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Julián de Tellaeche Aldasoro


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Pintor guipuzcoano, nacido en Bergara el 30 de noviembre de 1884. Murió en Lima (Perú), el 24 de diciembre de 1957.

Cursó estudios en el taller de don Eduardo Chicharro, y en las academias parisienses Julien y Colarosi. Antes de dedicarse a la pintura fue marino, profesión que nunca pudo olvidar, plasmándola en sus bellas obras, que fueron admiradas en la Exposición de Artistas Vascos celebrada en Madrid y Barcelona en 1916. En 1939 fijó su residencia en París, pintando barcos, olas, viejos lobos de mar, etc., con cuyos temas alcanzó gran éxito artístico y económico. Realizó, asimismo, destacados trabajos de restauración.

En 1952, desde París, se trasladó a Lima, donde fijó nueva residencia hasta su muerte. En esta nación fue nombrado Conservador del Tesoro Artístico Nacional Peruano. Viajó mucho por América y Europa. Perteneció al grupo fundador de la Asociación de Artistas Vascos (1911) y publicó algunos trabajos de crítica de arte en un diario de Bilbao (1924). En 1931 sustituyó al pintor y amigo don Ascensio Martiarena, durante sus ausencias, en su labor docente.

Tellaeche se apartaba sobre todo de la pintura etnográfica de corte academicista imperante en el País Vasco y la liberaba de toda suerte de literatura romanticista. Dejaba a la pintura en su más pura estructura, con sus leyes y sus fuerzas propias, desnuda y ajena a toda corriente descriptiva.

Tomó parte en las Exposiciones Salón de París (1913); I Exposición Internacional de Pintura y Escultura y en la Exposición de Artistas Vascos, ambas celebradas en Bilbao en 1919; Sala Boigelet (Bruselas, 1921); Sala Barbazange (París, 1922); Galería Stromky (Estocolmo, 1923); Salón de Artistas Ibéricos (Madrid, 1925); Asociación de Artistas Vascos (Bilbao, 1927); Exposición Internacional (Barcelona, 1928); Sala Delsa (Bilbao, 1946) y en San Sebastián en 1958.

Tras su muerte se le hizo una exposición homenaje en Bilbao, San Sebastián y Vitoria, organizada por el Banco de Bilbao.

Sus obras más destacadas: Maternidad, El tuerto, Un hombre de mar, El viejo patrón, Pescador lequeitiano, Retrato de Bruno Mauricio de Zabala (que le fue encargado para la Galería de la Casa de Juntas de Gernika), Marinero viejo, La llegada de las barcas, El puerto y Veleros, (esta última obra propiedad del Museo de Arte Contemporáneo de Madrid), Madres, Orio, El pescador con remo, Remero, etc.

Sus obras están en diversos museos, entre los que se encuentran el Museo de San Telmo de San Sebastián, el Museo de Bellas Artes de Bilbo, y el Museo Provincial de Vitoria.

Joaquín de Zuazagoitia (Bilbao, 1909-19) lo ve así:

"Porque, antes que nada, es Tellaeche un modernizante. La vida le atrae de tal modo que no le deja tiempo para lanzar miradas retrospectivas. El momento cambiante atrae su curiosidad, y su sensibilidad avizora anda siempre a caza de nuevas modalidades que apuntan. Es un cazador de iniciaciones novísimas".

Bernardino de Pantorba y Luis Araquistain (Madrid, 1929):

"Julián de Tellaeche, ha orientado su actividad artística hacia el mar, hacia la ruda vida marinera ( ... ). Tellaeche no pinta el mar, sino sus cosas, después de haber pintado sus seres; un velero, un puerto, un botalón, un mascarón y los reflejos de los botes en el agua. Para él es el mar como un espejo donde se mira la vida humana...".

Arturo Acebal Idígoras (1973):

"Como otros grandes pintores de su generación, Tellaeche se aleja del ambiente academicista y decadente que se respiraba en Madrid y mira hacia París, donde la pintura se encontraba en un gran momento después del impresionismo (...). Hay en la pintura de Tellaeche y en su mentalidad de artista tendencia a la especialización o inclinación a la limitación de su mundo temático. Tres motivos principales dominan entre toda su pintura: Las maternidades, los pescadores y los barcos de grandes velámenes. En ocasiones repite incluso el mismo cuadro con ligeras variantes. Lo mismo podemos decir respecto a las limitaciones intencionadas que se impone al componer su paleta reducida a uno o dos rojos, azul, ocre, blanco y negro".

Ángel Marrodán (1973):

"La hechura plástica de Tellaeche -cuya significación en la aurora del arte vasco es bien patente-, procede del figurativismo de su innato sentido de dibujante que moldea su gran pasión (que es ésta: su facultad dibujística) operando sobre sí mismo hasta trasladarse a pintor en la línea más recia y expresionista del próximo pasado".

Edorta Kortadi Muga, 1980:

"Quizá su éxito y su consistencia proceda precisamente de esto, de la personal elaboración y síntesis de esas tres fundamentales poéticas del s. XX: construcción-expresión-colorido. Su sintaxis moderna e inquieta busca el ser y la estructura de las cosas, acercándose en momentos al cubismo analítico y hasta casi al abstractismo"


Ainhoa Arozamena Ayala


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