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Habanera


tresnak

La habanera es un género, bailado y cantado, que como su nombre indica tuvo su origen en Cuba. Evolución local de la contradanza, al parecer surgió a finales del siglo XVIII y principios del XIX, debido en parte a la presencia de refugiados de las revueltas de Haití.

Como consecuencia de ello, el ritmo de contradanza se hizo más irregular, a la manera africana, y sobre todo, más lento y sensual. Bailado por parejas con plena independencia, los pies apenas se mueven, pero brazos, caderas, cabezas y ojos lo compensan con creces con movimientos sensuales, de forma similar a lo que ocurría con el danzón cubano y el primer tango, con el que tiende a menudo en la Península Ibérica a confundirse, sobre todo entre finales del siglo XIX y principios del XX. A mediados del siglo XIX, en efecto,, la habanera hizo uno de tantos recorridos de ida y vuelta y se popularizó sobre todo en España, con textos muchas veces sentimentales y que hacían referencia a un Caribe exótico con la mulata como personaje central. Este género disfrutó de intensa vida tanto en la zarzuela como en la música de salón (Barulich s.f.). Su ritmo básico, que a menudo adquiere carácter de ostinato, es:

Partitura

Si bien, por la aludida influencia africana, y especialmente en la melodía, muchas veces se convierte en

Partitura

La habanera llegó también a Vasconia, y su popularidad aquí está fuera de toda duda. Con todo, su carácter de baile al agarrao le causó problemas con la autoridad eclesiástica, y también con la civil, por su inmoralidad. Estaba claro que estos bailes representaban una ocasión única en la sociedad de la época para el establecimiento de relaciones entre los sexos: única no ya por su contacto físico, sino también, y quizás más importante, por la intimidad e independencia que proporcionaba a la pareja. La búsqueda de la sintonía entre dos cuerpos y sólo entre ellos dos, que hoy no es tan usual y tan conocida, se posibilitó por primera vez con danzas como la habanera, el vals, la polca, la mazurca o el chotis, que, a diferencia de su antecesora la contradanza, no exigían coreografías de grupo, sino que garantizaban la independencia absoluta de la pareja.

Además, fue muy normal en la época del fuerismo y el primer nacionalismo vasco una línea de pensamiento que condenaba el baile agarrao no ya sólo por inmoral, sino por extraño al país, frente al honesto baile suelto vasco. De esta manera, por ejemplo, amonestaba el ayuntamiento de Pamplona al gaitero Demetrio Romano en: 1887: "la dulzaina no es instrumento adecuado para tangos y habaneras, ni siquiera para valses y polkas, por lo que "solo deben tocar aires populares del pais vasco" como jotas, zortzikos, alboradas..." (cit. en Ramos Martínez 1998:475)

El repertorio del propio padre de Demetrio, en efecto, el gran gaitero Julián Romano (1831-1899), publicado por Tomás Díaz Peñalba (1989), está constituido casi a partes iguales por rigodones, valses, mazurcas, schotis, polcas, rigodones en 2/4, habaneras, jotas y sonatas. En concreto en él aparecen un total de dieciocho habaneras, más del 13% del repertorio total.

La revista Txistulari, órgano de la Asociación de Txistularis del País Vasco, ha publicado tres repertorios de finales del siglo XIX y comienzos del XX. El primero es el de Fernando Ansorena Izagirre, y tiene la fecha de 1885 (Ansorena Miner 1996): en ese repertorio aparecen un total de seiscientas treinta piezas. De ellas, un total de cien son habaneras, lo que supone el 15,9% del repertorio total. Atendiendo a su número, ocupan el segundo puesto entre los géneros, por detrás sólo de los valses. En los otros dos cuadernos (Ansorena Miner 1990; Apezetxea Aguirre 1991), más tardíos, en general el porcentajes es del 17,2 , ocupando aquí el tercer puesto en cuanto a número, detrás de los zortzikos en 5/8 y los valses.

La diferencia con las seis mil primeras páginas de la segunda época de la revista Txistulari, aparecidas entre 1955 y 1998 (Agirregomezkorta y Vesga 1998) es más que evidente, y es de imaginar que tuvo que ver con el resurgir del sentimiento identitario vasco y las danzas al suelto. Aquí encontramos un total de seis habaneras, que suponen apenas un 0,3% del total del repertorio.

Por lo que respecta al género cantado, su popularidad en el País también fue incuestionable, independientemente del hecho de que quizá el más importante compositor de habaneras fuera el alavés Sebastián de Iradier. A su pluma se deben, en efecto, quizás las dos habaneras más famosas de toso los tiempos: La Paloma, traducida y cantada en todos los idiomas del mundo, y El arreglito, mucho más conocida por su inclusión por Bizet en la ópera Carmen, en la que la habanera se utiliza como lo que era en aquellos días en Europa: la elocuente presentación sensual de la protagonista de la misma, la primera y mayor femme fatale de la historia de la música.

Mientras que la habanera como género bailado, en efecto, está en completo desuso, hay una serie de melodías de habanera que a día de hoy siguen siendo muy populares en Vasconia: es el caso de la Habanera del Guría ("Joshe Miguel, Miguel Joshe"...) o la Habanera sietecallera en castellano, así como Ameriketara joan nintzen, o Ikusi nuenian en vascuence. También son muy conocidas el Zugana Manuela, de Iparraguirre, y, cómo no, la Habanera de Xabier Lete, en la que se contrapone el dorado y utópico Caribe de la habaneras clásicas con el gris y frío ambiente de Vasconia ("No tuve tíos comerciantes en La Habana, en aquella casa en que no había piano..." ). He aquí la partitura de Ameriketara joan nintzen:

Partitura

Karlos Sánchez Ekiza
2010

Gure Laguntzaileak