Casas-Torre. Durante los siglos XIII, XIV y XV las guerras de bandos obligaron a cada linaje a erigir una serie de torres defensivas para sustraer a sus gentes de los ataques y correrías de los bandos enemigos. Parece ser que las primeras casas-torres fueron construidas en madera, o en piedra y madera, como lo atestiguan las frecuentes alusiones de Lope García de Salazar al incendio de casas-torres de madera. Estas suelen ir frecuentemente acompañadas de una ferrería, una ermita y, muchas veces, de un molino, por lo que su emplazamiento corresponde en general a la línea de los ríos. Se hallan aisladas de un sistema defensivo propiamente tal como el de los castillos, las plantas son cuadradas o rectangulares y en su construcción se emplea habitualmente la mampostería, el sillarejo o la sillería. A veces la vivienda y la torre se hallan formando un solo cuerpo (torre de Olcoz, Navarra), en otros casos la torre sirve de protección a la vivienda (torre de Idocin, Navarra, torre de Sanchósolo, Bizkaia) y casi siempre las encontramos cubiertas de un tejado tardío a cuatro aguas aunque algunas conservan el "cadalso" o paramento defensivo de madera (torre de Donamaría, Navarra). Una bella característica de nuestras torres suele ser también la escalera externa de acceso al interior (torre Luzea de Zarautz, Gipuzkoa).
El siglo XV inicia el ocaso de estas construcciones guerreras vascas al colmarse la paciencia de las Hermandades de Gipuzkoa. que mandan arrasarlas para poner fin a las tropelías de los banderizos. El hecho, de importancia capital, nos lo relata Lope García de Salazar en sus "Bienandanzas y Fortunas":
En el año de mil e cuatrocientos e cincuenta e seis se lebantaron (las Hermandades) contra todos los parientes mayores, no catando Oñez, ni Gamboa, porque facian, e cometían muchos robos e maleficios en la tierra, e en los caminos, e derribaronles todas las casas fuertes, que una sola no dejaron en toda la provincia que fueran estas: las de Lazcano e de Yarza e de Amezqueta e de Ugarte e de Alzaga e de Murguia, de Cegama, e de Sant Milian e de Asteasu e de Zumarraga e de Loyola e de Balda e de Emparan e de Zarauz e de Achega e de Iraeta e de Elgueta e de Vergara e otras muchas, que no dejaron ninguna sin derribar, e quemar, sino solamente la de Olaso, e la de Unzueta; e quitaronles todos los parientes e las treguas de los solares que no les quedo uno solo; e ficieronse todos comunidades; e echaron desterrados a dichos Parientes mayores por cierto tiempo de la Provincia toda.
es fueron desmochadas hasta el primer piso y privadas así de elementos defensivos. Algo más tarde, el 21 de abril de 1457, Enrique IV confirmaba estas medidas y en 1498 Fernando el Católico dictaba la prohibición tajante de que nuevas fortalezas fueran erigidas en Bizkaia. Las torres y castillos navarros fueron derribados por orden de Cisneros ya entrado el siglo XVI al efectuarse la conquista del reino de Navarra, no quedando en pie más que las fortalezas bajonavarras de la merindad de Ultrapuertos.
Reconstruidas estas torres más tarde, sólo conservan una apariencia militar de acuerdo con la importancia del linaje, pasando a ser, en la mayoría de los casos, construcciones meramente civiles que con el tiempo se van abandonando hasta verse convertidas en pintorescas casas de labranza conforme sus dueños emigran a la ciudad o edifican cómodas casas solares o "jauregia", lugares de residencia sin pretensiones defensivas. Con el Renacimiento el acceso de la luz al interior de las vetustas torres y casas-fuertes es mayor mediante la sustitución de las saeteras y paramentos superiores por balcones secaderos y galerías.
Destacan en Navarra las siguientes torres: Torre de Ablitas con sala circular cubierta de cerámica del s. XII, Torre de Arizkun con delicada ventana lobulada, Torre de "Oyan-Edetra" de Arbizu en el valle de Arakil, Torres de Jaureguizarra, Jaureguia y Zubiria en Arrayoz, Casa-fuerte de Ayanz (siglo XIV) con ventanas góticas, saeteras y barbacana, Torre de Arre, Torre de Artaiz, Torre de Donamaria, precioso ejemplar con cubierta salediza de madera, Casas de Echauri, Torre de Gollano, Torre de Gallipienzo, Torre de Idocin, caserío "Dorrea" de Irurita, más palaciano que guerrero, Torre del castillo de Monteagudo, casas-torres de Lesaca (siglo XV), Torre de Zozaya cerca de la línea palaciana, Torreón de Santacara (siglo XIII), Torre de Yarnoz con espesos muros y remate de barbacanas y la Torre-castillo de Ezperun en Ochagavia.
En Bizkaia, de las muchas torres erigidas en la época banderiza llaman la atención la Torre de los Duques de Abrantes en Mungoia, la Torre de Salcedo, de la Cuadra, Güeñes, edificación aislada de los siglos XIV y XV, la Torre de Oxirando de Gordexola, unida a un pabellón residencial del siglo XVII, la Torre de Arancibia de Ondarroa, la Torre de Sanchosolo de Güeñes flanqueada por dos edificios residenciales antiguos, la Torre de Muntxaraz en Abadiño, temible construcción desmochada y adornada posteriormente, con una elegante arquería superior, la Torre de Sestao con cuatro chapiteles ya renacentistas y filigranado remate, la Torre de Getxo del siglo XV y la Torre de Avellaneda.
Pasando a Gipuzkoa, de las fortalezas arrasadas por las Hermandades y las casas-torres que se mantuvieron al margen de la guerra de bandos, podemos citar la Torre de Loyola, hoy Santa Casa, la Torre Luzea de Zarautz, precioso ejemplar de sillería con escalera externa, la Casa-fortaleza de Echeveste en Hondarribia, de gruesos muros y estrechos vanos, la Torre del conde de Oñati, cuadrada y sencilla, la Torre de Ozaeta en Bergara convertida en palacete, la torre de Berriatua en Mutriku, la Torre de Berastegi y la Torre de Legazpi cuyo coronamiento estuvo defendido por un cadalso. La casa de Zuola de Azpeitia obedece a un tipo más palaciano que militar.
En Álava destacan la Torre de Délica en Arrastaria, edificación sencilla con torreoncillos adosados, la Torre de los Varona en Villanañe, las Torres del Conde de Orgaz y del condestable de Castilla en Fontecha, de planta rectangular coronadas con almenas, y la torre de Artziniega.
Las torres del País Vasco Continental obedecen al mismo tipo. Es muy característica la de Laxague (Ostabat, Baja Navarra), rectangular con gruesos muros y puerta ojival (siglo XIV), que sirvió de albergue a los peregrinos de Compostela. La Torre de los señores de Belzunce es algo diferente ya que su planta es irregular y no cuadrada. La torre de Ayherre en la Baja Navarra es una construcción del siglo XIV utilizada en las obras de la iglesia que se erigió en el siglo XVII. La Torre de Saint-Pée en Laburdi constaba de un cuerpo rectangular y pabellones adosados; reconstruida en 1449, sus ruinas denotan una arquitectura bastante depurada.
Idoia Estornés Zubizarreta