Tertulias.
Han existido y existen siempre reuniones de amigos, parientes o personas destacadas. Tertulias de café y tertulias en la casa. José de Orueta nos habla de las bilbainas, en su casa o en las de sus amigos Eran otoñales e invernales, en las que se jugaba a las cartas o se consumían en común, exquisiteces de mesa y bodega, como dulces, ron, anisetes, etc., o se discutían mejoras de jardín, huerta o corral, con intercambios de muestras y consejos mutuos. Y nos cuenta cómo en aquellos años de estancia en Indauchu, Ignacio Zuloaga, que aún pasaba los inviernos en París, era siempre bien acogido, y pintaba en su jardín al aire libre, como se estilaba entonces. Por ese motivo poseía dos retratos: el de su mujer y el suyo propio, firmados por el famoso pintor. Otras veces convertían en tertulia habitual un piso alto de las propias oficinas en Zorroza a donde solía ir Adolfo Guiard después de haber estado pintando en el muelle. Amigos, un ingeniero de la fábrica y otros, charlaban de comida y de bebida, de chirenadas y de los amoríos de la época, se contaban aventuras y ocurrencias y no faltaban tampoco en ellas los temas de la industria. Al lado de estas tertulias familiares o de amigos había otras muy famosas, políticas y aun filosóficas. Precisamente una de ellas, la del Dr. Areilza y el pintor Zuloaga era un verdadero foco de ideas liberales y de ateísmo confesional. Cuando Unamuno llegaba de vacaciones a Bilbao, establecía contacto con esta tertulia, provocando un choque casi permanente. De esas discusiones se originó un duelo epistolar con otro de los contertulios, Pedro Jiménez Ilundain, sobre el tema del ateísmo. Había otra tertulia muy importante formada por Basterra, Eguillor, Sánchez Mazas, Mourlane Michelena y el Dr. Areilza. La tertulia popular es la del café (peñas) y se diversifica y multiplica hasta lo más hondo de las capas populares. Las reuniones de músicos, pintores, etc., eran muy importantes. Una de ellas era la reunión musical en casa de Juan Carlos Gortázar, hasta tal punto que su hogar de la calle Correo fue como el eje del movimiento musical de toda una generación. De la «Academia del Cura» salió, andando el tiempo, la «Academia de la Lengua Vasca». Los tiempos han cambiado los modos de vida con la revolución de los medios de locomoción y la facultad de ausentarse y reunirse en cualquier parte. En los tiempos pasados los Balnearios eran lugares también de charla, juego y amistad, e incluso de negocios. Más abajo, en las capas populares, las tertulias son vida, no cultura. Citemos como ejemplo a la tertulia de «El Porrón», especie de filial de aquella otra más sesuda, cuyo centro de reunión era la taberna de Donato, en Barrencalle. Tertulia ésta de mucho viso en la villa, y que por causas políticas se escindió, fundándose entonces «El Sagusar», en un primer piso de Jardines, que luego habla de ocupar el club Deportivo Fortuna. Presidía la tertulia Donato y el pintor y dibujante Rodrigo Peláez, apodado «Penca», por su gran nariz.
Bernardo Estornés Lasa