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VIANA


El asunto de la "tailla"

El asunto de la "tailla". Según reseña Yanguas y Miranda, en 1301 los vianeses tuvieron "algunas contiendas" acerca de la tailla (repartimiento vecinal de las contribuciones para las fortificaciones y otras necesidades de la villa) y acudieron al gobernador del reino Alfonso Robray para que hiciese justicia. El gobernador declaró que el concejo eligiese diez hombres buenos que bajo juramente apreciasen las casas y las heredades de todo el territorio de Viana y de sus aldeas, según su clase de viñas, piezas, etc., por barrios, campos y términos, formando una escala del valor general que se aplicase a cada barrio y campo o término; que esta tasación se pusiese en un libro y lo entregasen al concejo; que hecho esto, los jurados, comenzando desde un cabo de la villa, hiciesen jurar a cada uno de los vecinos, declarando cuántas casas tenían y cuántas heredades, en qué parajes o términos, los arrienzos u obradas de las viñas y las cahizadas de las piezas, y que verificada esta operación a presencia de los mismos interesados, mirando el libro de la clasificación de los diez, hiciesen escribir en otro libro el rolde de los bienes manifestados, aplicandoles su valor respectivo y la suma total de él. Que si en lo sucesivo se hiciesen mejoras en las casas, no pasando de 20 libras, no se hiciese novedad en las listas catastradas, pero si pasase de esa cantidad, los jurados apreciasen dicho valor y lo aumentasen a la suma. Que si se arruinase alguna casa y el dueño tuviese con que reedificar, se le diesen dos años de tiempo para hacerlo, y que durante ellos fuese libre de pagar tailla; pero pasando el término sin reedificar se le considerase como si la casa estuviese en pie. Que si el dueño de la casa derruida fuese pobre, sólo pagase la tailla por el solar apreciado por los jurados. Que si alguno hiciese viña de sus piezas, los cinco años primeros sólo pagase por pieza, y después como viña, según el precio del término donde estuviese situada. Que si la viña se volviese pieza pagase como pieza. Que sabida la suma total de las casas y heredades del pueblo, se hiciesen los repartimientos sobre ella por sueldo y por libra, según fuese menester para los muros, fuertes, puentes, hueste, homicidios, etc. Que en cuanto a los ganados y muebles, los jurados hiciesen jurar a cada vecino declarando el valor que tuvieren, y que fuesen creídos bajo su juramento; pero al tiempo de repartir se echase doble cantidad a esta clase de bienes que a los raíces, por que el mueble se puede esconder, é porque pacen con sus ganados las yerbas, é beben las agoas, é porque son quitos de peajes, que es franqueza de la villa. Que en respecto a los que no tenían heredamientos, ni muebles, sino que vivían de sus oficios, impusieran a cada uno por cabezas, teniendo la edad de 16 años arriba, 12 dineros al año. Que cada año se rectificase el padrón teniendo presentes las trasmisiones de propiedades que hubiesen ocurrido. (Ref. José Yanguas y Miranda).

Ainhoa Arozamena Ayala


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