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PELOTA VASCA (ESCENARIO Y TÉCNICAS DEL JUEGO)


El juego de rebote (ioko garbia)

La pervivencia de esta magnífica modalidad del juego de pelota vasca es uno de sus mayores timbres de gloria, porque hace de él más que un juego aislado, una verdadera institución lúdica que arraiga en los valles y montañas del País Vasco y evoluciona a través de los tiempos cristalizando en formas variadísimas que cambian no sólo la técnica sino la apariencia, debido unas veces a la modificación del escenario, otras al cambio de las herramientas o medios de que se vale para manejar la pelota, y siempre en función de las características de esa pelota, que es el personaje principal del juego fiel a una constante invariable, que es la de ser un objeto redondo, macizo, duro y elástico, confeccionado con un núcleo de materia elástica, revestido de lana o algodón y recubierto de un forro de cuero. Todo lo que no responda a estas características, aunque se juegue en frontones, no es propiamente pelota vasca.

El juego de «rebote» es, como si dijéramos, la segunda metamorfosis del primitivo llamado laxoa, o largo, que se desarrollaba en un campo rectangular con una cabecera marcada por un pequeño murete, pero sin límite de extensión por el lado contrario. Era un juego sencillo, primitivo, propio de un pueblo fuerte, ágil, resistente, noble y sin complicaciones. Es posible que en un principio se lanzara la pelota con la mano desnuda. Pero queda constancia (y ejemplares en los museos) de que, desde hace aproximadamente un par de siglos, los jugadores revestían su mano con un guante de cuero, que empezó siendo muy pequeño para cubrir justamente la palma y los dedos, y terminó siendo una herramienta estrecha, curva y hasta de 40 centímetros de largo desde la embocadura de la muñeca (donde tenía una anchura de 17 centímetros) hasta la punta que se estrechaba hasta los 11 centímetros.

Como el mecanismo de juego era bastante monótono, a alguien se le ocurrió acotar el terreno, elevando más el muro de la cabecera y plantando otro similar en el lindero opuesto, a una distancia aproximada de 100 metros, con lo que se mantenía la nota de rudeza, brío y agilidad, pero introduciéndose el factor habilidad, al obligar al jugador a recoger y devolver la pelota enviada por un bando después de que hubiera tocado en el otro muro. Esta técnica, que se llama rebotear, dio nombre a la nueva especialidad. Resultaba el juego más movido, más variado, más difícil y, por consiguiente, más interesante y apasionante. Se seguía jugando con guantes curvos de cuero hasta que, a mediados del s. XIX, se sustituyeron por los de mimbre, de forma y medidas aproximadamente iguales, pero mucho más ligeros y manejables, introduciéndose entonces algunas variantes en la reglamentación, que se han mantenido hasta la época actual.

Así como en el «largo», el terreno de juego estaba dividido en dos campos de superficies iguales, la «plaza» de «rebote» está dividida mediante una línea trazada a los 32 metros del muro o frontis principal. En este espacio menor se atrinchera el equipo restador, quedando la otra parte de 68 metros de largo para el equipo sacador. El saque se efectúa a «rebote», desde la misma línea divisoria, a los 32 metros del muro, pero lanzando la pelota con la mano desnuda. Este sacador y otro jugador que suele colocarse sobre esta raya divisoria, para impedir el paso de la pelota utilizan guantes de cuero cortos y anchos. Los otros tres de cada equipo juegan con guantes de mimbre, llamados «txistera». Los del guante de cuero tienen la misión de «parar» la pelota. Los otros tres son los encargados de recogerla y devolverla de uno a otro campo hasta que uno de los bandos la pierde; pero, así como en el primitivo largo el golpe con el guante se daba con movimiento de resbalada (como en la actual modalidad de «remonte») la técnica de estas «txisteras» consiste en sujetar y parar la pelota con la punta de la cesta, retenerla un pequeñísimo instante, y reexpedirla. Es el tercero de los mecanismos empleados en la práctica del juego de la pelota vasca, que también se emplea en la modalidad de «ioko-garbi», y en la de sare.

Se utilizan pelotas voluminosas, de bastante peso y no muy elásticas, forradas generalmente de cuero grueso y negro. La pelota puede estar en juego no sólo por aire, sino corriendo a rastras por el suelo (siempre que cruce por el aire la línea divisoria de los campos), y puede ganar un tanto no solamente llegando al fondo del muro contrario, sino saliendo a rastras por los límites laterales del terreno de juego, dando lugar a lo que se llama una «raya», nota característica de estas modalidades en «plaza libre», suprimidas en las especialidades de «blé» en frontones modernos cubiertos, cuya explicación detallada rebasaría el espacio de que disponemos. Sólo un experto puede conocer a primera vista cuándo se producen estas rayas que, en realidad sólo valen medio tanto, y cuándo es preferible hacerlas que ganar un tanto completo, en atención a que el juego y liquidación de las rayas lleva consigo el cambio de campos y, como fácilmente puede inferirse de lo dicho, el campo del resto, de menos superficie, tiene ventajas sobre el campo de saque.

Tuvo gran predicamento esta modalidad en la segunda mitad del s. XIX, especialmente en pueblos de las zonas fronterizas del País Vasco francés en ambas vertientes del Pirineo. Pero, a medida que aumentaba la popularidad del profesionalismo, en mano, pala, remonte y cesta, fue decayendo el interés de los públicos por los partidos de rebote que antaño ponían en movimiento unos pueblos contra otros. Afortunadamente se conservan muchas y hermosas «plazas» de rebote en Iparralde: San Juan de Luz, Biarritz, Bayona, Hasparren, Ustaritz, Sare, Cambó, Ainhoa, Saint Jean de Baigorri, Saint Jean de Pied de Port.. . y algunos, también, en pueblos de este lado, a la cabeza de todos los cuales están las de Villabona, Zubieta, que mantienen con fervor el culto a esta modalidad, gracias al cual empieza a resurgir en Irurita. Santesteban, Elizondo, Oiz, Narvarte y algunos otros del Baztán navarro. Los aficionados vasco-franceses son maestros en «plazas libres» de grandes dimensiones; pero los de Villabona (plaza de unos 70 metros), han conseguido alzarse con el título en el Campeonato Internacional que se celebra desde hace 8 años.


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