A mediados del s. XIX hizo su aparición la txistera, especie de cesto alargado elaborado en castaño. La baratura del nuevo instrumento, en contraposición con el caro guante, hizo cobrar nuevo auge a la pelota y crecer el número de recintos. Una innovación, la utilización del caucho para dotar a la pelota de un núcleo elástico, comenzó a generalizarse abriendo paso al blé o pleka y al rebote.
Tras la segunda guerra carlista (1872-1876) hizo su aparición en Euskal Herria el frontón comercial de la mano de promotores y capitalistas que lo convirtieron en una empresa floreciente. El viejo frontón Zabalbide de Bilbao fue reconstruido en 1879 por el abuelo de los «Begoñeses», Juan Mata. El primer frontón donostiarra el de Atocha, se inauguró dos años antes. Según una de las Gacetillas de El Noticiero bilbaíno del 9 de junio de 1886 la afición de los bilbaínos por los partidos de pelota era mucho mayor que la que experimentaban por las corridas de toros. «Los partidos de pelota -especificaba- se verifican a menudo durante todo el año, y constantemente se llena el frontón, que por cierto, caben miles de espectadores, y las corridas de toros no pasan de media docena al año, y la plaza da frío por su soledad, como no sea en las corridas tradicionales de agosto, a que asiste la gente más por costumbre que por entusiasmo, que no brilla ni aun por la multitud de forasteros, de cuya venida son las corridas sólo un accidente del viaje».
La gran emigración vasca de estos años expandió la pelota en el mundo, tanto en la versión iparretarra -gran txistera en plaza libre- como en la de los jai-alai, más propia de Egoalde. Equipos de profesionales vascos comenzaron a acudir a todas las canchas del mundo. En París y en Madrid, en Cataluña, Valencia, Argentina, Brasil, China, Cuba, EEUU, Egipto, Marruecos, Filipinas, Francia o México se alzan magníficos frontones en los que se juega no sólo pelota sino gran cantidad de dinero. Laburdi, en especial Biarritz, es considerada la meca actual de nuestro deporte nacional. En países como México o Argentina se juega pelota vasca desde la época colonial dándosele incluso modalidades diferentes. En el primer país ya en el s. XVIII se conoce el frontón de San Camilo donde jugaban los tenderos vascos. Durante el siglo siguiente proliferaron los recintos pelotísticos haciéndose su uso costumbre generalizada.
A partir del s. XVII se difundió en la Argentina el tradicional juego. Hay informaciones que señalan a 1780 el año en que se erigió el primer frontón abierto de pared izquierda. A partir de 1820 se construye la serie de frontones trinquetes, que con el tiempo sobrepasarían de 750 los debidamente cerrados y con palcos, y más de 4.000 los abiertos. El juego de la pelota fue el primero que se profesionalizó en la Argentina. Primero fue a mano, desde 1830, en cancha larga; se usó el guante, la paleta y la txistera (cesta punta). El 1.° de noviembre de 1882 se inauguró el más famoso de todos los frontones que existieron en la Argentina, la «Plaza Euskara», de pared izquierda, a cuyo frente se plantó un retoño del árbol de Gernika especialmente llevado desde la Villa Foral. Ese día se hicieron presentes el primer intendente (alcalde) de Buenos Aires, don Torcuato de Alvear, altas autoridades nacionales y municipales y la C. D. del Centro Vasco Laurak Bat, que llegó precedida de txistularis y dos grupos de ezpatadantzaris. Francisco Lapitz, vascófilo navarro, natural de Irurita, impartió la bendición y se jugó el partido inaugural, un mano a mano, entre Carricalushe, argentino, con pala, y el uruguayo Paysandú (Pedro Zabaleta), con guante, venciendo fácilmente el local. Uno de los encuentros más recordados en la Argentina, fue el desafío por 10.000 pesos oro, disputado el 19 de abril de 1885 entre Chiquito de Eibar (Indalecio Sarasqueta) y Paysandú. Concurrieron más de 8.000 personas, apostando 100.000 pesos fuertes. Ganó el eibarrés, 80 a 49, de ellos 77 de saque. Acudió al partido el Presidente de la República, Domingo Faustino Sarmiento. Fue frecuente ver a presidentes argentinos y hasta uruguayos, asistir al frontón, que definitivamente cerró sus puertas en 1903. La placa que recuerda a la «Plaza Euskara» se conserva en el actual frontón del Centro Vasco Laurak Bat de Buenos Aires. A partir de esa fecha, el juego de pelota tuvo grandes altibajos, para renacer nuevamente en 1915 con la llegada de Europa de todo un equipo de profesionales de cesta punta. En 1926 se constituyó la Federación Argentina de Pelota, que controló el juego en los frontones cerrados. En 1934 se creó su primera filial, la Federación de Pelota de la Provincia de Buenos Aires. Dos años después, se organizaba la Unión Argentina de Pelota, que supervisó los frontones abiertos y en 1940 se creó la Confederación Argentina de Pelota, que centralizó los frontones de la ciudad de Buenos Aires y 22 provincias argentinas. Luego de un glorioso despertar, el juego a mano fue perdiendo adeptos a favor de la paleta primero y el xare después, sobresaliendo en esta última especialidad en la década de 1920/30, Vicente del Río, Julián Amundarin, Jacinto Altuna, Juan y Alberto Labat y Roberto Elías, a los que siguieron Héctor Leyenda, Ricardo Bizzozero, Roberto Elías (h), etc. Luego de 1939, como resultado de la guerra franquista y al arribo masivo de exilados, volvió a tomar auge el juego a mano, especialmente en el Laurak Bat, donde sábados y domingos, y festividades vascas, se ofrecieron interesantes partidos, con tribunas colmadas de público. Sobresalieron en esa época, Andoni de Astigarraga (campeón por parejas en los años 42/43/44, Pedro Areso (del seleccionado de fútbol «Euzkadi») en los cuadros delanteros, y Luciano Kortabitarte y Simón Larranza, en la zaga. También se destacaron el futbolista Isidro Langara, Julián Bikandi (ex profesional de cesta punta y en uno de los años campeón en pareja con Astigarraga) y Pedro Martínez. Más tarde desfilaron por la misma cancha el aizkoitiarra Larrañaga, el guerniqués Uriona, el navarro Ventura, el zarauztarra Altable, etc. En los últimos años, distintos jugadores argentinos han despuntado, tanto en paleta como en xare, proclamándose campeones en varios Campeonatos Mundiales. Todos los centros vascos disponen de su frontón trinquete, pero dos, el «Euskaldun Batzokija Zazpirak Bat» de Rosario y «Euzko Etxea» de Villa María, el tradicional de pared izquierda. En 1952 se celebró el I Campeonato del Mundo de Pelota y en 1968 fue incluido este deporte, a título de exhibición, en los Juegos Olímpicos de México.
Andoni de ASTIGARRAGA