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Si tomamos como ejemplo el documento de donación del monasterio de Varría (San Agustín de Echevarría, en Elorrio), en el año 1053, encontramos ya los nombres seguidos de un patronímico y de un apellido que indicaba la procedencia de sus portadores: Eneco Lupiç de Laçkanu, Gomiz fortuniç de formaiftegui, Nunuso NarriateF de Lohinaç, Gideri Momeç de Ankelo (et suo germano Acenari Momeç de Alubarro), Sancio Telluç de Olhabehe çahar, etc. Pocos son los que no llevan más que el patronímico: Senior lupe ahoftarrif, Urrana Uitacoç, etc.; y uno sólo sin el patronímico: Nunnuto Miotaco, con el sufijo vasco - ko "de". Pero para la mejor comprensión de las distintas clases de apellidos vascos y de su origen, nada mejor que una documentación de carácter más popular, la serie de nombres tomados del Libro Rubro o libro de las cuentas del monasterio de Iranzu con sus collazos, escrito en su mayor parte en el siglo XIII y publicado por D. José María Lacarra.

En esta lista encontramos:

  1. Los apellidos que, como en el documento antes citado, señalan la procedencia -pueblo o casa- de su portador, y que constituyen sin duda la parte más numerosa de los apellidos vascos posteriores: Pero de Aytepuyn, Lop de Lauairia, Sancha de Larraiyça, Martin de Muru, etc. A su lado forman un grupo numeroso aquellas designaciones que en general no se han conservado y que, como el Nunnuto Miotaco antes mencionado, llevan el sufijo vasco - ko en vez de su equivalente románico de: Domenga y Miquele Bassoco "del bosque", Orti y Sancha Bassauilco, Miguel Baraceco "de la huerta", Sancha Bicuetaco "de las higueras", Garcia Etayuco "de Etayo", Pedro laurico, acaso jauregiko "del palacio", Pero Iturrietaco "de las fuentes", Toda Larrayn eguico "de Larrañegui", Toda munoco "Toda de la colina", Maria Sarrico "de la espesura", Garcia y Pero Urrutico "de lejos", Maria Cubico e Peydro de la Puent su marido (zubi "puente").
  2. Los patronímicos, solos o acompañados de otro apellido: Toda Açriz quel dezian ardan buru, Semen Barbaz (cf. top. Barbatain, lat. Barbatus, gen. Barbati), Garcia Carloyz, Orti Enecoyz, Lope Erascoyz, Uenega Martiniz, Pero Ochandyz, Lope Seiñez (acaso del vasco sei(n)"niño", (ya citado a propósito de las inscripciones aquitanas), etc.; Pero Arceyz de Vidaurre, Gonfaluo Garceiz de Odiaga, Ochoa Marcuiz de Ylardia, Remir Mochorroyz de Auarçuça, etc.
  3. Adjetivos con artículo que constituyen una especie de mote o apodo: Lope Andia "el grande", Domenca Beguiurdiña "la de ojos azules", Johan Belça "el negro", Toda Çuria de Ayllo "la blanca", Domingo Chipia "el pequeño", Sancha ederra "la hermosa", Garcia Ezquerra "el zurdo", Lope Gutia (guti "poco"), Domingo Landerra "el forastero", Domingo Latça "el áspero", Sancho Leuna "el suave", Orti y Sancho Ona "el bueno", Pedro Sendoa "el robusto" (hay Urraca Sendoa en Navarra en 1107).
  4. Sustantivos con artículo, de tipos variados, empleados como apodos o indicadores de la condición de su portador: Pero Buztaina (Landuchio vuztayña "cola"), Domingo Echayuna (cf. etxajaun "propietario de casa" o mejor Landuchio esçajauna "drasgo o duende", Refr. y Sentencias esa jaun "duende"), Domingo Erlea "la abeja", Gra (Gracia?) Sauela lit. "el vientre". Entre éstos encontramos un nombre de animal, usado entonces como nombre de pila: Sancho Ochoa.
  5. Finalmente sustantivos y adjetivos, simplemente yuxtapuestos al nombre, que parecen aludir no a particularidades personales, sino al lugar de nacimiento o residencia del portador y a sus características: Miguel Goyena de Auiçu, Pero Larrea lit. "el prado", Sancho Mutio, Peydro Uurrena, etc. Este es el tipo que tanto abunda en los apellidos actuales.

El estudio de esta lista medieval, en cuyo comentario hemos seguido a Fr. Ignacio Omaechevarría, nos ofrece una base sólida para clasificar los apellidos posteriores y particularmente los actuales, con la salvedad de que la proporción de los distintos tipos no es la misma. Por el origen, tenemos dos clases claramente delimitadas:

  1. Los que proceden de designaciones personales: nombres propios (Ochoa), motes (Andia, Ederra, Beguieder, Sein), nombres de oficio, etc.
  2. Los que originariamente designaban un lugar. Como los últimos constituyen por mucho el grupo más numeroso, copio aquí la clasificación que Julio Caro Baroja (Los Vascos. Etnología, 81) hace de los nombres de lugares habitados:
    1. los relacionados con los personales, de poseedores de antiguos "fundi" y "villae" [muchos de los acabados en - ain, etc.]
    2. los nombres de santos.
    3. nombres de otro tipo descriptivo o alusivo fáciles de traducir por el vasco actual". Estos últimos son a su vez los más numerosos entre los apellidos conocidos. Y, tratándose de apellidos, debe tenerse en cuenta un grupo muy numeroso, el de los terminados en-(r)ena, -(r)enea, que se refieren a casas, no a poblaciones, y son de origen relativamente reciente, y son también nombres relacionados con los personales.

En cuanto a su historia en los últimos tiempos, que en buena parte está por estudiar, me limito aquí a alguna observación aislada. Una cuestión que convendría investigar es la de los apellidos empleados por grupos extraños al país (gitanos, quizá moriscos en el país vasco-francés) o que, por lo menos, tuvieron en él una vida separada (agotes). El P. Omaechevarría ha reseñado muy bien cómo aún en el siglo XVI los apellidos no tenían la fijeza que actualmente poseen, sino que "el apellido toponímico sólo significaba que el individuo portador del mismo era natural o vecino del solar o lugar así llamado". Es sabido también que este uso ha tenido una larga pervivencia hasta nuestros días, fuera de la esfera oficial. Los patronímicos, por su parte, que originariamente variaban como es natural con el nombre del padre, acabaron también por fijarse y constituir una parte inalterable de los apellidos, de modo análogo a como se fijaron los apodos o nombres de profesión. No es necesario recordar aquí, por ser bien conocido, que mientras en Álava se ha tendido a conservar los apellidos dobles -y, en todo caso, al menos ahora, cuando se simplifican tiende a conservarse el patronímico con el consiguiente aumento de López, Pérez, etc.-, en las demás regiones vascas se ha abandonado por lo general el patronímico, conservándose la última parte, la toponímica, sin duda por parecer ésta más característica. Menos conocida es la sustitución de apellidos vascos por apellidos románicos que ha documentado para Navarra E. de Munarriz Urtasun (RIEV, XIV, 401-403).

Si tomamos como ejemplo el documento de donación del monasterio de Varría (San Agustín de Echevarría, en Elorrio), en el año 1053, encontramos ya los nombres seguidos de un patronímico y de un apellido que indicaba la procedencia de sus portadores: Eneco Lupiç de Laçkanu, Gomiz fortuniç de formaiftegui, Nunuso NarriateF de Lohinaç, Gideri Momeç de Ankelo (et suo germano Acenari Momeç de Alubarro), Sancio Telluç de Olhabehe çahar, etc. Pocos son los que no llevan más que el patronímico: Senior lupe ahoftarrif, Urrana Uitacoç, etc.; y uno sólo sin el patronímico: Nunnuto Miotaco, con el sufijo vasco - ko "de". Pero para la mejor comprensión de las distintas clases de apellidos vascos y de su origen, nada mejor que una documentación de carácter más popular, la serie de nombres tomados del Libro Rubro o libro de las cuentas del monasterio de Iranzu con sus collazos, escrito en su mayor parte en el siglo XIII y publicado por D. José María Lacarra.

En esta lista encontramos:

  1. Los apellidos que, como en el documento antes citado, señalan la procedencia -pueblo o casa- de su portador, y que constituyen sin duda la parte más numerosa de los apellidos vascos posteriores: Pero de Aytepuyn, Lop de Lauairia, Sancha de Larraiyça, Martin de Muru, etc. A su lado forman un grupo numeroso aquellas designaciones que en general no se han conservado y que, como el Nunnuto Miotaco antes mencionado, llevan el sufijo vasco - ko en vez de su equivalente románico de: Domenga y Miquele Bassoco "del bosque", Orti y Sancha Bassauilco, Miguel Baraceco "de la huerta", Sancha Bicuetaco "de las higueras", Garcia Etayuco "de Etayo", Pedro laurico, acaso jauregiko "del palacio", Pero Iturrietaco "de las fuentes", Toda Larrayn eguico "de Larrañegui", Toda munoco "Toda de la colina", Maria Sarrico "de la espesura", Garcia y Pero Urrutico "de lejos", Maria Cubico e Peydro de la Puent su marido (zubi "puente").
  2. Los patronímicos, solos o acompañados de otro apellido: Toda Açriz quel dezian ardan buru, Semen Barbaz (cf. top. Barbatain, lat. Barbatus, gen. Barbati), Garcia Carloyz, Orti Enecoyz, Lope Erascoyz, Uenega Martiniz, Pero Ochandyz, Lope Seiñez (acaso del vasco sei(n)"niño", (ya citado a propósito de las inscripciones aquitanas), etc.; Pero Arceyz de Vidaurre, Gonfaluo Garceiz de Odiaga, Ochoa Marcuiz de Ylardia, Remir Mochorroyz de Auarçuça, etc.
  3. Adjetivos con artículo que constituyen una especie de mote o apodo: Lope Andia "el grande", Domenca Beguiurdiña "la de ojos azules", Johan Belça "el negro", Toda Çuria de Ayllo "la blanca", Domingo Chipia "el pequeño", Sancha ederra "la hermosa", Garcia Ezquerra "el zurdo", Lope Gutia (guti "poco"), Domingo Landerra "el forastero", Domingo Latça "el áspero", Sancho Leuna "el suave", Orti y Sancho Ona "el bueno", Pedro Sendoa "el robusto" (hay Urraca Sendoa en Navarra en 1107).
  4. Sustantivos con artículo, de tipos variados, empleados como apodos o indicadores de la condición de su portador: Pero Buztaina (Landuchio vuztayña "cola"), Domingo Echayuna (cf. etxajaun "propietario de casa" o mejor Landuchio esçajauna "drasgo o duende", Refr. y Sentencias esa jaun "duende"), Domingo Erlea "la abeja", Gra (Gracia?) Sauela lit. "el vientre". Entre éstos encontramos un nombre de animal, usado entonces como nombre de pila: Sancho Ochoa.
  5. Finalmente sustantivos y adjetivos, simplemente yuxtapuestos al nombre, que parecen aludir no a particularidades personales, sino al lugar de nacimiento o residencia del portador y a sus características: Miguel Goyena de Auiçu, Pero Larrea lit. "el prado", Sancho Mutio, Peydro Uurrena, etc. Este es el tipo que tanto abunda en los apellidos actuales.

El estudio de esta lista medieval, en cuyo comentario hemos seguido a Fr. Ignacio Omaechevarría, nos ofrece una base sólida para clasificar los apellidos posteriores y particularmente los actuales, con la salvedad de que la proporción de los distintos tipos no es la misma. Por el origen, tenemos dos clases claramente delimitadas:

  1. Los que proceden de designaciones personales: nombres propios (Ochoa), motes (Andia, Ederra, Beguieder, Sein), nombres de oficio, etc.
  2. Los que originariamente designaban un lugar. Como los últimos constituyen por mucho el grupo más numeroso, copio aquí la clasificación que Julio Caro Baroja (Los Vascos. Etnología, 81) hace de los nombres de lugares habitados:
    1. los relacionados con los personales, de poseedores de antiguos "fundi" y "villae" [muchos de los acabados en - ain, etc.]
    2. los nombres de santos.
    3. nombres de otro tipo descriptivo o alusivo fáciles de traducir por el vasco actual". Estos últimos son a su vez los más numerosos entre los apellidos conocidos. Y, tratándose de apellidos, debe tenerse en cuenta un grupo muy numeroso, el de los terminados en-(r)ena, -(r)enea, que se refieren a casas, no a poblaciones, y son de origen relativamente reciente, y son también nombres relacionados con los personales.

En cuanto a su historia en los últimos tiempos, que en buena parte está por estudiar, me limito aquí a alguna observación aislada. Una cuestión que convendría investigar es la de los apellidos empleados por grupos extraños al país (gitanos, quizá moriscos en el país vasco-francés) o que, por lo menos, tuvieron en él una vida separada (agotes). El P. Omaechevarría ha reseñado muy bien cómo aún en el siglo XVI los apellidos no tenían la fijeza que actualmente poseen, sino que "el apellido toponímico sólo significaba que el individuo portador del mismo era natural o vecino del solar o lugar así llamado". Es sabido también que este uso ha tenido una larga pervivencia hasta nuestros días, fuera de la esfera oficial. Los patronímicos, por su parte, que originariamente variaban como es natural con el nombre del padre, acabaron también por fijarse y constituir una parte inalterable de los apellidos, de modo análogo a como se fijaron los apodos o nombres de profesión. No es necesario recordar aquí, por ser bien conocido, que mientras en Álava se ha tendido a conservar los apellidos dobles -y, en todo caso, al menos ahora, cuando se simplifican tiende a conservarse el patronímico con el consiguiente aumento de López, Pérez, etc.-, en las demás regiones vascas se ha abandonado por lo general el patronímico, conservándose la última parte, la toponímica, sin duda por parecer ésta más característica. Menos conocida es la sustitución de apellidos vascos por apellidos románicos que ha documentado para Navarra E. de Munarriz Urtasun (RIEV, XIV, 401-403).

Si tomamos como ejemplo el documento de donación del monasterio de Varría (San Agustín de Echevarría, en Elorrio), en el año 1053, encontramos ya los nombres seguidos de un patronímico y de un apellido que indicaba la procedencia de sus portadores: Eneco Lupiç de Laçkanu, Gomiz fortuniç de formaiftegui, Nunuso NarriateF de Lohinaç, Gideri Momeç de Ankelo (et suo germano Acenari Momeç de Alubarro), Sancio Telluç de Olhabehe çahar, etc. Pocos son los que no llevan más que el patronímico: Senior lupe ahoftarrif, Urrana Uitacoç, etc.; y uno sólo sin el patronímico: Nunnuto Miotaco, con el sufijo vasco - ko "de". Pero para la mejor comprensión de las distintas clases de apellidos vascos y de su origen, nada mejor que una documentación de carácter más popular, la serie de nombres tomados del Libro Rubro o libro de las cuentas del monasterio de Iranzu con sus collazos, escrito en su mayor parte en el siglo XIII y publicado por D. José María Lacarra.

En esta lista encontramos:

  1. Los apellidos que, como en el documento antes citado, señalan la procedencia -pueblo o casa- de su portador, y que constituyen sin duda la parte más numerosa de los apellidos vascos posteriores: Pero de Aytepuyn, Lop de Lauairia, Sancha de Larraiyça, Martin de Muru, etc. A su lado forman un grupo numeroso aquellas designaciones que en general no se han conservado y que, como el Nunnuto Miotaco antes mencionado, llevan el sufijo vasco - ko en vez de su equivalente románico de: Domenga y Miquele Bassoco "del bosque", Orti y Sancha Bassauilco, Miguel Baraceco "de la huerta", Sancha Bicuetaco "de las higueras", Garcia Etayuco "de Etayo", Pedro laurico, acaso jauregiko "del palacio", Pero Iturrietaco "de las fuentes", Toda Larrayn eguico "de Larrañegui", Toda munoco "Toda de la colina", Maria Sarrico "de la espesura", Garcia y Pero Urrutico "de lejos", Maria Cubico e Peydro de la Puent su marido (zubi "puente").
  2. Los patronímicos, solos o acompañados de otro apellido: Toda Açriz quel dezian ardan buru, Semen Barbaz (cf. top. Barbatain, lat. Barbatus, gen. Barbati), Garcia Carloyz, Orti Enecoyz, Lope Erascoyz, Uenega Martiniz, Pero Ochandyz, Lope Seiñez (acaso del vasco sei(n)"niño", (ya citado a propósito de las inscripciones aquitanas), etc.; Pero Arceyz de Vidaurre, Gonfaluo Garceiz de Odiaga, Ochoa Marcuiz de Ylardia, Remir Mochorroyz de Auarçuça, etc.
  3. Adjetivos con artículo que constituyen una especie de mote o apodo: Lope Andia "el grande", Domenca Beguiurdiña "la de ojos azules", Johan Belça "el negro", Toda Çuria de Ayllo "la blanca", Domingo Chipia "el pequeño", Sancha ederra "la hermosa", Garcia Ezquerra "el zurdo", Lope Gutia (guti "poco"), Domingo Landerra "el forastero", Domingo Latça "el áspero", Sancho Leuna "el suave", Orti y Sancho Ona "el bueno", Pedro Sendoa "el robusto" (hay Urraca Sendoa en Navarra en 1107).
  4. Sustantivos con artículo, de tipos variados, empleados como apodos o indicadores de la condición de su portador: Pero Buztaina (Landuchio vuztayña "cola"), Domingo Echayuna (cf. etxajaun "propietario de casa" o mejor Landuchio esçajauna "drasgo o duende", Refr. y Sentencias esa jaun "duende"), Domingo Erlea "la abeja", Gra (Gracia?) Sauela lit. "el vientre". Entre éstos encontramos un nombre de animal, usado entonces como nombre de pila: Sancho Ochoa.
  5. Finalmente sustantivos y adjetivos, simplemente yuxtapuestos al nombre, que parecen aludir no a particularidades personales, sino al lugar de nacimiento o residencia del portador y a sus características: Miguel Goyena de Auiçu, Pero Larrea lit. "el prado", Sancho Mutio, Peydro Uurrena, etc. Este es el tipo que tanto abunda en los apellidos actuales.

El estudio de esta lista medieval, en cuyo comentario hemos seguido a Fr. Ignacio Omaechevarría, nos ofrece una base sólida para clasificar los apellidos posteriores y particularmente los actuales, con la salvedad de que la proporción de los distintos tipos no es la misma. Por el origen, tenemos dos clases claramente delimitadas:

  1. Los que proceden de designaciones personales: nombres propios (Ochoa), motes (Andia, Ederra, Beguieder, Sein), nombres de oficio, etc.
  2. Los que originariamente designaban un lugar. Como los últimos constituyen por mucho el grupo más numeroso, copio aquí la clasificación que Julio Caro Baroja (Los Vascos. Etnología, 81) hace de los nombres de lugares habitados:
    1. los relacionados con los personales, de poseedores de antiguos "fundi" y "villae" [muchos de los acabados en - ain, etc.]
    2. los nombres de santos.
    3. nombres de otro tipo descriptivo o alusivo fáciles de traducir por el vasco actual". Estos últimos son a su vez los más numerosos entre los apellidos conocidos. Y, tratándose de apellidos, debe tenerse en cuenta un grupo muy numeroso, el de los terminados en-(r)ena, -(r)enea, que se refieren a casas, no a poblaciones, y son de origen relativamente reciente, y son también nombres relacionados con los personales.

En cuanto a su historia en los últimos tiempos, que en buena parte está por estudiar, me limito aquí a alguna observación aislada. Una cuestión que convendría investigar es la de los apellidos empleados por grupos extraños al país (gitanos, quizá moriscos en el país vasco-francés) o que, por lo menos, tuvieron en él una vida separada (agotes). El P. Omaechevarría ha reseñado muy bien cómo aún en el siglo XVI los apellidos no tenían la fijeza que actualmente poseen, sino que "el apellido toponímico sólo significaba que el individuo portador del mismo era natural o vecino del solar o lugar así llamado". Es sabido también que este uso ha tenido una larga pervivencia hasta nuestros días, fuera de la esfera oficial. Los patronímicos, por su parte, que originariamente variaban como es natural con el nombre del padre, acabaron también por fijarse y constituir una parte inalterable de los apellidos, de modo análogo a como se fijaron los apodos o nombres de profesión. No es necesario recordar aquí, por ser bien conocido, que mientras en Álava se ha tendido a conservar los apellidos dobles -y, en todo caso, al menos ahora, cuando se simplifican tiende a conservarse el patronímico con el consiguiente aumento de López, Pérez, etc.-, en las demás regiones vascas se ha abandonado por lo general el patronímico, conservándose la última parte, la toponímica, sin duda por parecer ésta más característica. Menos conocida es la sustitución de apellidos vascos por apellidos románicos que ha documentado para Navarra E. de Munarriz Urtasun (RIEV, XIV, 401-403).

Si tomamos como ejemplo el documento de donación del monasterio de Varría (San Agustín de Echevarría, en Elorrio), en el año 1053, encontramos ya los nombres seguidos de un patronímico y de un apellido que indicaba la procedencia de sus portadores: Eneco Lupiç de Laçkanu, Gomiz fortuniç de formaiftegui, Nunuso NarriateF de Lohinaç, Gideri Momeç de Ankelo (et suo germano Acenari Momeç de Alubarro), Sancio Telluç de Olhabehe çahar, etc. Pocos son los que no llevan más que el patronímico: Senior lupe ahoftarrif, Urrana Uitacoç, etc.; y uno sólo sin el patronímico: Nunnuto Miotaco, con el sufijo vasco - ko "de". Pero para la mejor comprensión de las distintas clases de apellidos vascos y de su origen, nada mejor que una documentación de carácter más popular, la serie de nombres tomados del Libro Rubro o libro de las cuentas del monasterio de Iranzu con sus collazos, escrito en su mayor parte en el siglo XIII y publicado por D. José María Lacarra.

En esta lista encontramos:

  1. Los apellidos que, como en el documento antes citado, señalan la procedencia -pueblo o casa- de su portador, y que constituyen sin duda la parte más numerosa de los apellidos vascos posteriores: Pero de Aytepuyn, Lop de Lauairia, Sancha de Larraiyça, Martin de Muru, etc. A su lado forman un grupo numeroso aquellas designaciones que en general no se han conservado y que, como el Nunnuto Miotaco antes mencionado, llevan el sufijo vasco - ko en vez de su equivalente románico de: Domenga y Miquele Bassoco "del bosque", Orti y Sancha Bassauilco, Miguel Baraceco "de la huerta", Sancha Bicuetaco "de las higueras", Garcia Etayuco "de Etayo", Pedro laurico, acaso jauregiko "del palacio", Pero Iturrietaco "de las fuentes", Toda Larrayn eguico "de Larrañegui", Toda munoco "Toda de la colina", Maria Sarrico "de la espesura", Garcia y Pero Urrutico "de lejos", Maria Cubico e Peydro de la Puent su marido (zubi "puente").
  2. Los patronímicos, solos o acompañados de otro apellido: Toda Açriz quel dezian ardan buru, Semen Barbaz (cf. top. Barbatain, lat. Barbatus, gen. Barbati), Garcia Carloyz, Orti Enecoyz, Lope Erascoyz, Uenega Martiniz, Pero Ochandyz, Lope Seiñez (acaso del vasco sei(n)"niño", (ya citado a propósito de las inscripciones aquitanas), etc.; Pero Arceyz de Vidaurre, Gonfaluo Garceiz de Odiaga, Ochoa Marcuiz de Ylardia, Remir Mochorroyz de Auarçuça, etc.
  3. Adjetivos con artículo que constituyen una especie de mote o apodo: Lope Andia "el grande", Domenca Beguiurdiña "la de ojos azules", Johan Belça "el negro", Toda Çuria de Ayllo "la blanca", Domingo Chipia "el pequeño", Sancha ederra "la hermosa", Garcia Ezquerra "el zurdo", Lope Gutia (guti "poco"), Domingo Landerra "el forastero", Domingo Latça "el áspero", Sancho Leuna "el suave", Orti y Sancho Ona "el bueno", Pedro Sendoa "el robusto" (hay Urraca Sendoa en Navarra en 1107).
  4. Sustantivos con artículo, de tipos variados, empleados como apodos o indicadores de la condición de su portador: Pero Buztaina (Landuchio vuztayña "cola"), Domingo Echayuna (cf. etxajaun "propietario de casa" o mejor Landuchio esçajauna "drasgo o duende", Refr. y Sentencias esa jaun "duende"), Domingo Erlea "la abeja", Gra (Gracia?) Sauela lit. "el vientre". Entre éstos encontramos un nombre de animal, usado entonces como nombre de pila: Sancho Ochoa.
  5. Finalmente sustantivos y adjetivos, simplemente yuxtapuestos al nombre, que parecen aludir no a particularidades personales, sino al lugar de nacimiento o residencia del portador y a sus características: Miguel Goyena de Auiçu, Pero Larrea lit. "el prado", Sancho Mutio, Peydro Uurrena, etc. Este es el tipo que tanto abunda en los apellidos actuales.

El estudio de esta lista medieval, en cuyo comentario hemos seguido a Fr. Ignacio Omaechevarría, nos ofrece una base sólida para clasificar los apellidos posteriores y particularmente los actuales, con la salvedad de que la proporción de los distintos tipos no es la misma. Por el origen, tenemos dos clases claramente delimitadas:

  1. Los que proceden de designaciones personales: nombres propios (Ochoa), motes (Andia, Ederra, Beguieder, Sein), nombres de oficio, etc.
  2. Los que originariamente designaban un lugar. Como los últimos constituyen por mucho el grupo más numeroso, copio aquí la clasificación que Julio Caro Baroja (Los Vascos. Etnología, 81) hace de los nombres de lugares habitados:
    1. los relacionados con los personales, de poseedores de antiguos "fundi" y "villae" [muchos de los acabados en - ain, etc.]
    2. los nombres de santos.
    3. nombres de otro tipo descriptivo o alusivo fáciles de traducir por el vasco actual". Estos últimos son a su vez los más numerosos entre los apellidos conocidos. Y, tratándose de apellidos, debe tenerse en cuenta un grupo muy numeroso, el de los terminados en-(r)ena, -(r)enea, que se refieren a casas, no a poblaciones, y son de origen relativamente reciente, y son también nombres relacionados con los personales.

En cuanto a su historia en los últimos tiempos, que en buena parte está por estudiar, me limito aquí a alguna observación aislada. Una cuestión que convendría investigar es la de los apellidos empleados por grupos extraños al país (gitanos, quizá moriscos en el país vasco-francés) o que, por lo menos, tuvieron en él una vida separada (agotes). El P. Omaechevarría ha reseñado muy bien cómo aún en el siglo XVI los apellidos no tenían la fijeza que actualmente poseen, sino que "el apellido toponímico sólo significaba que el individuo portador del mismo era natural o vecino del solar o lugar así llamado". Es sabido también que este uso ha tenido una larga pervivencia hasta nuestros días, fuera de la esfera oficial. Los patronímicos, por su parte, que originariamente variaban como es natural con el nombre del padre, acabaron también por fijarse y constituir una parte inalterable de los apellidos, de modo análogo a como se fijaron los apodos o nombres de profesión. No es necesario recordar aquí, por ser bien conocido, que mientras en Álava se ha tendido a conservar los apellidos dobles -y, en todo caso, al menos ahora, cuando se simplifican tiende a conservarse el patronímico con el consiguiente aumento de López, Pérez, etc.-, en las demás regiones vascas se ha abandonado por lo general el patronímico, conservándose la última parte, la toponímica, sin duda por parecer ésta más característica. Menos conocida es la sustitución de apellidos vascos por apellidos románicos que ha documentado para Navarra E. de Munarriz Urtasun (RIEV, XIV, 401-403).

Koldo Mitxelena Elissalt

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