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San Miguel de Aralar


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Historia

El Arcángel San Miguel.

Antes, mucho antes de que escribiera el padre Burgui, los historiadores que se ocuparon de Navarra con más conocimientos (e incluso por encargo de las autoridades del reino), como el padre Moret, no vincularon la fundación del Santuario de San Miguel de Excelsis a los hechos de don Teodosio, pero sí hicieron referencia a los instrumentos más antiguos en que el mismo santuario aparece citado. Otro tanto ocurre en obras autorizadas de historiadores más modernos, donde se demuestra que el culto, en el norte de la península, es viejísimo y que obedece a coyunturas religiosas e históricas muy claras. Sobre el culto a San Miguel en el Occidente de Europa hay mucho escrito y no es ahora cuestión de extenderse en indicaciones bibliográficas. Las tres apariciones clásicas son: la del monte Gargano, la de Avranches y la de Roma en tiempo de San Gregorio I (590-604), que dio nombre al Castel Sant'Angelo [F. Gregorovius, Storia della cità di Roma nel Medio Evo, II (Venecia, 1872), pág. 40]. También hay en Navarra monumentos que recuerdan estos milagros y apariciones famosísimos. Señalaremos ahora el retablo de San Miguel de Cía, debido al pintor Ramón de Oscáriz, que floreció de mediados de siglo XVI a 1579, en que se fija su muerte, estudiado por María Concepción García Gainza, «Los Oscáriz, una familia de pintores navarros del siglo XVI», en Príncipe de Viana, año XXX, núms. 114-115 (1969), págs. 5-52 (las 25-26 especialmente), y las láminas XXX, XXXI, donde están las tablas que representan a San Miguel triunfante del demonio y la aparición de San Miguel a San Gregorio. A partir de la aparición famosísima del Monte Gargano, el arcángel guerrero, conductor de las almas y participante con su enemigo el demonio en la psicostasia cristiana, es decir, en el peso de las almas en la balanza, según se le representa muchas veces, es objeto de culto en las montañas y alturas, en los lugares agrestes con fuentes y espeluncas. El Santuario de San Miguel de Excelsis no es una excepción a esta regla, sino que la confirma. Es evidente que el culto es muy castizo en toda la península, puesto que dan fe de él documentos de la primera época de la Reconquista. Resulta claro también que, en la banda norte de España, hay memoria o más que memoria de santuarios muy antiguos que estaban bajo advocación. El primer documento del cartulario de San Millán de la Cogolla se refiere al monasterio de San Miguel del Pedroso, que organizó una monja llamada Nonna Bella en tiempo del rey Fruela el 24 de abril de 759 si la escritura es cierta. San Miguel de Lillo, cerca de Oviedo, es obra del tiempo de Ramiro I, erigida, al parecer, porque el monarca creyó haber recibido ayuda del arcángel batallador en sus luchas. Sean mozárabes, sean astures o sean francos los que ejercen la acción del siglo VIII en adelante vemos que el culto a San Miguel se generaliza y que en Navarra parece documentarse en época muy remota de la Reconquista a juzgar por las averiguaciones realizadas con motivo de la restauración del mismo santuario del monte Aralar. Puede imaginarse, pues, que la misma fe que tuvo el rey de Asturias en la intervención del arcángel la tuvieron los primeros reyes de Navarra en sus luchas piadosas o de otra índole. La representación del mismo como un mancebo, casi adolescente, vestido con lujosa armadura alanceando al dragón, se halla relacionada con esta fe de hombres de armas y de guerra. No en balde los textos cristianos esenciales para comprender su culto nos lo dan siempre en trance de combatir. El guerrero medieval, pues, pensó en San Miguel, y antes de que se extendiera el culto a Santiago hubo de darle un significado parecido al que al fin se dio al santo «matamoros». Los reyes de Navarra tuvieron como algo muy suyo la casa de Aralar; esto lo demuestran, aparte de textos de distinta índole que aluden a sus visitas y a sus donaciones, hechos materiales hoy observables, como es el que allí esté el estupendo frontal esmaltado. ¿Cómo un templo tan conocido desde antaño se considera, en fin, fundación pía de un simple caballero penitente? He aquí algo que no hay modo de explicarse. Pero dada la discrepancia respecto a la fecha en que vivió don Teodosio de Goñi (¿s. VIII, s. XI?), cabe suponer que de la memoria de alguna penitencia de un personaje medieval (pero de época en que hacía tiempo existía el santuario con mucha fama en la tierra) surgiera una primera tradición y que luego se diera esta tradición como base para explicar el origen de un culto muy viejo... Tan viejo y particular como lo es la representación del arcángel alado con la cruz sobre la cabeza de la que ha tratado como particular erudición el señor Iñiguez y que se halla en obras románicas. No cabe duda de que la imagen del arcángel de Aralar, obra de madera forrada de plata, que no es de fecha muy antigua, tampoco se halla en relación con la leyenda de modo estrecho, puesto que en ella se dice que al librar a don Teodosio, San Miguel dejó su efigie reproducida también por el padre Burgui. Son del siglo XVII las menciones más antiguas del «Lignum Crucis» y de la imagen que lo contiene (en la cabeza). Pero -como va dicho- el tipo de arcángel es mucho más antiguo en el país; una figura alada, portadora de la Cruz. Los historiadores del Mont-Saint-Michel, coincidiendo con algunos folkloristas que se ocuparon en otros tiempos del folklore griego, piensan que el arcángel en la fe del pueblo heredó algunos tributos de Hermes o Mercurio, mediador entre el Cielo y Tierra, adorado en los montes, que conducirá como aquél las almas al Cielo, apareciendo en primer término en las escenas del juicio final (se representa a San Miguel a veces en dos formas simultáneamente. Como amparador de los hombres en sus tribulaciones terrenas, o como vencedor de Lucifer y los ángeles rebeldes. Werner Weisbach, Reforma religiosa y arte medieval (Madrid, 1949), págs. 146, 168, 171 (arte cluniacense)). San Miguel, pues, parecer haber recibido culto en Navarra en los tiempos más duros de la Reconquista y el santuario de montaña cada vez fue más conocido y venerado. ¿Qué significaba para los primeros reyes de Pamplona y sus súbditos? Algo que los mismos musulmanes debían saber cuando lo atacaron en una de aquellas expediciones periódicas que hacían por las primaveras. Cuando tales expediciones punitivas se hacen menos posibles, porque la Reconquista ha avanzado hacia el Sur, la devoción de los reyes de Pamplona o ya de Navarra por el santo del «Monte excelsis» aparece una y otra vez expresada en gracias y donaciones. También se advierte una relación estrecha entre el santuario y la sede episcopal y cabildo catedralicio de Pamplona. Esto explica que gran cantidad de documentos relativos al mismo se hallen en el archivo de la catedral misma. El documento más ilustrativo entre los antiguos data del tiempo de Sancho el Mayor, cuando éste otorga el privilegio de los términos del obispado de Pamplona y deja dentro al «Vallis de Araquil» y a «sua Ecclesia Sancti Michaelis de Excelsis». En 1017, pues, era templo famoso. Advirtamos que no será el único consagrado en las alturas al Arcángel, porque aún día existe el de San Miguel de Izaga y el castillo de Huarte tuvo una iglesia que, por la vista amplia que se dominaba desde ella, se denominó San Miguel de Miravalles. Pero sigamos con el santuario de Aralar. De 1074, por ejemplo, es una confirmación de todas las propiedades de San Miguel, hecha por Sancho el de Peñalén y su mujer, que confirma a su vez Sancho Ramírez, rey de Aragón (1076-1094). También hay muchas donaciones de particulares con devoción al Arcángel, de suerte que el poder temporal del santuario se amplía, sobre hombres y tierras: no sólo en la zona más cercana, sino también en otras no tan próximas hacia el Sur, como Los Arcos o el territorio donde luego se asienta Villafranca, o hacia el Norte (Fuenterrabía). Las donaciones se suceden del siglo XI al XIII. Algunas en función de las obras del santuario. Por ejemplo, en escrituras de 1157 y 1117. El cargo de abad de San Miguel aparece unido a la dignidad de chantre de la catedral de Pamplona en el siglo XIII y en 1295 se aprueban las constituciones de la cofradía del Arcángel, que constaba de capellán, mayorales y hermanos y a la que papas, cardenales y obispos concedieron gracias e indulgencias, que se enumeran en documentos de 1298, 1368 y 1492. La zona, fragosa, no estaba libre de las asechanzas de malhechores. Pero el santuario sigue atrayendo a devotos de tierras lejanas. No puede decirse, sin embargo, que tras la época románica experimente grandes cambios y reformas. De 1074 a 1143 hubo de dársele al templo la estructura que hoy tiene. Y del siglo XII ya avanzado o incluso de después sería el retablo objeto del robo reciente y de la admiración constante de propios y extraños. Acerca de él se ha escrito mucho y se han hecho sin fin de conjeturas. ¿De dónde era el gran maestro que lo creó? ¿Qué conexión tiene con otros famosos retablos de esmaltes? ¿Se hizo para San Miguel de Aralar, o para otras iglesias? ¿Cómo era antes del ajuste llevado a cabo en el siglo XVIII? Estas son las preguntas principales que se han formulado los que se han ocupado de él. En la reproducción que se da ya en el libro del Padre Burgui (dibujo de Manuel de Beramendi y grabado de Juan Antonio Salvador Carmona) y en que se recuerda la reparación de 1765, el letrero explicativo considera que la imagen central es la de la Virgen del Sagrario de la catedral de Pamplona. Esto pudo originar la idea de que, en un tiempo, el retablo estuvo y aun se hizo para aquélla. Puede sorprender que San Miguel no aparezca: sí el Arcángel San Gabriel, el de la Anunciación. Pero antes el retablo era mayor. El caso es que quedó siglos en las alturas, sin que se le prestara mucha atención y en esos siglos, que corresponden ya a fines de la Edad Media y comienzos de la Moderna, San Miguel de Excelsis aparece a los ojos de los fieles envuelto en leyendas y tradiciones que, hasta cierto punto, borran la realidad histórica, quitándole incluso importancia como símbolo de lucha entre Cristiandad y sus enemigos. Estas tradiciones y leyendas hacen que el santuario esté fundado primero por unos penitentes u otras personas que en sus alturas viven en la soledad, acechados por dragones y seres malignos. Tales leyendas se han modificado en la memoria colectiva de diversos modos, aunque ya hay redacciones de milagros relacionados con ellas del siglo XII. El historiador navarro José M.ª de Lacarra publicó en 1969 el vetusto texto de los milagros del Arcángel Miguel en cuyo prólogo se narra la hazaña originaria del Santo. Según Lacarra, el texto de los «milagros» ha sido atribuido al Príncipe de Viana por figurar copiados en algunos manuscritos a continuación de su Crónica, pero, sin duda, es mucho más antiguo. Tal como ha llegado a nosotros parece traducción de un texto latino, hecha tal vez en el siglo XIII, pero Lacarra no se atreve a afirmar nada con seguridad, dada la deficiencia de las copias que utilizó. Se recoge en él la historia del caballero García Arnault, del linaje de Goñi, que hizo vida eremítica en San Miguel en tiempo de Sancho Ramírez y del obispo de Pamplona Pedro de Roda, es decir, entre los años 1084 y 1094. Hay varios milagros, que se refieren a la época de este personaje. En el número 13 se habla de un rey don Sancho, en cuyo tiempo los moros «havian entrado en tierra de los pomploneses»; si se trata de Sancho Ramírez nos llevaría igualmente a los días de García Arnault. García Arnault no fue el iniciador del culto al Arcángel en Aralar, pero su época corresponde a un momento de reactivación del mismo y de actividad constructiva. Cuando se establece allí el caballero de Goñi había ya una iglesia, pero en su tiempo se recogen limosnas y materiales para «edificar la yglesia de Sant Miguel e de los Santos Angeles», y el propio obispo dotó el santuario «con largueza y no con excasedat». Son varios los «milagros» que hacen alusión a la edificación del mismo (núms. 1, 7, 8, 10) y uno de ellos referido concretamente a la persona del rey Pedro I (1094- 1104). El n.° 19 está datado en el año 1229. El n.° 20, último de la serie, termina así: «Este romance a escrito Durafort, lu fil de Martin lu capellá, at quan nos perducat, qui vivit et regnat per omnia secula seculorum, amen». Esta mención, ¿se refiere al autor de la redacción, o a lo que creo más probable, al de la versión romance de un texto latino? El nombre parece corresponder al de un «franco» o «provenzal». El P. Burgui, tan concienzudo historiador del santuario, conoció indirectamente la existencia de estos milagros, pero no llegó a disponer del texto. [Los milagros los conoce a través del Compendio y admirable principio y misterios de La capilla de San Miguel de Excelsis; la historia de García Arnal la toma del ms. del Archivo de Duque de Granada de Ega que cito en la nota 4. Cf. BURGUI, San Miguel de Excelsis representado como Principe Supremo..., Pamplona, 1774, vols. II, 15; III, 38, 42, 121.] Arigita no los cita en su documentada Historia, y Lacarra cree que ni siquiera conoció su existencia. [Historia de la Imagen y Santuario de San Miguel de Excelsis, Pamplona, 1904]. Y, sin embargo, son varios los documentos de San Miguel Excelsis que en los siglos XIII y XIV aluden a «la frecuente refulgencia de milagros»: miraculorum coruscationem frequentem. El autor de la «Genealogía y descendencia de los caballeros y señores de los palacios de Goñi», escrita en 1547, y conservada en el Archivo del Duque de Granada de Ega, recoge la historia del caballero don García Arnal de Goñi, tal como figura en el prólogo de los «milagros». [J. DE URQUIJO, San Miguel de Excelsis y el Mayorazgo de Goñi, R. I. E. V. 1924, pp. 635-641]. «Como en memoria del muy bien abenturado señor Sant Miguel Archangel algunos lugares muchos sean por el mundo. Otrossi en tierra de Navarra, en monte que de los moradores es llamado Excelso, respandasce una yglesia fermosa e faze muchos miraglos, que sana enfermos e sordos, ciegos, flacos e endemoniados, por quanto tienen tanta devoción en el dicho Reyno como los guaresce a los dichos enfermos. En el tiempo del rey don Sancho [Sancho Ramirez, rey de aragoneses y pamploneses entre 1076 y 1094], christiano caudillo de los nabarros e de los aragoneses, como don Pedro, hombre de grant santidat e piadoso en dilection de Dios y de su proximo, muy noble de justicia e de mansedad, viniese del obispado de Pamplona, [Pedro de Roda, obispo de Pamplona (1803-1115)], contesció que un cavallero que por nombre abia Garcia Arnault por tierra de Navarra, era de la generation de Goñi, de buen linaje, veno a la dicha yglesia de Sant Miguel dexado todos sus bienes, a serbir a Dios. Cumpliendo aquella palabra del Evangelio, es a saber, «que qualquiera persona que entrare a serbir a Dios, que renuncie de sus bienes, otramente no puede ser dicipulo de Ihesu Christo», veno al sobredicho monte con la guia de nuestro Señor Ihesu Christo, no supiendo sus hermanos ni otros sus parientes; yglesuela quiso fincar no supiendo ninguno sino solo Dios, la qual iglesuela mas heran entonce visitados de onsos e de lobos e de otras vestias fieras, que no de hombres, pero hera ancianamente edificada en monte de Celso (Excelsis) Sant Miguel, en la qual iglesia tormentada por frio e por fambre e por set e por las malas noches, velando, rogando en tantos, todo trabajando que la anima no le salió. E esto si fue porque tanto estubo que no tenía / fol. 140/ que comer, e non cesaba de velar, e de plorar cada día e noche. Mas como los sus parientes y cercanos se movieron por dolor deste hombre, e fueron al dicho lugar de Sant Miguel, e alli lo fallaron cerqua muerto, e no hera marabilla que cinquo dias heran pasados que no habia comido ni bebido ninguna vianda. Estonce demandaron que por qué hera partido de su logar, rogándoli con vellas e palabras, que se tornase a su lugar del lugar sancto que estaba. Este hombre estaba ya propuesto de nunqua hir en toda su vida, y como dixieron que fuese él se puso sobre una piedra e de alli nunqua lo pudieron sacar a las rogarias ni prometimientos que le fizieron, y desde nunqua lo pudieron fazer hir. E con tanto se partieron los dichos sus parientes muy tristes. Enpues oviendo mantilla del, imbiabanle de comer, e no abia otro solaz ni compañia quoando comia sino aquellas habes que llamamos perdizes, a los quoales el hombre de Dios dando de su pan muchas veces con las manos las pascia, a las vezes en su falda las daba de comer. E los dichos parientes ovieron entre si acordao de hir al obispo de Pamplona e dixieronle la vida daquel hombre de Dios, e rogaronle mucho al sennor obispo que fuese fasta daquel hombre, et tanto le rogaron al dicho obispo que ovo de hir al dicho lugar de Sant Miguel. E con tanto fueron se el dicho obispo don Pedro e sus parientes, e como allegaron, luego Garcia Arnault rogoli al dicho obispo que su señoria la quisiesse dar licencia e su bendicion porque entrase en aquella yglesia porque servia a Dios. Y en esto el dicho obispo veyendo que este hombre Garcia Arnault tenía la devoción de entrar a servir a la dicha yglesia dio su bendición, e abito de los monjes, e mandole servir e guoardar unos mandamientos segunt la regla de Sant Benedit e amonestoli, rogando a las gentes que cerqua day vinieron muchos, que fray Garcia Arnault en remision de sus peccados con almosnas e oblaciones oviessen de socorrer, que por edificar la yglesia de Sant Miguel e de los santos Angeles e leyna e piedras e calcina traxiesen e las otras cossas que fuesen necesarias para edificar la dicha yglesia; y en esto el dicho señor obispo dio a la dicha [yglesia] y al frayre de sus bienes propios muchos buenos con pura voluntad y con largueza y no con excasedat. E mas en los prologos y escripturas el alongamiento de las palabras suele engendrar ennojo a los oydores a estas cosas annademos e brebemente, en quanto a la divinal bondat desare, e quantos a unos miraglos explandores que se fazen en la dicha yglesia de Sant Miguel de Celso dentro en las encomiendas dellos nabarros puesta asi como de suso faze mecion sin mentira ninguna».


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