismo. Los advenedizos parece que hubiesen sido enviados con ese propósito. Contraen nupcias con las hijas, ya neogranadinas, de vascos de procedencia próxima. Hay también quienes se casan en Sevilla antes de hacerse a la vela. Muchos viajaban traídos, como en las corrientes inmigratorias modernas, por familiares cercanos. En las primeras expediciones llegaron, en gran número, con oficiales de calafates, nautas, pilotos, carpinteros de ribera, armadores, marineros. Algo más tarde, arribaron con los más disímiles cargos y menesteres de la administración pública y de la actividad privada. También trajeron su idioma. Oviedo nos refiere que los habitantes vascos de la colonia del Darién hablaban entre sí el vasco. Son ellos los que utilizan su lengua para disponer secretamente la elección popular de Martín Zamudio a la primera alcaldía de Tierra Firme.

Francisco de Abrisqueta Iraculis


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