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TOPO


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Zoología

El tipo característico de topo europeo, tiene el hocico liso, la cola regular, y su dentadura consta de 44 dientes. El topo que habita nuestro país, mide 14 cm. de largo; la cola 1 cm. y su altura es de 5 cm. Este animal no puede ocultar en ninguna parte su presencia, pues está obligado a formar nuevos montones de tierra para poder seguir viviendo. Los montones de tierra indican la dirección y extensión del terreno de caza elegido por el animal. El vulgo los conoce con el típico nombre de toperas. Su necesidad le obliga a ensanchar el círculo que recorre, abriendo de continuo, a una ligera profundidad, varios conductos horizontales, formando las toperas con el material extraído. Estas toperas llegan a tener hasta 24 m. de largo. El compartimiento que sirve de habitación al topo, está dispuesto con todo el arte posible; comúnmente se halla en un lugar a donde es difícil llegar desde el exterior, puesto que pasa debajo de unas raíces, una pared, etc. Las galerías que con él se comunican, sólo sirven algún tiempo; el animal no las utiliza sino para buscar su alimento y, en vez de consolidarlas, arroja de vez en cuando a la superficie la tierra extraída, indicando así su marcha. Los topos salen a cazar tres veces al día; por la mañana, al mediodía y por la tarde; de modo que recorren seis veces su galería principal. Nuestros campesinos conocen perfectamente estas costumbres. Y esperan en silencio a la hora en que continúan estos trabajos en la última topera. Cuando más entretenidos se hallan en su trabajo, le cortan la galería con una azada, quedando fuera el animal, donde es rematado al instante. Se le captura también con cepos. El topo, con el auxilio de los vigorosos y robustos músculos de la nuca, de sus manos en forma de palma y su poderoso hocico, penetra en la tierra y la convierte en arena con sus fuertes patas anteriores, arrojándola hacia atrás con una rapidez extraordinaria; mientras dura su trabajo de peón campesino, el animal está cubierto de una capa de tierra removida de 14 a 16 cm. de espesor. Y en un terreno blando adelanta con una rapidez sorprendente. El naturalista C. Vogt examinó el sistema dentario de este animal. De tal examen estableció que tiene 24 dientes, cortantes y puntiagudos, caninos que parecen puntas de puñal y mandíbulas que se asemejan a sierras, que no son solamente de animales herbívoros. Este mamífero se alimenta de insectos y sus larvas. Como también de abejorros, grillos y cucarachas, gustándole también las limazas; la musaraña, el ratón y el lagarto que se pierde en la galería de su morada. El hambre del topo es insaciable; necesita cada día una cantidad de alimentos que iguale al peso del mismo, no pudiendo estar más de doce horas sin ingerir alimento, so pena de morir de hambre. La trompa de este animal es tan movible, que le sirve de órgano de tacto; tiene el oído excelente y le sirve sobre todo para escapar del peligro. En cuanto a la vista, el topo de nuestro país, tiene ojos que le sirven lo bastante para distinguir los objetos, pues se ha comprobado que con la vista se guía cuando atraviesa un riachuelo a nado, y sus fuertes brazos delanteros le sirven de remos, con los que avanza sin ninguna dificultad. Para reconocer su facultad visual, basta echar un topo al agua y se ve que, al momento, separa los pelos que cubren sus ojos y deja ver dos pequeños puntos negros salientes que le sirven para dirigirse. En proporción a su tamaño, el topo es un animal carnicero muy voraz. Es salvaje, no vive en paz con ser alguno como no sea con su pareja, pero también con ésta sólo en la época del celo. Durante el resto del año, no tolera la presencia de ningún animal en las inmediaciones de su morada, ni mucho menos dentro de ésta. Sólo la comadreja y la víbora se permiten recorrer imprudentemente aquellas tenebrosas galerías, para ir a buscar al topo que es víctima de estos enemigos. En la época del celo varía el método de vida; machos y hembras abandonan sus agujeros para vagar por la superficie del terreno, visitando otras guaridas. En la primavera, circula para buscar una pareja. Si encuentra algún rival, el macho lucha ferozmente con él y puede dominarlo. Encierra a su hembra en un sitio donde no pueda huir. Si ésta ha vuelto a recobrar su libertad el macho la persigue, obligándola a entrar de nuevo, acostumbrándola al fin a estar juntos. Los dos topos reunidos así, socavan juntos y la hembra construye un nido para sus hijuelos. Este nido es un agujero relleno de tallos, de plantas blandas, hojas y hierbas recogidas en la superficie del terreno. Por lo general está a bastante distancia de donde vive el topo, pero se halla enlazado con él por la galería principal. Después de cuatro semanas de gestación, pare de tres a cinco pequeños, que nacen con los ojos cerrados y sin pelo; son muy pequeños, pero al poco tiempo igualan en voracidad a sus padres y crecen con mucha rapidez. A los cinco meses, tienen ya casi la talla de sus padres, pero no abandonan todavía el nido, donde siguen recibiendo alimento por mediación de sus padres. Cuando nada turba su tranquilidad, aquellos animalitos suelen salir de su nido, llegan a la superficie del terreno y se entretienen jugueteando entre sí. Los primeros ensayos de estos hijuelos en el arte de renovar la tierra son incompletos, pero pronto se perfeccionan. En la primavera siguiente, son tan maestros como sus padres. Este animal no tiene sueño invernal como los demás insectívoros y caza todo el invierno, gusanos, insectos y demás animalitos de mayor tamaño. Además del ser humano, el topo tiene muchos más enemigos de los que parece, como son el veso, la comadreja, el mochuelo y algunas otras aves rapaces que le acechan continuamente para cazarlo. Su piel es muy fina y lustrosa, pero es poco apreciada a causa de su fuerte olor, tan persistente que no se encuentra ninguna preparación para hacerla aprovechable. Juan Pértica y A. Eceizabarrena.

Xabier Lasalle


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