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Juana de Asbaje


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En su obra literaria y vida conventual Sor Juana Inés de la Cruz. Poetisa y prosista vasco-mejicana, Llamada el «Fénix de México». Nació en San Miguel de Nepantla, el 12 de noviembre de 1651 Hija de Pedro Manuel de Asbaje, de Vergara, en Guipúzcoa, y de Isabel Ramírez. Su madre, según parece, era descendiente de doña Catalina Xuárez de Marcaida, primera esposa de Hernán Cortés. De muy niña ya piensa en la Universidad. Cecilia G. de Guilarte (Sor Juana Inés de la Cruz. Claro en la Selva. Ekin. Buenos Aires, 1958), nos trae la cita autobiográfica: «...empecé a matar a mi madre con insistentes e, inoportunos ruegos sobre que mudándome de traje, me enviase a México, en casa de unos deudos que tenía, para estudiar y cursar la Universidad: ella no lo quiso hacer y lo hizo muy bien». Debemos considerar que las mujeres no tenían acceso a la Universidad y por eso su idea de vestirse de hombre. Esta impetuosidad de Juana de Asbaje hacia el saber, ya se había manifestado en la escuela donde aprendió a leer engañando a la maestra y a su misma madre. A los 8 años la llevaron a México, a casa de su abuelo materno. «Pero yo despiqué el deseo de leer muchos libros varios que tenía mi abuelo, sin que bastaran castigos ni reprensiones a estorbarlo». Su primer libro lo ganó componiendo una Loa para una fiesta al Santísimo Sacramento. Estudió latín, retórica y filosofía con su tío, el Pbro. Pedro José de Olivas. Fue dama de la virreina doña Leonor de Castro. Su belleza, ingenio y donosura, brillaban en la corte virreinal. En Palacio se dedicó al estudio y fue sometida a un examen público de todas las facultades, en el palacio de la virreina, . ante 40 profesores de la Universidad, teólogos, filósofos, humanistas y matemáticos, que fue motivo de general asombro. Cuando sus dotes excepcionales, su hermosura, su juventud, su ingenio poético y su posición en la corte le auguraban un brillante porvenir social, escoge la vida monástica. El día 14 de agosto de 1667 ingresa en el convento de San José, de las Carmelitas Delcalzas, del que salió a los 3 meses por enfermedad. Y a los 18 años, el 23 de febrero de 1668 entra definitivamente en el convento de San Jerónimo. Cuando ya llevaba 10 años en el convento nació su gran amistad con la virreina, condesa de Paredes. El retrato de Cabrera en hábito de monja jerónima que conocemos, no deja lugar a dudas en cuanto a su belleza física. Es de esas bellezas claras, delicadas y rotundas, viniendo en línea recta de los verdes y jugosos valles guipuzcoanos. (C. G. Guilarte). Su obra literaria es en verso y prosa. Sus versos de amor profano, según Menéndez y Pelayo, son «de los más suaves y delicados que han salido de pluma de mujer». Inventó un metro nuevo, de versos sueltos de 10 sílabas, la primera siempre esdrújula, que le da una rara dureza. Casi toda su obra está contenida de 3 volúmenes impresos en Madrid: el I.°, en 1714, de unas 335 páginas; el 2.º, de 470, en 1745 y el 3.°, titulado Fama y obras póstumas del Fénix de México..., de 320, en 1714. Este último fue publicado por don Juan Ignacio de Castorena y Ursua, Prebendado de la Santa Iglesia Metropolitana de México. Ref.: Sor Juana Inés de la Cruz poetisa de estirpe vasca, por G. Garriga, en «B. A. (de) E. V.», núms. 7 y 8. La obra literaria de Sor Juana se divide en: Obras poéticas menores, Obras teatrales y Escritos en prosa. La primera comprende gran número de sonetos -más de sesenta-, glosas en décimas, romances, letras, endechas, villancicos, etc., henchidos de donosura e ingenio y siempre fluidos (G. Garriga). En sus villancicos solía intercalar coplas en latín, portugués, guineo, mexicano y euskera, su lengua paterna. Sus obras teatrales son autos religiosos, histórico-alegóricos y teológicos y alguna comedia. Citaremos algunos autos sacramentales: San Hermenegildo, Divino Narciso, el Mártir del Sacramento, El cetro de José, etc. Sus comedias de más méritos son: Los empeños de una casa y Amor es más laberinto. Sus obras en prosa pueden competir airosamente con los de los mejores escritores en lengua castellana de su época. Las más notables son: Crisis sobre un sermón (34 páginas) y Respuesta a Sor Filotea (52 páginas).. Este es el más importante de todos, por los datos autobiográficos que contiene, la defensa que hace de la inteligencia femenina y su derecho a la cultura y al magisterio. Por esta defensa de los derechos femeninos Juana de Asbaje -Sor Juana- es la adelantada y fundadora del feminismo mundial. En la plenitud de su triunfo literario, surgió en la vida de Sor Juana el episodio de la Carta Athenagórica (1690) que le produjo grandes sinsabores. El juicio o crítica de un sermón del célebre jesuita portugués P. Antonio Vieira (1608-1697), emitido por insinuación del obispo de Puebla, Manuel Fernández de Santa Cruz, originó este caso que puso a prueba la calidad humana, religiosa y aun literaria de Sor Juana. El prelado nombrado era asiduo lector de las oraciones sagradas del P. Vieira. Le habían sorprendido algunos conceptos del sermón pronunciado en Lisboa el jueves santo del año 1650. Tras los coloquios sostenidos por el obispo y Sor Juana, ésta le envió su parecer por escrito: «He obedecido a V. md. en lo que me mandó: aunque este papel sea tan privado que sólo lo escribo porque V. md. lo manda...». El obispo lo publicó con el título inventado por él de Carta Athenagórica. El P. Núñez de Miranda, jesuita, confesor de Sor Juana, la desaprobó severamente. Le retiró su amistad y pretendió mancomunar en la censura a otros sacerdotes y aun al arzobispo de México, D. Francisco de Aguiar y Seixas (G. Garriga). Esta maniobra no prosperó, pues la poetisa gozaba de una gran reputación y le hubieran sobrado egregios defensores. El mundo de las letras hispano-americano-portugués se conmocionó. El obispo de Puebla causante, al parecer involuntario, de todo este revuelo, escribió una carta a Sor Juana, afectuosa en el fondo, pero una reprimenda que «la hiere hasta el cogollo del alma al presumir que el amor a las letras profanas iba en mengua de las divinas» (G. Guilarte). Esta carta pública iba firmada con el pseudónimo de Sor Filotea de la Cruz. Las consecuencias, en apariencia desorbitadas, de su crítica al citado sermón, no se comprenden ignorando la personalidad del P. Vieira. La admirada autora Cecilia G. de Guilarte, en su obra ya citada, nos presenta una buena síntesis biográfica. Refiriéndose al P. Vieira, el abate Raynal considera uno de sus sermones, pronunciado en Bahía en 1640, como «el más extraordinario pronunciado nunca en púlpito cristiano». Extraordinarios debieron ser todos los suyos, pues le valieron el favor sin límites del rey de Portugal, Juan IV, que lo hizo predicador real y asesor en los asuntos de gobierno. Hay algo de desorbitado en todo lo que se refiere al P. Vieira. Ordenado en 1635, en 1647 da comienzo a la carrera diplomática y en todo brilla por extremo de ingenio, osadía y desplante. Sólo la autoridad y el favor real impiden su expulsión de la Compañía de Jesús. En el Brasil, con el entusiasmo que en todas sus cosas ponía, se consagra a la defensa de indios y negros, contra los abusos de propietarios y políticos, de quienes se convierte en implacable fustigador. Deportado al fin perdido el derecho a enseñar, predicar y escribir, por sus constantes dificultades con la Inquisición, recurre a Roma y logra que se revise su sentencia, saliendo no sólo limpio de culpa sino glorificado. Puede volver a Portugal vencedor, en posesión de un Breve extraordinario que lo exceptúa del poder del Gran Inquisidor portugués (Guilarte). Cuando Sor Juana impugnó su sermón, el P. Vieira estaba en el Brasil, como superior Provincial, dedicado a revisar y publicar sus sermones. Nada sabemos de la reacción del P. Vieira. Habría que meterse en ese mundo inmenso que son los archivos de la Compañía, Las biografías de sus miembros, muchas publicadas en largas series de volúmenes (P. Astrain: Historia de la Compañía de Jesús y otros). A Sor Juana quisieron acusarla de atacar a la Compañía de Jesús, pero ella se defendió con la claridad y gracia acostumbradas. Indudablemente, la hazaña de Sor Juana fue el acontecimiento más saliente del mundo intelectual de su época. Había rebatido al orador sagrado más formidable de su tiempo en el vasto mundo hispano-lusitano. No olvidando que el P. Antonio Vieira dejó una obra literaria inmensa, además de los 15 volúmenes de sus sermones y es considerado como el primer prosista entre los clásicos portugueses. La Respuesta a Sor Filotea de la Cruz es acaso lo mejor de Sor Juana. Es como el broche de oro que cierra su obra literaria. Ya no escribirá más poemas profanos. Ya sólo se dedicará, con gran fervor, a la obra de su santificación, con ásperas penitencias, a pesar de su delicada salud. Mientras en Europa se editaban sus obras, desprendíase de su rica biblioteca (4.000 volúmenes), de los instrumentos artísticos y científicos, de los valiosos regalos enviados por los admiradores de su obra literaria y escribía con su propia sangre dos protestas de fe. Todo lo vendió y lo distribuyó entre los pobres. En una parte de sus obras, principalmente en un villancico y una carta, afirma su ascendencia vasca, su condición de euskalduna y su amor a su tierra de origen. Vayan estas dos estrofas y el estribillo de su villancico como muestra.

«Nadie el vascuence mormure
que juras a Dios eterno,
que aquesta es la misma lengua
cortada de mis abuelos».
Su alma generosa propone a la Virgen de Aránzazu:
«Guacen galanta, contigo
guacen nere lastana
que al cielo toda Vizcaya (País Vasco)
has de entrar».
Su enternecedor estribillo:
«Galdunaiz ¡ay! que se va
nere vici gucico galdunaiz».
En su carta a don Juan de Orbe y Arbieto afirma claramente su origen vasco: «Siendo como soy rama de Vizcaya y Vuesa Merced de sus nobilísimas familias, de las casas de Orbe y Arbieto, vuelvan los frutos a su tronco, y los arroyuelos de mis discursos tributen sus corrientes al mar en quien reconocen su origen». La figura de Juana de Asbaje -Sor Juana- se analiza a la luz de su obra. Se estudian paralelamente Sor Juana y Santa Teresa. La autora tolosarra G. de Guilarte, en su obra ya citada, nos da una nota a este respecto: «El cotejo de las vidas de Santa Teresa y Sor Juana -dice don Ermilo Abreu Gómez- revela divergencias y valores antagónicos. Divergencias que estriban tanto en la naturaleza como en el ejercicio de las facultades espirituales. En Sor Juana rige el pensamiento, en Santa Teresa la sensibilidad. En la primera el conocimiento lógico, en la segunda, el término infuso. Los propósitos de la Santa, desde la niñez, fueron hacia el sacrificio por el amor de Dios; los de la monja iban ceñidos al estudio de las letras y la vida. Sor Juana quiso conocer el mundo e ingresar en la Universidad; Santa Teresa pretendió ir por tierras de infieles para que la descabezaran». En 1695 se declaró una epidemia en México, de la que fueron víctimas también las religiosas de San Jerónimo. Refiriéndose a Sor Juana, nos dice el P. Calleja: «La caridad era su virtud reina: si no es para guisarles la comida o disponerles los remedios a las que enfermaban, no se apartaba de su cabecera». Cayó también enferma. La noticia de su gravedad conmovió a la ciudad de México. El convento, la corte virreinal y el pueblo se confundieron en una inmensa plegaria. Murió el 17 de abril de 1695. A las Exequias Poéticas concurrieron los más ilustres escritores de su tiempo.

Mariano Estornés Lasa


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