La ría ha sido siempre una puerta de entrada al país desde el mar y además la vía más importante de comunicación. Bilbao se debe a la ría y a su puerto. Hay que distinguir ya desde tiempos antiguos tres series de caminos o zonas de comunicación: la urbana o interior, la regional y la indefinidamente exterior tanto por mar como por tierra. La actual estructura de la parte vieja de Bilbao está edificada para los medios de transporte de los siglos pasados: animales, personas y carros. Las estampas del siglo pasado pueden dar una idea de aquellos trajines de peatones, arrieros, caballerías, carros, diligencias de viajeros que llegan y se van, y sus lugares de reposo como cuadras y cocheras. Ese mundo quedó atrás, pero las estructuras se quedaron, convirtiendo el casco bilbaino de ese tiempo en un lugar pintoresco y de recuerdos, en un lugar de respeto como se le ha llamado. Al carro sucedió el tranvía de caballos y a éste el eléctrico, y a éste los autobuses y taxis. Toda esa progresión de medios, lejos de hacer sonreír, hace meditar y adivinar cuántos entusiasmos, energías y desvelos debieron gastar aquellos azarosos promotores sin medios ni fortuna y en un mundo más bien de escasez que de abundancia.
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