Siglo XX, 2ª mitad.
Volviendo a la extensión urbana, el Ayuntamiento se movilizó rápidamente para organizar el concurso de anteproyectos para la extensión. Se trataba de recoger las mejores ideas para que luego las oficinas municipales redactaran el proyecto definitivo. Las bases se formularon en 1926. El primer premio fue para el gran maestro del urbanismo alemán Josef Stübben, que había sido invitado por Ricardo Bastida. El Plan definitivo estuvo ya listo en 1927, pero hubo que incluir en él el nuevo proyecto del canal de Deusto de la J.O.P.B., lo cual obligó a una nueva redacción que por fin se vio completada en 1929. En él, la circulación era el elemento esencial y la cuadrícula clásica se desestimaba para pasar a una malla más flexible que se adaptase mejor a la orografía de Bilbao. De tal manera que si en Begoña se imponían las calles en curva subiendo por la ladera de Artxanda, dejando ese espacio como el ideal para las casas unifamiliares adosadas o pareadas que habían sido típicas de la política de Casas Baratas, en Deusto se volvía a un esquema más ortogonal y más próximo a los supuestos del ensanche.
Durante la época de la República se dio un nuevo paso. Cuando Indalecio Prieto fue nombrado Ministro de Obras Públicas, encargó a Bastida que hiciera un Plan de Enlaces Ferroviarios que organizara racionalmente la trama de los diversos ferrocarriles para conectar a Bilbao con su área de influencia. El Plan se hizo en 1933. Buscaba reorganizar las estaciones de los distintos ferrocarriles para conectarlas entre sí y articular la relación entre las líneas de las dos márgenes y resolver los problemas del contacto entre los trazados de vía ancha y los de estrecha. De esta manera, se intentaba poner orden en la conexión de la ciudad con el puerto y su área de influencia. Esta apuesta interesantísima de Prieto y Bastida significaba la posibilidad de organizar un circuito alternativo y eficaz al tráfico rodado, que así podría aligerar la carga que sobre él iba a caer en lo sucesivo. Un modelo circulatorio muy actual y que hubiera supuesto transporte barato y cómodo para toda el área metropolitana. La Guerra Civil de 1936 truncó el proceso.
En 1934 hubo otra iniciativa importante. Fue la propuesta de Estanislao Segurola, Jefe de la Oficina Municipal de Estudios Urbanos, que volvió sobre la idea de orientar el futuro desarrollo de Bilbao por el Valle de Asua. La idea era ya antigua y durante años se había valorado como una posibilidad. Si no se había hecho nada al respecto fue porque todo el proceso pasaba por perforar con un túnel el monte Artxanda y era una obra de infraestructura demasiado potente para un municipio que todavía tenía suelo abundante para la urbanización tras las anexiones de 1925 y el nuevo Plan de 1927-29. Segurola, muy influido por las Siedlungen alemanas después de su visita a las oficinas berlinesas de Martin Wagner, estimaba que se podría hacer una población de nueva planta para alojar a unas 225.000 personas.
Tras la Guerra Civil se retomó la idea, aunque las necesidades de la reconstrucción eran tan acuciantes que se dejó en suspenso durante años. Pese a todo Asua se convirtió en una referencia ineludible para el futuro de Bilbao, de la misma manera que las anexiones de Deusto y Begoña lo habían sido en la década anterior. Tras la guerra, la primera prioridad fue la reconstrucción de los accesos a Bilbao. En este punto la reflexión siguió la línea marcada por Bastida, donde lo importante era la distribución racional de los tráficos. Las reformas interiores a la manera de Zuazo y de la ley de 1895 habían sido superadas. Pero el Ayuntamiento siguió insistiendo con Asua y en 1937 encargó un plan a Guillem Busquets. Los falangistas bilbainos, en total sintonía con los intereses de la oligarquía industrial, buscaban continuar con el desarrollo metropolitano, pero en esta primera fase de la posguerra vieron como el nuevo Estado les daba la espalda. El plan de Busquets se quedó sobre el papel. Pero aún así se siguió adelante y en 1940 se conseguía la anexión de lo que quedaba del término municipal de Erandio. Mientras tanto el problema de la vivienda se hacía acuciante y los poblados de chabolas empezaban a crecer sin control para acoger a los inmigrantes pobres que llegaban a la capital de Bizkaia en busca de trabajo. Una vez más, la necesidad de viviendas se convertía en la justificación de la necesidad de extenderse. Se abandonó el modelo de la casa unifamiliar de la política de Casas Baratas y se tendió a la solución del bloque de varias alturas. Así en 1941 se iniciaban las obras de Torremadariaga y Enekuri.
Hasta el año 1943 no se volvió a los grandes planes de urbanismo, porque la reconstrucción absorbió toda la capacidad municipal. Pero se consiguieron algunos resultados como la municipalización del servicio de tranvías en 1939, en un intento de racionalizar los tráficos aprovechando los elementos ya existentes. Los primeros movimientos con posibilidades de éxito en el camino hacia un gran plan de urbanismo, se dieron desde 1942. El nombramiento de Joaquín Zuazagoitia como Alcalde en 1942 y la llegada de Pedro Bidagor empezaron a marcar diferencias. Bidagor era el Jefe de la Sección de Urbanismo de la Dirección General de Arquitectura y había sido el responsable del Plan de Extensión de Madrid. En 1943 la Sección de Urbanismo ya había redactado su plan para Bilbao. Sobre la base administrativa de la mancomunidad de 21 municipios, el ambicioso Plan del Gran Bilbao recogía la herencia del Plan Comarcal de Bastida y la llevaba hasta sus últimas consecuencias.
La base del proyecto era el entramado de comunicaciones fluviales, ferroviarias y de tráfico rodado en el entorno de la ría, que se convirtió en la columna vertebral de todo el conjunto. Se primaron las carreteras frente a las otras dos opciones porque Bidagor las utilizó como límites de la expansión de los nuevos núcleos urbanos. Se intentó tener en cuenta los intereses y los planes de las diferentes entidades que actuaban en la zona, particularmente los de la J.O.P.B. y se hizo un esfuerzo aglutinador para dar congruencia a las soluciones y evitar conflictos de intereses. El plan, además de definir los límites geográficos de la actuación y tener en cuenta los proyectos de la J.O.P.B., delimitaba los usos por zonas, atendiendo por fin a la vieja reivindicación de Bastida. Además, definía la localización y la forma de los nuevos poblados satélites y estudiaba detenidamente las redes de saneamiento y la disposición de los espacios verdes. Por último, hacía una estimación de los tiempos necesarios para ejecutar lo proyectado.
Se delimitaron cinco áreas diferentes a efectos de la zonificación. La primera incluía a Bilbao y Asua, la segunda recogía a Leioa/Lejona y Axpe, luego estaban los pueblos de la zona fabril y minera. La cuarta zona recogía a Portugalete, Getxo y Santurtzi, y la última a Basauri, Galdakao y Ariz. Así, se dejaba a Bilbao como centro administrativo y a Asua se le daba un uso residencial medio con posibilidad de áreas industriales. Barakaldo, Sestao, Basauri y Galdakao quedaban para la industria y las residencias obreras. Getxo y Portugalete se reservaban para el turismo y el segmento más lujoso del uso residencial, con Santurtzi como sector pesquero con viviendas más modestas que sus localidades vecinas. Con esta separación, Bidagor hacía de la zonificación el segundo elemento fundamental en la articulación del espacio metropolitano, ya que el primero había sido el esqueleto circulatorio.
El plan fue aprobado en 1946. Pero necesitaba una nueva ley para poder desarrollarse porque la zonificación no existía como instrumento dentro de la legislación vigente. De manera que con la aprobación del plan se obtuvo también el cuerpo legal necesario para su ejecución. Además, una figura de planeamiento de tanta extensión y con tantos contenidos requería de un modelo de planes de desarrollo, más pequeños que se ocupasen de definir completamente la trama de cada sector. En este punto, Bidagor diseñó los Planes Parciales, figura importantísima dentro del urbanismo español que ha llegado hasta nuestros días. Con estos Planes Parciales, Bidagor conseguiría llegar hasta la escala de la arquitectura, definiendo incluso la forma de la ciudad en alzado. Así conseguía recorrer todo el segmento de la creación de la ciudad, desde el Plan Comarcal que señalaba la estructura vial del territorio, la zonificación y los sectores, hasta los Planes Parciales en los que se podía apreciar la forma final de la ciudad en sus edificios. Nunca se había conseguido un control tan riguroso del proceso urbanizador, ni tampoco un recorte tan fuerte de las prerrogativas de los privados con respecto al contenido del derecho de sus propiedades. Los Planes Parciales se redactaron hacia 1947. El primero había sido el de Deusto, ya a finales de 1946. En 1947, la Corporación del Gran Bilbao, creada para ejecutar y conducir el Plan del 43, y el Estado aprobaban el nuevo documento gráfico para Deusto. A mediados de 1947 se convocó el concurso para el Plan Parcial de la parte sur de Bilbao, que incluía las proximidades de Rekaldeberri, Torre Urizar, Larraskitu y San Adrián. Pero su proceso fue muy lento y no se aprobó hasta 1952. El tercero fue el Plan Parcial para Erandio que se hizo público en 1952. El último fue el de Begoña. En 1952 se publicaron las ordenanzas especiales para la ejecución de todos ellos y los tres últimos no se terminaron hasta 1957. Pero la práctica demostró que faltaba una figura todavía menor que el Plan Parcial para poder hacer frente a su ejecución. La nueva ley de suelo de 1956 introdujo la figura de los Polígonos, como áreas de actuación dentro de los planes Parciales. Con ellos se llegaba al último escalón del desarrollo. Como consecuencia inmediata de la aprobación de la ley del 56, Bidagor formuló el Plan para Barakaldo.
Pero la creación del Ministerio de la Vivienda en 1957 alteró totalmente el panorama institucional. Desde este Ministerio se buscó la manera de construir viviendas como fuera, llegando a saltarse las edificabilidades marcadas por los planes e incrementarlas para atraer a los promotores privados a la construcción de barrios de viviendas. En 1958 el problema del chabolismo en Bilbao afectaba a más de 25.000 personas. Tanto es así que en 1959 se aprobó el Plan de Urgencia Social para Vizcaya. Su consecuencia inmediata fue la creación del barrio de Otxarkoaga, para alojar a 3.672 chabolistas. En cuanto a la suerte de los planes de Bidagor, quedo severamente comprometida por el exceso de precisión, por la necesidad casi obsesiva de definir hasta el límite todo lo relativo a la ciudad. Su recorrido y sus capacidades eran impresionantes, pero su falta de flexibilidad anulaba su capacidad de adaptarse a las circunstancias cambiantes y a los nuevos rumbos marcados por Arrese como Ministro de Vivienda. Con Arrese la actividad del I.N.V. se desmarcó de los planes de urbanismo, llegando incluso a saltarse sus especificaciones en aras de conseguir construir el mayor número de alojamientos. Bidagor se desvinculo de la Corporación del Gran Bilbao y la vigencia del Plan del 43 se mantuvo, aunque los Planes Parciales se desvirtuaran.
Ana AZPIRI ALBISTEGUI
Dra. en Historia del Arte
Ana Azpiri Albistegi