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Félix Urabayen Guindo


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Novelista navarro. Nacido en Ultzurrun el 10 de junio de 1883, fallece en Madrid el 2 de febrero de 1943.

De familia liberal, pasa pronto a residir a Pamplona como hijo de un empleado de la Diputación. Estudió Magisterio, primero en Pamplona, y luego, en Zaragoza. Se nutre, durante estos años, de literatura clásica grecolatina y del Siglo de Oro español, admira a Pérez Galdós y a los maestros del 98, en especial Baroja y Ganivet. Ejerció de maestro en Urzainqui y en otros pueblecitos navarros. Después, fue profesor en Pamplona.

Catedrático en la Normal de Salamanca, llega a Toledo hacia 1914, donde será director de la Escuela Normal desde 1932 y en la que residirá hasta la guerra. Esta ciudad equivaldrá en Urabayen a la Salamanca unamuniana protagonizando varias de sus principales obras. No fue ajeno a este enamoramiento la contemplación-meditación sobre el Greco, al que hará revivir en su primera novela Toledo: Piedad (1920) protagonizada por su mujer, Mercedes de Priede, profesora de la Normal. En ella se simboliza el descubrimiento de Castilla por Vasconia, tema habitual del 98. La crítica va a recibirla con gran interés.

En el paréntesis de un año en que reside en Badajoz escribe La última cigüeña (1921) que iniciándose en una de las rutas de salida de Julián Gayarre camino de Pamplona y en otra del famoso capitán Pedro Navarro para evadirse de la vida montañesa desemboca en el descubrimiento de Extremadura por un vasco de la montaña. Le siguen varias novelas de ambiente toledano o navarro: Toledo, la despojada, El barrio maldito (1925; sobre el tema de los agotes de Bozate, Arizkun), Centauros del Pirineo (1928; el mundo de los contrabandistas vascos), Por los senderos del mundo creyente (1928), Vidas difícilmente ejemplares (1930), Tras de trotera, santera (1932), Serenata lírica a la vieja ciudad (1933), Estampas del camino (1934; a destacar las "Estampas de mi raza" que dedica a Vasconia y, entre éstas, a Donostia) y Don Amor volvió a Toledo (1936).

Urabayen, típico ejemplar de intelectual liberal con hondas preocupaciones sociales, no pudo sustraerse a la tragedia de 1936. Amigo personal de Azaña, fue nombrado Consejero de Cultura del Gobierno republicano y postuló en las elecciones de febrero de 1936. Desempeña el cargo hasta el estallido bélico, abandonando Madrid a los meses. Marcha con su familia a Alicante donde permanece desde 1937 a 1939 y escribe su postrera novela Bajo los robles navarros que no verá la luz hasta 1965. A su regreso a Madrid, consciente de que se le busca, se refugia en la embajada de México. Es encarcelado, enfermo de cáncer, durante tres años en los que coincide con Buero Vallejo y Miguel Hernández. Cuando sale, en 1942, le queda poca vida ya; fallece en Madrid el 2 de febrero de 1943.

Es curioso constatar que así como su hermano, el geógrafo Leoncio, se inclina por una visión humanizada de la tierra, en Félix, el novelista de honda preocupación social, es la tierra, -el paisaje rural o urbano-, la geografía misma, la que se transparenta a través de unos personajes de caracteres más que someros. Porque aquello en lo que Urabayen descuella es en una prosa pausada, finamente cincelada, elegante en la que aflora la sólida formación clasicista del navarro y un juvenil brío irónico que le emparenta con su paisano Baroja. De la ironía a la sátira va un paso: el que da para describir a toda una serie de personajes picarescos que desfilan sobre todo en su Vidas difícilmenete ejemplares aunque no falten en el resto de su novelística. Porque la apoyatura habitual de sus novelas es muchas veces la estampa que ha publicado en los periódicos, en especial las que reprodujo desde 1925 a 1936 el diario madrileño El Sol donde aparecieron espléndidas piezas de Urabayen recogidas por su sobrino Miguel en Folletones en "El Sol" de Félix Urabayen (Príncipe de Viana, Pamplona, 1983). Conviene recordar, finalmente, que nuestro autor también incursionó en el género histórico con su Cómo han visto Toledo y su paisaje algunos escritores del siglo XIX. En 1985 se rindió a Urabayen un homenaje en Ulzurrum. El ayuntamiento de Toledo constituyó un premio "Ciudad de Toledo" cuya sección de novela corta recibe su nombre.

Ainhoa Arozamena Ayala


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