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Manuel Chiapuso Hualde


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Texto antológico

"Sábado, 1 de agosto de 1936.

-He consultado con González Inestal y con Julio, así como con Barriobero, de tu deseo de correrla con el grupo de Liqui [Liquiniano]. Todos coinciden en que tienes la confianza de los jóvenes y de todos en general. Además, activo y diplomático, cumples a la perfección las cualidades que hacen falta en este puesto y que, no cabe duda, a la luz de los acontecimientos, tendrá mayor importancia. Vamos a un cambio de régimen, hacia una sociedad más perfecta. Por mi parte, creo que en España vamos a construir un modelo original.

Echando una mirada circular a las cuatro paredes de la secretaría le interrumpí:

-Luego... tengo que seguir aquí...

-Serás más eficaz aquí que no corriendo por las calles con un arma.

Le miré fijamente. Su sinceridad saltaba a la vista. Con voz queda acepté:

-De acuerdo.

Hasta nosotros llegaba el bullicio de la calle. Una gran sonrisa iluminaba el rostro de mi interlocutor. Melancólico, con pena sentida.

-¿Qué diría nuestro viejo compañero Zulaica ante esta efervescencia? ¿Recordaría aquella fría mañana de diciembre -1930- que quisimos asaltar el gobierno civil para apoyar el movimiento revolucionario de Jaca...? Éramos un puñado de socialistas, republicanos y sindicalistas. Nos trataron de locos. Fue el comienzo de la serie que nos ha conducido a saber resistir a los ataques de la reacción.

Luego hablamos de la situación.

-En el Frente Popular reina un acuerdo prometedor. Las viejas querellas del partidismo se han desvanecido ante el peligro. Claro, por fuerza, pero contentémonos con el resultado.

Yo le opuse mis temores.

-El ver las orejas al lobo nos vuelve más modestos y menos exigentes. Esperemos que el acuerdo durara. Sólo así seremos fuertes frente al enemigo.

-Tanto más cuanto que debemos combatir en dos frentes: el de la lucha armada y el de la organización social en la provincia. El levantamiento ha desorganizado todo: los transportes, el abastecimiento y los servicios urgentes.

-Hay que dar la prioridad a la lucha armada...

-Claro que sí. El Frente Popular está en contacto permanente con el Estado Mayor. Es más la gran parte de los miembros del Frente Popular están con las armas en la calle.

-¿Y el gobierno central qué dice?

-Hemos podido establecer el contacto con Madrid por radio. Se nos ha felicitado por haber conservado San Sebastián en el regazo de la República.

-¿De la República? De otra más justa por lo menos. Las uvas están todavía muy verdes para hacer una profecía. ¿Que saldría de las ideas entremezcladas en el crisol del Frente Popular actual, activo, dinámico y con el poder en la calle? El pueblo no querrá volver a la misma situación del 16 de julio.

Ruiz me habló de otra decisión interesante:

-Hemos cambiado todo el personal de Radio San Sebastián. Ahora la estación hablará un lenguaje más republicano, digámoslo así. Los fascistas se habían infiltrado. El pachucho Molina personificaba esa tendencia.

El secretario me dio dos espaldarazos antes de marcharse. Esta prueba de confianza y afecto me supo a gloria. Despidiéndose:

-Llámame cada vez que quieras aconsejarte. Deja de lado el aspecto oficial de tu trabajo. A la excepción hay que saber adaptarse.

La jornada del 20 de julio transcurrió defendiéndose los rebeldes en los reductos. Tiraban bien y producían bajas en cuanto se pretendía acercarse. Algunos cadáveres yacían por los alrededores, sobre todo en la calle Oquendo, cerca del hotel María Cristina, y en el boulevard, junto al Gran Casino.

En el barrio de Amara tomamos precauciones para la noche. Doblamos la guardia en las terrazas de los inmuebles. Se rehicieron algunas barricadas. Y patrullas recorrían el llano de Amara hasta la misma entrada de Loyola.

Noche tranquila. Cuando amaneció el día, los rebeldes no intentaron forzar los acontecimientos. Los jefes militares no estaban seguros de la tropa y consideraban que los adeptos de la rebelión no eran bastante numerosos para efectuar nueva salida desde el cuartel. Sin duda, una segunda hubiera sido mis encarnizada y sangrienta que la primera. Prefirieron tomar posiciones defensivas en las colinas que corren a lo largo del cuartel por el lado de Polloe y de Ametzagaña instalaron estratégicamente un cañón y dos ametralladoras. Además el río Urumea les sirve de defensa natural. Dejan, pues, a sus compañeros facciosos abandonados a sí mismos.

El torpedero "Xauen", anclado en el Puerto de Pasajes, tiene que servir a la República se dicen los pescadores del sindicato anarcosindicalista "Avance Marino". Unos hombres decididos, armados con pistolas y bombas, saltaron a bordo del torpedero. La tripulación no ofreció la menor resistencia y fue desarmada rápidamente. Luego se dirigieron a la cabina del comandante en donde entraron en tromba.

-¡No se mueva!

-Soy republicano -responde tranquilamente el jefe del torpedero.

-¡Que te crees tú eso! Tu casta es de mala uva.

Clavado en el asiento, el comandante calla.

Ejecutan un registro rápido y superficial. Le retiran una pistola. La gente de mar habló rudamente:

-Se quedara usted a nuestras órdenes. El barco tendrá que servir a la revolución.

-Sigo siendo fiel a la República.

-Nosotros también, Pero a una República revolucionaria. Esta claro. Nadie abandonara este barco sin nuestro permiso. No le hacemos prisionero, sino que le dejamos libre de circular por el barco.

-No puedo abandonar a mis hombres ni al navío.

-Usted hará lo que le digamos y nada más.

No ha habido la menor violencia al contrario de los sucesos terriblemente aleccionadores que se han producido en otros puertos militares, en donde jefes y oficiales de navíos de guerra han sido masacrados por los marinos. Esta masacre muestra hasta que punto los sin grado estaban hasta la coronilla de soportar a jefes antirrepublicanos y que a la primera ocasión se hubieran pasado al enemigo. En este hecho instructivo se trataba de adelantarse a los revoltosos potenciales.

Al grupo de Liquiniano se le ocurrió sacar partido de este torpedero con objeto de que desempeñara un papel en la rendición de los facciosos de San Sebastián. Una vez más se fue a Pasajes y con los pescadores de "Avance Marino" discutió la necesidad de bombardear con los cañones del "Xauen" los edificios rebeldes. Puestos de acuerdo se dirigieron todos al barco.

El comandante se asustó ante el alud de hombres armados. Sin más preámbulo:

-Rumbo a San Sebastián. Hay que bombardear el Gran Casino y el Gobierno Militar."

De Los Anarquistas y la Guerra en Euskadi: La Comuna de San Sebastián

Félix Maraña Sánchez
2005


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