Enciclopedia Auñamendi
Fondo Bernardo Estornés Lasa

Buscador

Home > Auñamendi > VITORIA-GASTEIZ (HISTORIA)

VITORIA-GASTEIZ (HISTORIA)


toolbox

  • other languages:
  • share

table of contents

El período de entreguerras

El período de entreguerras.

Los años que van de 1844 al Sexenio Democrático vienen marcados por el denominado "arreglo foral", que en la práctica supuso una adaptación de las élites fueristas y moderadas vascas al proceso político español. El siempre postergado "arreglo foral" permitió a éstas y, en su nombre, a las diputaciones, combinar una reducción de sus competencias políticas, más emblemáticas que reales, con un notable incremento de su autonomía provincial administrativa y económica. Es lo que con tino ha definido Portillo como "foralidad insultante", y que Ortiz de Orruño ha sintetizado con estos términos: "El régimen foral constituía la prueba más evidente de que el ideal político moderado [de los gobernantes españoles del momento] era realizable: los fueros hacían posible la armonización de la igualdad teórica con una acusada oligarquización, sin que esta aparente antinomia entre los principios políticos y su plasmación cuarteara su legitimación social". Cierto es que diversos foralistas de mediados de siglo -con especial protagonismo en este punto del Consultor de la Diputación alavesa Blas López, y, por encima de cualquier otro, de Pedro Egaña, foralista transigente, moderado y bien vinculado con este partido a nivel nacional, diputado General, diputado en Cortes, Ministro de la Reina y continuamente comisionado por la Provincia ante el Gobierno- formularon propuestas de solución, pero todas se estrellaron contra una estrategia planteada en términos de o "todo o nada", que interesadamente nada resolvía. Pero no sólo se suscitaron tensiones entre las Provincias y la Corona. En el marco alavés, el final de la guerra sirvió de escenario para un nuevo pulso entre la capital y la provincia, entre la burguesía urbana y los notables rurales. Así, si a partir de 1784 estos últimos consiguieron reducir la ventajosa posición de Vitoria en los mecanismos de elección del Diputado General, situación que venía de las Leyes y Ordenanzas de 1463, en 1840 las élites vitorianas aprovecharon el momento y reequilibraron en su favor el procedimiento. Vitoria fue elevada al rango de cuadrilla, lo que permitió a la burguesía urbana tener un representante directo en la junta particular y nombrar personas de su confianza para la revisión anual de las cuentas provinciales. Semejante pulso tuvo su continuidad a finales del siglo XIX y a comienzos del XX, cuando Vitoria exigió, sin éxito, que se procediera a modificar un mecanismo de elección de los poderes de la Provincia que primaba el ruralismo y que obviaba los evidentes cambios producidos en la entidad numérica, productiva y contributiva de la capital y de los otros dos distritos provinciales. Estos tranquilos años de mediados de siglo propiciaron una vuelta de la ciudad sobre sí misma, y una consideración de sus posibilidades de futuro. De partida, el traslado de las aduanas en 1841 afectó negativamente a la economía local. Vitoria había jugado tradicionalmente un papel muy marcado en su función de plataforma comercial dentro del conjunto perfectamente articulado que suponía la economía vasca de la foralidad. En realidad, su inmediato futuro fue el inverso del de sus provincias hermanas, ya que si éstas prosperaron al recuperarse de la alteración de 1841, las economías vitoriana y alavesa se resintieron gravemente. Ello no es contradictorio con la sensación general de desarrollo que tuvieron los contemporáneos. Vitoria se convirtió en un foco de captación de emigrantes alaveses que huían de una agricultura necesitada de transformación. A partir de los años cincuenta, la manufactura local cobró cierto impulso, movida por unos cuarenta talleres donde se empleaban entre 300 y 400 obreros. La corporación municipal de 1850, con Luis de Ajuria a la cabeza, fundó una de las primeras cajas de ahorros del país, con una importante implicación en el crecimiento urbanístico de la capital. Del mismo modo, la demolición de los desamortizados conventos de Santa Clara y San Francisco permitió la construcción de un Instituto de Segunda Enseñanza, y la ampliación de La Florida y de la zona urbanizada al sur de la ciudad. Sin embargo, el impulso definitivo comenzó con la llegada del ferrocarril.


Images

Our Sponsors