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Literatura infantil y juvenil en euskara


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Comienzos del siglo XX

A comienzos de este siglo empiezan a surgir las ikastolas o centros de enseñanza en euskara y como consecuencia de ello la necesidad de materiales educativos en lengua vasca. Así comenzaron a publicarse diversos libros y cuadernos entre los que destacan los aportados por el tolosarra Lopez de Mendizabal quien, al igual que otros, editó diversos libros de texto y de lectura para niños en las tres primeras décadas del siglo. Además, en esta misma época se publican varias obras religiosas, antologías de cuentos populares e incluso la primera obra teatral infantil en lengua vasca.

En 1914, la editorial bilbaína Grijelmo, comienza a publicar algunas obras infantiles de distinto valor literario; así ven la luz tres obras de Jon Gauzekaitz recopiladas bajo el título "Umientzako ipuiñak" -Cuentos para niños- en los que los protagonistas son unos niños y en los que el autor intenta transmitir las ideas nacionalistas de Sabino Arana. Un claro ejemplo de ello es el cuento Margarite'ren ames ixukorra -El sueño terrible de Margarite- (1914), en el que cobran mayor protagonismo las ideas nacionalistas que el argumento mismo de la historia.

Dar-dar. Txiki

Esa influencia o sesgo nacionalista aparece también en otras obras de la época, incluso el deseo de instruir por parte del autor como se puede apreciar en el libro Ipuin laburrak umetxoentzat -Breves cuentos infantiles- (Garitaonandia, 1922) o en la primera obra teatral para niños en euskara: Nekane edo Neskuntzaren babesa -Nekane o la protección de la Virgen- (Tene Mujika, 1922).

Al igual que en la literatura universal, también en la literatura en euskara los jóvenes lectores se apropiaron de obras destinadas en un principio al público adulto y que hoy en día podemos encontrar en las colecciones de literatura infantil y juvenil. Es el caso, por ejemplo, de obras como Abarrak (Kirikiño, 1918) y Pernando Amezketarra (G. Mujika, 1927), ambientadas ambas en el mundo rural y que a través de diversas anécdotas, chistes o situaciones humorísticas logran hacer reír a los lectores. El éxito de estas obras ha llegado hasta finales del siglo XX, habiendo logrado muchas ediciones y, en el caso de la segunda obra, dando lugar incluso a una serie de dibujos animados en la televisión.

La literatura de tradición oral también tuvo un gran éxito entre los jóvenes lectores. Las recopilaciones de cuentos de Barbier (1931) o Mayi Ariztia (1934) al igual que las fábulas de Oxobi (para algunos el mejor fabulista de las letras vascas) publicadas en 1926, sirvieron para acercar la literatura tradicional a la infancia. Dichas obras se editaron con unas ilustraciones muy cuidadas y un lenguaje muy esmerado, logrando una excelente calidad para la época. Los cuentos Dar-Dar-Dar (1929) o Txomin Arlote (1929) cuidadosamente ilustrados por "Txiki", John Zabalo, son una muestra de lo anteriormente indicado.

Pero junto a la creación y la literatura popular hay un tercer ámbito que es muy importante en esta época: la traducción. Además de las fábulas anteriormente comentadas, se publicaron los cuentos de los hermanos Grimm (1929) o de Schmid (1929), obras de O. Wilderen (1927) y Croce (1932) o Tormes'ko itsu-mutila -El lazarillo de Tormes- (1929) creando los cimientos de lo que sería la Literatura Infantil y Juvenil Vasca; sin embargo la guerra de 1936 y sus consecuencias, así como las de la Segunda Guerra Mundial en el País Vasco francés, truncaron dichos inicios, dando lugar a una época de inactividad en las letras vascas.

2011


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