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José María Arizmendiarrieta Madariaga

Arretzinaga.


Sacerdote y alma del movimiento cooperativo de Arrasate/Mondragón

Nacido el 22 de abril de 1915 en el caserío Iturbe de la anteiglesia de Barinaga, que pertenece a la villa de Markina (Bizkaia) y muere en Mondragón el 29 de noviembre de 1976.

Desde muy joven siente el latido religioso y a los 12 años cede el mayorazgo a su hermano Patxi, el siguiente de los cuatro hermanos, y se incorpora en el Seminario de "latines" de Artea (Castillo-Elejabeitia), en 1928.

En 1931 se proclama la II República y el país entra en efervescencia política y social. Los seminaristas perciben síntomas de acaloramiento en el discurso anticlerical. Año en el que Arizmendiarrieta ingresa en el seminario Mayor de Vitoria-Gasteiz en 5º de humanidades y empalma con los cursos de filosofía y teología.

Un extraordinario elenco de profesores con José Miguel Barandiarán, antropólogo y humanista, Manuel Lecuona, poeta, investigador e impulsor de la cultura vasca entre otros, le inician en temas abiertos a la colaboración de la gente a la aplicación de técnicas de encuesta, archivo y análisis en el seno de la Academia Kardaberaz obra de Lecuona, en estudios de toponimia, filología y cultura vasca que los desarrolla en euskera, idioma que maneja a la perfección y le vale para su futura colaboración en el diario "Eguna" redactado exclusivamente en euskera por iniciativa del nacionalista y Presidente del Partido Nacionalista Vasco (P.N.V.) Juan Ajuriaguerra. Se trata de una Academia bajo sospecha de que sus trabajos escondan propósitos políticos enmascarados en envoltura cultural.

El 18 de julio de 1936 suenan los tambores de Guerra Civil Española, que a Arizmendiarrieta le sorprende en su casa de Iturbe (Markina), y es llamado a filas al Cuartel General de Abando en Bilbao. Por su condición de seminarista y educado en lengua euskérica, a más de soldado es periodista de ocasión. Traductor del castellano al euskera de noticias, artículos y escribe en "Eguna" bajo el seudónimo de "Arretzinaga".

La Guerra Civil de 1936-1939 le facilita el mejor de los observatorios, el de los medios de comunicación, epicentro informativo y nudo emisor de noticias ciertas o falsas a conveniencia política, mensajes envueltos en el celofán de la mentira. Interioriza la suerte de los analfabetos que solo pueden obedecer a los mandos incapaces de superar su suerte determinada. Los ignorantes solo se realizan en la obediencia.

Derrotado el bando republicano-nacionalista por las tropas del General Franco en 1937, los nacionalistas o relacionados con ellos son los primeros represaliados.

Arizmendiarrieta intuye el peligro y trata de huir a Francia pero, tras no pocas peripecias, llega hasta Lazkao (Gipuzkoa) y mientras espera, se presenta un hombre conocido en los círculos franquistas que le aconseja regresar a casa y presentarse en la Caja de Reclutas. En efecto, retorna a casa, y de inmediato va a Bilbao. Es víctima de un "chivatazo" y se le encierra en la cárcel de Larrinaga. Tras petición de pena de muerte por parte del fiscal Garicano Goñi, es absuelto al demostrar que cobraba del cuartel y no del periódico. Destinado a una oficina militar de Burgos, continua con su espíritu vocacional hacia el sacerdocio, tropieza con el derecho canónico que le impide homologar estudios realizados sin presencia física en el Seminario de Vitoria a juzgar por la nota enviada por el secretario de Monseñor Lauzurica, Administrador Apostólico de la Iglesia Vasca, y sucesor del desterrado obispo Monseñor Múgica.

Arizmendiarrieta convierte sus buenas relaciones con el Profesor del Seminario de Burgos Dr. Temiño en presencia virtual y elude los obstáculos canónicos mediante la restricción del examen final en Vitoria y con Monseñor Lauzurica en el tribunal. Fijado el objetivo ético, siempre encontrará los medios para alcanzarlo. Finaliza sus estudios en Vitoria a finales de 1940 y celebra su primera misa el 1 de enero de 1941 en Markina.

El 5 de febrero de 1941 llega en tren con los atuendos mínimos y un maletín de cartón a la estación de ferrocarril de Arrasate. Nadie le espera y se encamina solo a la casa cural. Inesperada llegada decidida por Monseñor Lauzurica en contra del deseo de Arizmendiarrieta que aspiraba a continuar estudios de sociología en la Universidad de Lovaina. Mondragón, pueblo de 7.000 habitantes es el laboratorio de una inédita experiencia socio-económica de la mano de este hombre. Mondragón tiene un pasado de tensiones sociales en el proceso del cambio cultural de lo rural a lo urbano.

Un 5 de octubre de 1934, estalla el primer brote de revolución socialista que se agota en un solo día, llevando por delante a tres personas. Intentona generadora de odios reprimidos que se avivan con el ajuste de cuentas tras la victoria franquista, entre cuyas víctimas contabiliza 37, con tres curas entre ellos. Pueblo golpeado por la guerra civil y en hibernación política y sindical; momento que aprovecha Arizmendiarrieta para reforzar sus intenciones de acción con su lema "las ideas nos separan, las necesidades nos unen". Lema existencial, oportunidad única de dinamización de la comunidad, como instancia apolítica y sensible con las necesidades colectivas. Lo urgente es la educación profesional, la alfabetización de la gente para ganar capacitación y autonomía en libertad, lo cual lo sintetiza en la divisa "para democratizar el poder socializar el saber".

La Escuela Profesional es el instrumento estratégico, la primera plataforma de emancipación. Trabaja con grupos de personas que ya actúan en movimientos afines a la Iglesia: Juventudes Obreras Católica (J.O.C.), Juventudes de Acción Católica y otros. La toma de conciencia es la base del compromiso, el punto germinal para la transformación de estructuras, el caballo de batalla de toda sociedad en cambio. Como todo revolucionario o humilde reformista, utiliza los resortes de la comunicación para conformar los estados de opinión, acercar pensamientos, difundir ideas y aproximarse a los distanciados.

Los primeros panfletos los dirige a los soldados, a los que siguen otros variados títulos en sucesión impuesta por nuevos lectores o exigencias de censura. Nominaciones a la carta, como "Aleluya", "Equis", "Ecos", "Cooperación" y finalmente "TU" (Trabajo y Unión), nombre con el que circula en nuestros días. Trasmitió en letra impresa sus pensamientos u opiniones puntualmente, que archivados, forman parte de la memoria histórica, del amplio recorrido personal en adaptación al cambiante entorno "tecnocientífico y social". Feraz escritor de artículos, sermones y conferencias, renuncia deliberadamente a escribir libro alguno, como si temiera que lo devorara el progreso, y quizá guiado por aquello su continuo pensamiento: "saturados de ideas, faltos de acción".

Arizmendiarrieta no cuenta en su haber más estudios que los del seminario con añadidos de cursos intensivos, como los de la Escuela Social de Vitoria - Málaga 1948-1952 - de la que fue Subdirector entre 1950 a 1954. Por sus hechos fue un intuitivo genial que extraía de la comunicación y el trato directo con la gente ideas de acción, que, unidos a su innata curiosidad informativa, le sitúan en posición de ventaja. Firme en sus convicciones se adentra por los caminos de la utopía cuidando la retirada con la necesidad de experiencia, coartada inteligente para quién juega a cambios de estructura, a soñador del hombre nuevo. Se detecta que a partir de su aterrizaje en Mondragón utiliza preferentemente el castellano como vehículo meditado de comunicación, no sabemos si por funcionalidad o blindaje ante potenciales amenazas desde Madrid a un movimiento objeto de suspicacias.

Entre los años 1947-1955 teoriza sobre la empresa y su reforma, trata de concienciar a la clase empresarial sobre la importancia de integrar al trabajador en la gestión e inversión con formulas varias, impulsa la idea de la cogestión y el salario dual, el de consumo e inversión, como mecanismos de inserción de la clase trabajadora, de hacer real la participación en el poder y en la gestión de la empresa.

Prédica inútil que se diluye entre la indiferencia y el vacío. Cambio de ejes e inicio de nuevo rumbo. Ensayar con personas formadas en la Escuela Profesional y afines con su ideario, desapegados y pobres, en suma, de las ataduras de poder y del dinero, la viabilidad de una empresa cogestionada o lo que resultase aplicable en su momento.

Arizmendiarrieta no busca crear cooperativas, aspira a concienciar a la gente sobre el valor transformador de la participación y la confianza en las personas en la gestión de las organizaciones, no aboga por una fórmula concreta.

En Mondragón adquiere la forma cooperativa y con el título de Experiencia Cooperativa rueda en el escenario del mercado. Persiste la nominación de Experiencia, indicador de que está incompleta o seguirá como Experiencia por irrepetible.

Pensador y pragmático aporta en tiempo y oportunidad estrategias direccionales en busca del éxito material, antesala de lo social. Una vez consolidado 1956, la primera empresa de éxito, U.L.G.O.R., acróstico de sus fundadores (Usatorre, Larrañaga, Gorroñogoitia, Ormaechea, Ortubay), la marca FAGOR, despliega una serie de conceptos secuenciados que alumbran en 1959 nuevos entes: financiero (Caja Laboral Popular), seguridad social (Lagun-Aro), y en el sector industrial (1964), el Grupo Cooperativo Comarcal, etc. Constelación de instituciones que evolucionan y giran luego (1991) en torno al complejo tejido organizativo Mondragón Corporación Cooperativa (M.C.C.).

Arizmendiarrieta ligado por la espiral de imagen al fenómeno cooperativo, es ante todo sacerdote y hombre de fe. Coadjutor por vida de la Parroquia de San Juan de Mondragón y pobre que vive del magro estipendio parroquia. Recio en sus convicciones religiosas, avanzado en lo social y evolutivo en lo moral. Su sentido de servicio y entrega, en coherencia con sus creencias evangélicas, los explicita en un proverbio chino que dice: "Crear y no poseer, actuar y no ganar, progresar y no dominar".

Tríada cenobial, síntesis existencial, que anima al que sueña con el hombre nuevo desposeído y generoso, aspiración sempiterna de utópicos y soñadores sociales. Parecía una locura la microutopía de Mondragón, que se llevó a efecto cuando muchos vaticinaban el fracaso anunciado. Pero éste, el concepto del nuevo hombre, afecta a las entrañas o inmanencias del ser humano y es para minorías.

De hecho los datos certifican la difícil recreabilidad del modelo autogestionario de Mondragón.

Jesús Larrañaga Lizarralde


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