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PARTIDO CONSERVADOR


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El Partido Conservador surgió en torno a 1876, por iniciativa de Cánovas del Castillo, para conformar el turno bipartidista de alternancia en el poder que caracterizó al sistema de la Restauración. El entonces denominado Partido Liberal-Conservador (por oposición al Liberal Fusionista de Sagasta) integró a elementos de todas las tendencias y comenzó a actuar desde el Gobierno, sin necesidad de crear una organización de partido. De hecho, tanto el Partido Liberal como el Conservador fueron partidos de cuadros o de «notables», en los que apenas había afiliación ni articulación jerárquica. Eran más bien una suma de huestes amistosas articuladas como instrumento de poder. De ahí que la preocupación por perfilar programas y por alcanzar una estructura organizativa férrea quedaran relegadas a un segundo plano. Estas características son aplicables también a las provincias vascas, donde el Partido Conservador no se constituyó oficialmente hasta principios del s. XX, aunque desde los inicios de la Restauración hubo diputados y políticos conservadores influyentes en las cuatro provincias. Orgánicamente, el partido se localizaba en Madrid y a nivel provincial sólo estaba representado por los notables locales, que centraban su actividad en las elecciones. Algunos caciques locales obviaban una definición partidista, buscando en las elecciones el apoyo del partido gobernante de turno. Así, en Gipuzkoa, liberales y conservadores operaban juntos y no aparecían públicamente diferenciados en los primeros años de la Restauración. En Bizkaia, hasta 1880-1885 los dinásticos actuaban en la vida política sin distinción de partido, bajo la denominación genérica de «liberales», en oposición a los carlistas. A partir de este momento, los dinásticos vizcaínos aparecían divididos en dos grupos; la «Piña» (oficialmente denominada Unión Liberal, pero con miembros adictos realmente a los conservadores), creada en 1897, y otro grupo (estructurado en torno a los Ybarra, Bergé, etc.), más preocupado que los anteriores por la defensa de la religión. A pesar de la existencia de estos dos grupos, no parece que entre ellos se diera una lucha, salvo contadas excepciones, en los momentos electorales. En Álava y Navarra, aunque hubo diputados conservadores desde el s. XIX, el Partido Conservador tampoco existió como tal hasta principios del s. XX. El declive de la «Piña» fue una de las causas de la constitución formal de los partidos dinásticos en Bizkaia. En julio de 1909 se fundó en Bilbao el Partido Conservador, vinculado a su jefe nacional, Antonio Maura, y que se completaría en 1910 con la fundación de la Juventud Conservadora y del periódico «El Pueblo Vasco». En Gipuzkoa, sólo a partir de principios del s. XX los escasos conservadores guipuzcoanos se alejaron del liberalismo para acercarse al carlismo en la defensa de la religión. En 1907 se constituyó formalmente el Partido Liberal, y sólo posteriormente pudo hacerlo el Conservador, cuya actividad fue escasa y su fuerza siempre menor que la de los liberales. El Partido Conservador logró un grupo de adeptos muy reducido y casi únicamente centrado en San Sebastián. Fuera de aquí, sólo existieron Círculos conservadores, muy efímeros, en Irún y Rentería. Su base social era mayoritariamente urbana y se sustentaba sobre todo en los industriales y comerciantes, siendo prácticamente inexistente el apoyo que lograba en la zona rural de la provincia, con excepción del distrito de Bergara, donde el candidato conservador en las elecciones al Congreso obtuvo la victoria en varias ocasiones entre 1896 y 1910. En Navarra, la constitución formal del Partido Conservador tuvo lugar en 1904. El año siguiente se constituyó la Juventud Liberal-Conservadora. En Navarra, a diferencia de lo sucedido en Gipuzkoa, los conservadores superaron en implantación a los liberales. De un máximo posible de setenta y siete diputados al Congreso entre 1901 y 1923, los conservadores obtuvieron un total de veintisiete (incluyendo los mauristas). El principal dirigente del conservadurismo navarro fue el Marqués del Vadillo, que fue diputado por Navarra en 1879-1881 y entre 1884 y 1914. A pesar de carecer de organización fuerte (hasta 1912 no se constituyó el Consejo Regional de Navarra), el Partido Conservador en Navarra consiguió mayores éxitos que el Partido Liberal debido a su defensa del catolicismo. Entre los conservadores navarros abundaban los miembros de la aristocracia, los profesionales liberales y los comerciantes. En Álava, la fuerza del conservadurismo dinástico -aunque controlaba algunos recursos del poder- era escasa todavía a principios del s. XX, a causa del apoyo popular con que contaban carlistas y republicanos. El Centro Conservador de Vitoria no se constituyó hasta enero de 1910. La escisión de 1913 entre los partidarios de Maura y Dato incidió de forma diferente en cada una de las provincias vascas. En Bizkaia, la casi totalidad de los conservadores vizcaínos optaron por el Partido Maurista. Esto convirtió a los conservadores datistas de Bizkaia a partir de esta fecha en un partido de notables, frente a la preocupación por la movilización de la ciudadanía que caracterizó a los mauristas. Los datistas vizcaínos fueron en realidad sucesores de los monárquicos agrupados en la «Piña» en 1897. A partir de 1919, mientras los mauristas conservaron su identidad, los datistas se diluyeron con los liberales en la Liga de Acción Monárquica, lo que les impidió fortificar su organización. En efecto, el movimiento autonómico y la victoria nacionalista en las elecciones de 1918 llevaron a la constitución de la Liga de Acción Monárquica (agrupación dinástica y antinacionalista), en la que Luis de Salazar representó a los datistas. También en Navarra la mayor parte de los conservadores se convirtieron al maurismo, aunque algunas personalidades de relieve -como el propio Marqués del Vadillo- mostraron su adhesión a Dato. Por el contrario, la escisión maurista -después de una primera decisión a favor de Maura- apenas afectó a Álava. La inmensa mayoría de los conservadores alaveses, dirigidos por Guillermo Elío, se decantaron por el datismo, dadas las vinculaciones políticas y familiares del líder conservador Eduardo Dato con la capital alavesa, y reconstituyeron en enero de 1914 el Partido Conservador en Vitoria. Desde 1914 hasta su muerte en 1921 Dato ocupó ininterrumpidamente el puesto de diputado al Congreso por el distrito de Vitoria. En 1915 se constituyó la Alianza Patriótica Alavesa, agrupación anticarlista apoyada por dinásticos de todos los matices, republicanos y socialistas, que consiguió el control del Ayuntamiento de la capital y apoyó a Dato en las elecciones a Cortes. El datismo alavés se opuso a las reivindicaciones autonómicas de 1917-1919 y perdió fuerza a partir de estas fechas. Al llegar la Dictadura, la postura general de los conservadores fue de aceptación no excesivamente entusiasta, aunque algunos de ellos ocuparon cargos gubernativos y llegaron a ingresar en la Unión Patriótica. Sin embargo, otros conservadores vascos se negaron a colaborar con la Dictadura. Entre ellos se encontraba el principal dirigente datista alavés, Guillermo Elío. En Bizkaia, muchos de los datistas aceptaron sin mayores problemas el golpe de Estado y la situación dictatorial. La Liga de Acción Monárquica -que respetó la libertad de sus afiliados para ingresar en la Unión Patriótica primorriverista- subsistió durante la Dictadura, aunque el líder del datismo vizcaíno, Luis de Salazar, optó por darse de baja en la organización monárquica. En 1930, al terminar la Dictadura, el Partido Conservador intentó recomponerse en España, bajo la dirección de Gabino de Bugallal. Sin embargo, en el País Vasco el paréntesis de la Dictadura, impidió la reconstitución formal del Partido Conservador que desapareció definitivamente del panorama político español a raíz de la proclamación de la II República.

Santiago de PABLO CONTRERAS


Santiago de Pablo Contreras


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