La masonería en Vitoria.
La primera logia -"Les amis de Saint-Joseph Réunis"- fue abierta clandestinamente en 1809 por miembros del ejército francés. Fue oficial desde 1811 hasta 1813. Destacan en la historia masónica de Vitoria tres agrupaciones. La logia "Luz de Vitoria", erigida en noviembre de 1872-1877; la logia "Vitoria", fundada en diciembre de 1879 por su primer Venerable Fermín Herrán, con el nombre simbólico de "Emilio Castelar", que en 1881 tenía gran número de "hermanos" y estaba en plena expansión (uno de sus miembros fue el explorador Iradier), y el triángulo "Ciencia", organizado por Salinas Jaca, Castresana y Ramón López de Andueza "Sócrates", industrial vitoriano, nacido en 1882 e iniciado en 1926. La última referencia a este triángulo lo tenemos en 1923, desapareciendo al año siguiente todos los documentos sobre "Ciencia".
Conforme avanzaba 1873, la guerra se hizo más presente en Vitoria, aunque siguieran sin vivirse hechos de armas. El control carlista de la línea que une Miranda con la capital alavesa dejó a ésta bloqueada y sometida a graves problemas de desabastecimiento. Finalmente, cuando uno y otro bando decidieron trasladar la guerra al escenario alavés, en 1875, el conflicto se resolvió en beneficio de los gubernamentales en la batalla de Treviño o de Zumelzu, que deshizo el bloqueo sobre Vitoria y que señaló el principio del fin del poder militar carlista. Entre medio había tenido lugar un intento, encabezado por Ladislao de Velasco, de poner punto final a la guerra sobre la base de "paz con fueros". El rechazo de los carlistas no lo hizo posible. Sucedió a continuación el debate sobre la supresión definitiva de los fueros, en el que se significaron notablemente los sectores liberales de la ciudad (con la Junta Fuerista Liberal, del otoño de 1875, al frente): Herrán, Manteli, Montoya y, sobre todo, el diputado a Cortes, Mateo Benigno de Moraza. A pesar de los apasionados debates, la abolición foral se consumó con la ley de 21 de julio de 1876, quedando únicamente para el futuro -y de no poca importancia- la autonomía y particularidad fiscal que supondrían los Conciertos Económicos, suscritos a partir de 1878. En todo caso, la uniformidad política que conllevaba el fin de los fueros no encontró inmediatamente una posición receptiva entre las autoridades vascas, y tampoco entre las alavesas y vitorianas. Tanto desde la Diputación como desde el Ayuntamiento se resistió durante aproximadamente un año el proceso de incorporación a las pautas de actuación señaladas para el conjunto del país, así como el de la eliminación de los privilegios asociados al fuero. Ver FUERO. La corriente intransigente encontró en Alava un valedor de gran altura: el liberal Domingo Martínez de Aragón, último diputado general de la etapa foral. Pero tras diversas tensiones, pulsos, coacciones y nombramientos gubernativos, la corriente transigente fue abriéndose paso, de manera que hacia 1877 las diversas fuerzas políticas vitorianas procedieron a incorporarse a los nuevos rumbos de la vida pública. Otra cuestión es la economía. La contienda empobreció extraordinariamente a la provincia, extremo que se observa en el hecho de que entre el fin de ésta y el censo de 1887 la población incluso descendiera, lo que contradice la pauta de los incrementos demográficos posteriores a todas las guerras. La castigada y, de por sí, poco productiva agricultura alavesa siguió expulsando población, que en alguna medida terminaba en Vitoria. La economía provincial no repuntó hasta los primeros años del s. XX, y siempre teniendo a la capital como exponente máximo de su esfuerzo modernizador.