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CEMENTERIO


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Etnología

Reciben los nombres de illerri, ilarieta e ilarguieta (Sara), hilerri (Liguinaga), zimitorio (Oyarzun), kanposantu (Atáun), ortusantu (Cortézubi), etc. Se trata del cementerio común que existe en cada parroquia de pueblo o aldea. En él tiene su tumba cada casa -en Vasconia septentrional- o la tenía antes del s. XIII, como después en la iglesia hasta fines del s. XVIII, época en que en gran parte del país se generalizan los cementerios separados de las iglesias y sin asignación de tumbas propias de las casas de la parroquia como antaño. Para actos rituales, las tumbas fueron sustituidas en las iglesias por pequeñas parcelas asignadas a la casa, las cuales continuaron llamándose sepulturas en unos pueblos y jarleku «asiento» en otros. v. JARLEKU. Que el cementerio se halle alrededor de la iglesia, como todavía lo vemos en los pueblos de Lab., Benab. y Zub., debe de ser costumbre muy antigua. Los sepulcros de Arguineta (Elorrio) y sus estelas, quizá del s. IX, fueron llevados allí, al parecer, de los contornos de varias ermitas vecinas. En Faido, Albaina, Marquínez y Corro existen templos de época visigótica en los que se ven sepulturas en los recintos y en las tierras contiguas. En los cementerios se practican hoy pocos actos de culto, fuera del momento en que tiene lugar el sepelio de algún cadáver. Sólo en los pueblos en que el cementerio ocupa un lugar en torno a la iglesia, es frecuente ver a personas que rezan en las sepulturas de sus respectivas casas. En el aniversario de una defunción los familiares del muerto, los vecinos y los parientes que asisten a la misa en la iglesia parroquial, después van a la sepultura, donde una vecina enciende unas velillas de cera mientras el cura, rodeado de los asistentes a la misa, canta y reza lo que señala el ritual para tales casos (Liguinaga). En muchos pueblos es costumbre que el día de Todos los Santos se reúnan los miembros de cada familia en su casa natal. Luego todos van al cementerio y rezan por sus antepasados en las sepulturas de sus respectivas casas. Lo mismo se hace el día siguiente (Liguinaga). En algunas regiones se conserva aún la costumbre de que los recién casados, después de la misa de casamiento, pasen por las sepulturas de sus casas o de la casa del cónyuge que sea del pueblo, y allí recen por sus antepasados en compañía de todo el cortejo de boda. Es la forma de incorporarse a la casa, a la gran familia de vivos y de muertos. Las sepulturas de muchos cementerios se hallan orientadas de suerte que la cabecera esté en el lado occidental y el pie en el oriental. Lo mismo se observa en los cementerios que rodean a las viejas ermitas del país, según lo hemos visto en Santimamiñe (Cortézubi), en San Miguel de Faido, en San Juan de Marquínez y en Lako de Donazaharre. Es costumbre que ya era conocida por los constructores de los dólmenes. Un nimbo místico envuelve a los cementerios en la apreciación popular y no debe ser profanado. Así, no hay que dar tres vueltas seguidas alrededor de él. v. CASA.-J. M. de B.


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