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PELOTA VASCA (ESCENARIO Y TÉCNICAS DEL JUEGO)


El trinquete y sus juegos

El trinquete cubierto se ha difundido más en Iparralde. Sucede que el escaso público que se puede acomodar en los trinquetes es un inconveniente para su industrialización, dados los elevados sueldos que hoy cobran los pelotaris. Decía el popular cronista «Pacorro», en ocasión de celebrarse el campeonato mundial de mano de trinquete entre «Atano III» y Harrambillet, que la más importante de las características que diferencian el trinquete de nuestros frontones es lo que durante el juego sucedía. Mientras que en el frontón se persiguen por lo general los tantos buscando el hueco, mandando la pelota, violenta o habilidosamente, donde no pueda alcanzarla el adversario, en el trinquete todo el juego gira alrededor de la red, donde centran el juego los combatientes, procurando con las entradas al aire con la izquierda que no acierte el rival, utilizando el tejadillo retrasando sobre él la pelota con menor esfuerzo, o bien como defensa al efectuar una devolución difícil para que el resto no quede «servido en bandeja» al contrario. Los otros recursos, como el ventanillo y el fraile, además de que no son comunes a todos los trinquetes, sobre todo el primero, se emplean con menos frecuencia. El hábito de jugar en trinquete supone una enorme ventaja, en los demás juegos. La modalidad del juego de mano en el trinquete es muy distinta. Es algo convencional, como el juego que se practica, por ejemplo, en los arkupes (bajo los arcos) de la Casa Consistorial de Azpeitia -dice «Pacorro»-. Si improvisárais allí un partido, os encontraríais con que cualquier vulgar aficionado arrollaría a las primeras figuras de nuestro juego a mano. Hay que convenir en que, como ejercicio, como deporte, es completo y quizá supera al normal juego de mano. Y como diversión para el aficionado a pala corta o paleta, insustituible. Decía sobre el trinquete, la revista Nuestro Deporte, que, cuando aparecieron estos establecimientos de pelota, los primeros cubiertos, hace tres siglos, el juego se practicaba con guantes de cuero «más o menos grandes, y pelotas adecuadas al tamaño de las herramientas; había pelotas hasta de 500 gramos de peso, con las cuales nuestros hercúleos antepasados luchaban por la honrilla de los pueblos o por las onzas de oro con que sus partidarios apostaban, vicio que los vascos no abandonaremos mientras haya pelotas en la cancha y quienes las empujen con más o menos maestría. Los gustos del público variaron entonces como ahora y fueron achicando el tamaño de los guantes y, como es natural, el peso de las pelotas hasta llegar al guante corto o juego de pasaka». Recordaba también las grandes luchas que sostenían jugadores nuestros como Tomás Echeverría, padre de «Tandilero», Rosario, «Shagui», «Tandilero» y otros, contra afamados jugadores vasco-franceses de pasaka, cuales «Xillar», «Otharre», y el padre de los Dongaitz, entusiasmando al público de hace sesenta años, que llenaba las canchas vascofrancesas y algunas de Egoalde (Irún, San Sebastián), y esta afición hubiese durado hasta nuestros tiempos si no hubiese sido la ocurrencia de llevar a los trinquetes el más antiguo juego de pelota, el de mano. Para ello tuvieron que cambiar la estructura de las canchas, o sea llevando la red y el tejadillo al lado contrario; de la derecha a la izquierda, con el único objeto que la mano atacante fuera la derecha, por ser la más fuerte y desarrollada en la mayoría de las personas. «Cuando llegó el juego de mano de trinquete, los jugadores de guante pretendieron continuar jugando a mano en el mismo recinto, pero fracasaron por la diferencia enorme que existe entre el brazo educado al guante y la mano limpia. Los buenos jugadores profesionales de mano aparecieron más tarde. Lucieron como estrellas de gran magnitud, los Behasca, «Chiquito de Azkoitia», «Urcelay», Marnac, Dongaitz (José y Juan Bautista), y el prodigioso «Porteño», jugador de Buenos Aires, que causó gran sensación por su asombrosa habilidad. Algo más tarde, Harrambillet, León Dongaitz y otros menos notables destacaban y, por último, los conocidos Arcé, Darraidou, Ignacio de Sara (de Oyarzun), Leonis, Salegui, «Atano IV», los Arrayet, Behaskak hijo, sin contar el fenómeno «Atano III», campeón indiscutible en el juego de mano a mano, como le acreditaron sus resonantes victorias sobre Arcé, Darraidou y Eduardo Arrayet.

El juego de mano en trinquete es el más espectacular y el que más enardece a los aficionados que tengan la suerte de presenciar un partido disputado. Es donde los jugadores ponen a prueba sus condiciones físicas al rojo vivo, vista, rapidez, elasticidad de los músculos y fuerza, aunque muchos crean que para el juego de trinquete no hace falta potencia de brazo.

Este tema del trinquete sigue mereciendo una curiosidad e interés crecientes entre nosotros. El lugar mismo de juego que con todas sus particularidades que difieren de un sitio a otro y que parecerían inexplicables si no se rebuscase en los orígenes, viene siendo objeto de la atención de los escritores. Los cronistas Enrique Abril y Juan de Irigoyen opinan que es el trinquete la cancha que mejor recuerda la génesis y proceso evolutivo del juego y del lugar destinado a practicarlo. Es, en resumidas cuentas, el pórtico de iglesia, estilizado, reproducido en sus detalles de construcción, aunque asignándoles un fin exclusivo para el juego.

En el trinquete sobreviven el «machón» o «fraile», la «ventana», el «tejadillo», que recuerda la tejavana que forma el atrio, con sus postes o pies derechos, que sostienen el alero, y dispuesto ahora en forma, que constituyan accidentes y estorbos aprovechables, para aumentar hasta el máximum, las dificultades e incidencias del juego, lleno de sorpresas y cambios que favorecen el desarrollo de la «vista», como sentido pelotístico y de la movilidad.

En su forma más corriente el trinquete es un carrejo o pasillo, con un testera o frontis y dos paredes laterales, la izquierda de las cuales tiene en su parte baja, a dos metros del suelo, un tejadillo inclinado, sostenido por pies derechos de un metro, que nacen del antepecho, a otro metro, próximamente del suelo. En el espacio comprendido bajo el tejadillo se aloja el público, que está protegido de la pelota, por la red que cubre los huecos entre los pies derechos. Esta galería baja tiene una anchura de poco más de un metro, y estrecha notablemente la cancha. El juego del trinquete tiene por fundamento el tejadillo, y a echar en él la pelota se dirigen el esfuerzo y la habilidad del jugador, que consigue el tanto cuando logra encajarla en la red protectora de aquel «gallinero». Se utiliza el techo inclinado para hacer salir a la pelota más lejos del frontis, obligando a un resto difícil, pues el bote es más reducido que viniendo directamente de la pared. El fraile y el ventanillo son remates decisivos, porque cambian la dirección de la pelota con salidas enrevesadas, si se ejecutan en situación dominada previamente. El trinquete obliga a jugar la «zurda al aire», para evitar la entrada en la red, que es tanto ganado. Los juegos que se practican en el trinquete son el pasaka con red en el medio, a mano o con guante pequeño y sin red en el medio, el ble a mano limpia, la pala, la pala corta y la cesta.

El pasaka. Este se juega igual a guante de cuero que a mano. Parece derivar del juego de corto simplificado, pues en este otro juego no había rayas ni distribución tan complicada del terreno. El guante es más corto que el que se usa en el laxoa, destinado a lanzar muy lejos la pelota y más ancho y menos cóncavo, porque las pelotas son bastante más voluminosas, pues las hay que pesan hasta 850 gramos, con las que se utilizaron guantes de junco muy largos, porque si fuesen de cuero serían muy pesados y difíciles de manejar. El juego de pasaka a mano limpias es más raro, y en él se siguen las mismas reglas. Los jugadores son dos por campo, el principal al fondo y el otro en la línea o cuerda. Pueden cambiar de sitio y ocupar unas veces el lado de la red y otras el fondo, si no se estipula algo en contra. Nada impide que se alineen uno contra uno, dos contra tres, tres contra uno o tres contra tres. Se tantea como en el rebote y el laxoa, en partidos de trece juegos, pero se puede convenir otro número por los campos en presencia. Los jugadores deben hacer pasar la pelota sobre la red, so pena de perder el punto. Si la pelota da en la cuerda y pasa al lado contrario es buena, porque la cuerda no es considerada como una línea, que, cualquiera que sea, si es tocada por la pelota, ocasiona una falta. La altura de la red es de 1,15 a 1,20 metros por término medio. Puesta más baja pondría en peligro a los jugadores de la cuerda; más alta, haría pesado el juego y reduciría el interés, por llevar aparejados golpes vivos que pudieran ser decisivos o por lo menos difíciles de contestar. Un rectángulo de unos 5 metros de lado en el ángulo de la galería y de la pared principal delimita la zona en que ha de caer la pelota lanzada por el jugador. El terreno de juego está dividido en dos campos iguales por la red AB y cortado por una línea central en sentido longitudinal HI. El campo de saque, a su vez, está fraccionado en tres rectángulos iguales paralelos a la red por las líneas CK y PQ, y el resto en dos, del mismo modo, por la línea EFO. Se saca por suerte, debiendo el sacador advertir al campo contrario diciendo: «Ahí va»; éste advertirá con una señal y con la voz, que está listo. Hay que sacar con la mano, pero en el transcurso del partido no se puede lanzar ni cortar la pelota más que con el guante. El saque se hará de abajo arriba y no de arriba a abajo o lateralmente, teniendo el sacador un pie en el rectángulo CKPQ de su campo cuando saca; cometerá una semifalta si pisa la línea CK y la pelota ha de caer en el cuadro GHFE; si no pasa de la red ni cae en el cuadro GHFE, o sobre las lineas EFHF, comete semifalta. También comete semifalta si la pelota toca la pared de la izquierda por encima del tejadillo, y en este caso el sacador tiene derecho a un nuevo saque, como igualmente siempre que no haya servido el saque en las condiciones exigidas. Pierde el tanto si hace dos semifaltas consecutivas. El restador debe señalar la semifalta lo más tarde en el momento de recoger la pelota; de no ser así, se considera el punto como jugado. La pelota que, lanzada por el sacador da en el borde del tejadillo y cae en el cuadro EFHG, es buena. Cuando un campo comprende dos o tres jugadores, él o los de la cuerda del campo de saque juegan en el rectángulo ABCK, y en el ABEO los del campo restador, no pudiendo pegar a la pelota cuando están fuera de este cuadro. El compañero de los jugadores de la cuerda puede moverse por todo el campo, sin más límites que la red. Está prohibido tocar ésta sea con el guante sea apoyando la mano libre para esperar mejor la pelota. El jugador no debe bajar ni levantar la red para permitir o impedir el paso de la pelota, según sea lanzada por un compañero o un contrario. Se gana punto cuando, habiendo pasado la red, la pelota entra en el ventanillo o da en las redes laterales. La pelota que toca un poste se considera que ha tocado la red lateral. Si toca sucesivamente en lo alto y lo bajo del cuadro de la red lateral sin haberla tocado puede ser recogida por el adversario y el punto continúa; pero si se detiene en la parte inferior del cuadro sin volver al juego, se considera que ha tocado la red lateral.

A mano. El sacador puede botar la pelota con la mano derecha o la izquierda indistintamente cuando está autorizado a servirse de las dos en el transcurso del punto. Si no está autorizado a servirse más que de una mano, deberá botar la pelota con ella. La línea de paso del saque estará a 15 metros en los partidos individuales y a 12 en los de equipos. Cuando en el saque la línea de paso está marcada por un poste del lado de la red, la pelota que lo toca es falta. La pelota que en el transcurso del punto toca el poste, se considera que ha tocado la red. La pelota que sucesivamente toca las partes alta y baja del cuadro y vuelve al juego sin haber tocado la red, puede ser recogida por el contrario y continuar el punto. La pelota que toca sucesivamente las partes alta y baja del cuadro de la red y se detiene en la parte inferior de éste, se considera que ha tocado la red. Una pelota que toca el fraile por encima de la línea, es buena incluso si toca la línea de la pared en su caída.

A pala corta y a raqueta. El sacador puede botar la pelota con la mano que le convenga, aunque en el curso del juego no esté autorizado a servirse más que de una mano. Las demás reglas son las mismas de la pelota a mano.

A cesta. La raya de paso estará a 15 m. y el sacador botará la pelota con la cesta. Las mismas reglas que en el juego a mano.

A remonte. Las mismas reglas que a cesta.

A cesta plaza libre. Será considerada regular la plaza destinada a ble a cesta cuando tenga cuando menos 50 metros de largo por 16 de ancho. La línea de paso estará a 20 metros. Se sacará con la cesta y la pelota tendrá de 118 a 125 gramos de peso, 50 de los cuales han de ser de goma.


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