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Urraca


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Reina de Castilla y León, de Pamplona y Aragón, nació en 1077 y murió en Saldaña el 8 de marzo de 1126.

En edad nubil la casó su padre, Alfonso VI, con Ramón de Borgoña. En 1107 murió don Ramón y dos años más tarde, en 1109, Alfonso VI, recayendo el cetro de Castilla y León en manos de doña Urraca que contaba entonces 30 años de edad, y que poco después contrajo matrimonio con Alfonso I el Batallador de Pamplona y Aragón. Los nobles castellanos habían acudido a todos los recursos para impedir la boda comisionando al judío que atendía al rey de Castilla, cada vez más enfermo, para que influyera en su ánimo. Todo fue inútil. Pudo más la influencia del arzobispo de Toledo y obispos del reino a favor de su matrimonio con Alfonso I. Tres especificaciones se señalaron en las capitulaciones acordadas con motivo de la boda: arras y dote acordadas por el marido a su esposa, derechos que cada uno de ellos tendría en los dominios de su cónyuge y sucesión en caso de muerte sin descendencia. Urraca aportaba la dote anterior al matrimonio que consistía en una serie de castillos como los de Estella, Sos o Uncastillo, Ejea, Huesca, Montearagón, Jaca y otros.

A esta dote se sumarían todas las tierras aportadas por Alfonso I el Batallador. Este aportaría sus reinos y tierras y recibiría en compensación los reinos de León y de Castilla heredados por Urraca. Urraca recibiría el vasallaje y ejercería su soberanía en los reinos de su marido y Alfonso el Batallador, en los reinos de su mujer. En caso de fallecimiento de uno de los reyes consortes, heredaría el hijo y de no tenerlo, el sobreviviente, marido o mujer. Si sobreviviere Alfonso reinaría en todos los reinos, los suyos y los de su esposa, y ésta, en caso contrario, sobre los suyos propios y los de su marido. En caso de fallecimiento de ambos sin descendencia sucedería en el trono Alfonso Raimúndez, hijo del primer matrimonio de Urraca. Pronto surgieron los descontentos, familiares y amigos de Alfonso Raimúndez que vivía en Galicia y del mismo modo Teresa, hermana bastarda de Urraca. Entretanto, Urraca fue recibiendo homenaje en los reinos de Pamplona y de Aragón y viceversa, Alfonso, el de los reinos de Castilla y de León.

A la conspiración gallega se sumó la eclesiástica: algunos obispos amenazaban con la excomunión a ambos esposos por ser parientes cercanos, biznietos de Sancho el Mayor. Alfonso I entró en Castilla armado y con ejército. Los señores castellanos no daban señales de inquietud ni siquiera el ex-pretendiente burebano a quien se le venía llamando "Conde de Castilla". Urraca, en carta de 1110, llama a su marido Alfonso "Emperador de León y Rey de toda España". A su vez, el rey, termina su carta llamándose Emperador en Castilla, Galicia, Pamplona, Aragón y Sobrarbe. Es bien molesto para un hombre como el Batallador, ansioso de grandes empresas, encontrarse con problemas familiares de solución imposible. Su esposa, la reina Urraca,

"miraba con buenos ojos y sobrado cariño al conde don Gómez de Camdespina. Y, ora fuese el cariño reciente, ora antiguo y admitido más fácilmente con la flaca disculpa de matrimonio esperado al tiempo, que los grandes de Castilla y León le proponían para él al Rey su padre, al conde don Gómez, la reina le había dado tanto entrada en su favor, que se notaba ya al principio con murmullo sordo y después, con voces descubiertas"

(Moret).

Tras estas andanzas cortesanas se ocultaban viejas aspiraciones e intereses. El Conde Carrión, don Pedro Asúrez, quiso remediar los males que se avecinaban advirtiendo respetuosamente a la reina, como antiguo ayo suyo, sobre la mala fama que de sus costumbres corría por todo el reino. Esta, iracunda, le despojó de todos sus honores y señoríos. El Batallador le repuso en los señoríos quitados y le añadió algunos heredamientos en Navarra. Las desavenencias entre Urraca y su marido crecían cada día. Pero la mala sombra de la reina crece, sin duda, al descubrirse otro nuevo competidor, el conde don Pedro González de Lara, sobrino de don Gómez. Tío y sobrino se disputan ahora los favores de la Reina. Y todo esto hubiera sido muy poca cosa de no mediar la gran trabazón de amistades que tenían ambos condes con toda la nobleza leonesa y castellana. Alfonso, temiendo una conspiración, prefirió ir a la sorda encargando las tenencias y gobiernos de algunas de las principales fortalezas de sus reinos a caballeros pamploneses y aragoneses. Hecho esto, encerró a la reina en el Castelar, sobre Zaragoza, una plaza fuerte fundada por su padre a orillas del Ebro.

La reina no permaneció mucho tiempo en el encierro. Sobornando a los guardas logró escapar (1111) huyendo a Castilla. Con ello se abre un período de anarquía en el que son frecuentes las rupturas y reconciliaciones, los pactos y defecciones de unos y otros, hoy a favor, mañana en contra, en una enmarañada lucha entre gallegos, leoneses, castellanos, portugueses, aragoneses, gascones y navarros. Herido en su honor Alfonso llevó a la reina a Soria y en presencia de nobles y prelados la repudió públicamente dejándole en libertad pero reteniendo los reinos dotales de Castilla y León por haber sido su esposa la motivadora del divorcio. Este acto fue interpretado muy diversamente y trajo fatales consecuencias y la división de sus súbditos en varias facciones, una de ellas la de Galicia que propiciaba la coronación del hijo de Urraca, Alfonso Raimúndez.

A raíz de este repudio hacia 1116 se retuvieron Alava, Guipúzcoa, Vizcaya, Bureba, Rioja y montes de Oca como parte integrante del Reino de Pamplona y también Soria, Burgos, Castrojeriz y Carrión de los Condes sin justo título. Rige los destinos de Vizcaya don Diego López obligado por su situación a seguir una política ambigua que oscila ahora entre doña Urraca y don Alfonso I el Batallador, que domina en Grañón, Buradón, Haro, Alava, Vizcaya y Nájera. En 1110 se le ve en las huestes de doña Urraca, todavía sin separarse de su marido, cuando llegan a la Rioja camino de Zaragoza. En 1113 se le ve gobernando en Vizcaya, Alava y el castillo de Buradón: "Sennor Didaco Lopiz dominanti castri Buradonis, Alavae et Vizcaiae testis". Como se sabe, a fines de 1111 habían ya roto Urraca y Alfonso. De ahí arranca su política en favor de uno o de otro según las circunstancias. Urraca conspira abiertamente presentando a su hijo Alfonso VII como rey de León. En 1116 las facciones favorables a la reina Urraca deseaban extender su dominio a la Rioja y la Bureba con la cooperación de Diego López de Haro que tenía en su gobierno a Nájera y sus comarcas. Dichas facciones preveían que tanto la Rioja como Bureba conservaban viva la memoria de su integración en el reino de Pamplona.

Muchos de los que vivían fueron testigos de las violencias de que fueron objeto para desmembrarlas del Reino. Presentían Gómez González y don Pedro Gutiérrez de Lara que llegado el caso "pelearían con coraje y brío por conservarse miembros de aquel cuerpo al que les unía la lengua, los lazos de parentesco y la tradición" (Moret). Por eso su primer paso había sido atraerse al señor de Vizcaya don Diego López. En agosto de 1116 la guerra se había situado delante de Haro, residencia del señor de Vizcaya. Las fuerzas del Batallador habían ocupado hacia 1112 Nájera, poniendo por gobernador a don Fortuño Garcés Caissal sustituyendo así al rebelde Diego López. Venían con el Batallador los obispos de Palencia, Huesca, Barbastro, Pamplona, Nájera y los señores de Funes, Calahorra, Nájera, Cerezo, Marañón y otros. El triunfo fue ahora para Alfonso I el Batallador. En la carta de donación de Nuestra Señora de Valvanera expedida por el Rey se hace alusión a esta guerra contra el señor de Vizcaya: "Facta carta donationis, era MCLIIII in mense Augusti in ipso Castello novo ante Farum, quando Didaco Lópiz erat in guerra cum Rege jam dicto Adefonso" (Govantes, Diccionario Rioja, p. 259). Hecha la carta de donación, el 1154 de la era, en el mes de agosto en el mismo castillo nuevo ante Faro, cuando Didaco (Diego) Lópiz estaba en guerra con el rey ya dicho Alfonso. Se supone que don Diego López de Haro se refugiaría en Vizcaya a la espera de los acontecimientos. Estos llegaron en 1117 cuando los gallegos proclamaron rey a Alfonso VII, hijo de Urraca, y recibió la consagración real en Compostela de manos del obispo Gelmírez. El primer hecho de armas fue la invasión de la Rioja por las facciones de Castilla, León y Galicia.

El ejército lo dirigía la reina Urraca y su hijo que fue proclamado rey en Nájera. Don Diego López de Haro es uno de los personajes principales de la expedición a sus viejos dominios. En un documento del 22 de enero de 1117 firma don Diego López de Haro. Se trata de una confirmación real de los privilegios fundacionales de Santa María de Nájera. Con el séquito real de Urraca vinieron entre otros don Diego Gelmírez, obispo de Compostela; Bernardo, arzobispo de Toledo; Pascual, obispo de Burgos; Pedro, obispo de Palencia; Diego, obispo de León; Pelayo, obispo de Oviedo; Pelayo, obispo de Astorga, y los condes Pedro Asúrez, Pedro González, Suario Bermúdez, Gutierre Fernández, Mayordomo de la Reina, y Pedro, paje de armas. Alfonso I el Batallador en cuanto tuvo noticia de esta invasión se dirigió a la Rioja y recobró inmediatamente todo lo perdido. Diego López de Haro jugaba al mejor postor pues se le ve confirmar en Nájera la donación que expidió a favor de Santa María de Nájera el rey Batallador: "... Didaco Lópiz de Faro confirmat". Desde esta fecha vuelve a ejercer el señorío de Nájera y se le ve participar en la conquista de Zaragoza y Tudela. Entre los documentos de la época figura la carta de fueros que el Batallador dio a Funes, Marcilla y Peñalén en 1120. Entre los confirmantes figura don Didaco Lópiz "in Nájera".

Esto prueba que se hallaba en buenas relaciones con el Batallador. En 1122, éstas debían haberse roto, ya que figura como señor de Nájera otra persona, "sennior Fortun Garceiz Caxal". Parece ser que este año se había repetido la invasión de la Rioja por las huestes de Urraca y su hijo Alfonso VII mientras el Batallador se hallaba de campaña en Cataluña, Valencia, Murcia y Almería. A eso se debe que Urraca expida en 1124 una donación a Santa María de Nájera concediéndole el monasterio de Treviño y la villa de Alcocer. Entre los caballeros firmantes figura de nuevo Diego López de Haro: "Diego Lópiz filio de Lope de Vizcaya". Durante la expedición de Alfonso I el Batallador a Andalucía, cuando ya regresaba a sus reinos, murió la reina doña Urraca el 8 de marzo de 1126.


Bernardo Estornés Lasa


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