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Alarde de Armas de Legazpi


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El Alarde de Armas de Legazpi tiene una antigüedad de muchos años e, incluso siglos, aunque nos parezca una invención moderna. Lo que sucedió es que en 1994 se recuperó después de un largo periodo en el que no se representó. Desde entonces el recorrido ha sido corto. No tiene ninguna característica especial, quizá el carácter propio que ha tomado los últimos años. Tampoco rememora ningún hito de especial relevancia como se hace en Irún, Hondarribia, Tolosa o Anzuola.

El escrito más antiguo que hemos encontrado sobre este alarde es de 1506, donde se observa que los Legazpirras debían de ir a Segura para participar el la muestra de armas celebrada en dicha localidad. Cabe recordar que en aquella época Legazpi cacería de comunidad administrativa propia, ya que, estaba bajo jurisdicción de Segura. Sin embargo los recorridos a hacer para llegar a la villa no eran de muy agrado para los Legazpirras y, es por ello que durante el siglo XVI se produjeron largas disputas, hasta que los Legazpiarras lograron que el alarde se celebrará en el municipio. A los pocos años, en 1608 Legazpi se erigió municipio independiente.

El objetivo de los alardes de armas era demostrar la fuerza del pueblo. Por eso, junto con las alusiones al alarde se citan en los documentos antiguos capitanes, alféreces, sargentos, soldados y abanderados. Era obligatorio participar en esas demostraciones. Así cita un decreto del Ayuntamiento de Legazpi de 1614: "Se ordena que acudan todos sus vecinos aptos". Al siguiente año, en 1615 cruzó Legazpi Ana de Austria, reina de Francia e hija de Felipe III. Debido a dicho acontecimiento se obligó a todos los hombre de entre 18 y 56 años a participar en el acto.

Durante los siglos XVI y XVII los alardes de Armas se realizaban una vez al año en Legazpi, el Domingo de Pascua. Sin embargo, para comienzos del siglo XVIII la celebración había tomado tanta fuerza que llegaron a celebrarse cuatro al año: El día de Santa Cruz (3 de mayo, principal festividad de Legazpi), durante la fiesta del Corpus Christi, el día de Octavario (a los ocho días del Corpus Christi) y en San Juan. Prueba de la importancia de este acto es que en 1730, cuando se construyeron el nuevo consistorio y la plaza se tuvo muy en cuenta el lugar destinado a celebrar el alarde, tal y como demuestra este relato: "se haga plaza nueva para usarla en tiempos oportunos para la celebración de las muestras de armas". A partir de la segunda mitad del siglo XVIII el alarde volvió a celebrarse una vez al año, el día de Octavario, precisamente, el mismo día que se celebraba la pelea de gallos. Es preciso señalar que dicha pelea aún hoy se sigue celebrando.

A finales del siglo XVIII con la llegada de las ideas revolucionarias a Euskal Herria, las milicias locales pusieron el litigio dicha celebración, por lo que en adelante el alarde de armas se realizaba como espectáculo de carácter festivo, hasta que en 1875 con la pérdida de los fueros, dejo de celebrarse el alarde.

En 1994, con ocasión de la celebración Kilometroak a favor de las Ikastolas, la Comisión Instructora decidió recuperar el Alarde de Armas de Legazpi. Para entonces un investigador local (Murua, 1986) había indagado en la historia del alarde y los organizadores decidieron aprovechar la coyuntura. Así, gracias también a la inestimable ambición por trabajar de los ciudadanos, se organizó el primer alarde de la nueva era.

A comienzos de la década de 1990 el pueblo de Legazpi había tocado fondo, a causa de la crisis económica. La empresa principal de la localidad (Patrizio Etxeberria S.A.) había reducido a la mitad su plantilla entre 1982 y 1992 y, finalmente, se dividió en tres empresas que desarrollaban diferentes actividades. Por ese motivo la mayoría de los jóvenes de la localidad debían ir fuera en busca de trabajo y, por consiguiente, el ambiente local se apagó notoriamente. A eso hay que añadir la crisis de identidad de los Legazpirras. Y es que durante el siglo XX fue de tal volumen y tan rápido el crecimiento de la populación (se multiplico por ocho la cifra de principios de siglo), que se produjo una ruptura profunda en lo que se refiere a las costumbres y al ambiente que reinaba la localidad. En ese contexto se celebró el primer Alarde de Armas de Legazpi de la nueva era, dando respuesta de algún modo al deseo festivo de los habitantes y con la intención de fortaleces la identidad del pueblo.

En el nuevo Alarde de Armas se recuperaron elementos antiguos: el recorrido se realizó por compañías, se aceptó el liderazgo del alcalde, la ayuda de músicos y abanderados, se respetó el recorrido de siempre (aunque fuera en el último tramo), se apuntó los nombres de los soldados y participantes, etc. De todas maneras, no hubo ningún problema en meter nuevos elementos: vestidos, el día en el que celebrarse el acto (la víspera de San Juan y no el día de San Juan), recorrido más largo, participación de la mujer, etc. Más tarde, se añadieron más elementos: flautistas, jinetes, lanceros, carros, etc.

De todas maneras, al principio el alarde no tuvo una aceptación general. Surgieron dudas debido a su carácter militar y al protagonismo en demasié de los cazadores/escopeteros de la localidad. Ya que, era necesario tener licencia de armas para participar en la demostración. Pero con el paso del tiempo se ha impuesto el ambiente festivo que rodea al acto y se han suavizado las condiciones. De ese modo, poco a poco se ha convertido en una cita ineludible entre los actos de celebración del solsticio de verano (hoguera de San Juan, árbol de San Juan, bendición de las flores, etc.).

En cuanto a la composición del alarde, el que se celebra en Legazpi no difiere demasiado del resto. Se representan personajes típicos de las milicias locales, por ejemplo: capitán (alcalde del pueblo), alféreces (jinetes), sargentos (en cabeza de las compañías), soldados (escopeteros), abanderados y pífanos y flautistas. La vestimenta del los participantes es sencilla, a excepción de los trajes que portan el capitán, los alféreces y los sargentos: camisa blanca, pantalones de mahón, boina, cinturón y alpargatas de color negro, y pañuelo de colores en el cuello (cada compañía tiene su color). El alcalde hace aparición en el balcón consistorial ataviado con sombreo y capa. Los dos jinetes visten trajes antiguos: uno de ellos representa al ferretero; el otro al campesino. Por último, los cabeza de compañía visten chaqueta negra y boina roja.

Antiguamente el recorrido era corto. Se partía desde el Ayuntamiento para llegar al palacio Bikuña (un kilómetro más menos). Por suerte el palacio de los Bikuña permanece en pie y no hay ningún inconveniente para realizar el mismo camino. Sin embargo, el pueblo ha crecido considerablemente la última década. Por eso, se ha optado por alargar el recorrido en pro del espectáculo. Así, antes de adentrarse en el recorrido histórico, se cruza gran parte de la localidad.

La demostración de fuerzas se realiza por la tarde, con una duración media de dos horas. Se parte del barrio Egialde para llegar al Ayuntamiento, después de la conveniente pausa realizada en el palacio Bikuña. Ni que decir tiene que las melodías musicales y los estruendos de las armas crean un ambiento alegre y atronador dentro de los confines del municipio.

Una comisión formada por los habitantes de Legazpi se encarga de la organización del Alarde de Armas de Legazpi, y es en dicha comisión donde se acuerdan los cambios e innovaciones a introducir cada año. Por tanto, se puede decir que todavía no se ha asentado el alarde de la segunda era y, en adelante, puede que se introduzcan nuevos elementos.

José Luis Ugarte Garrido
2011

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