El reino de Pamplona.
Las continuas presiones ejercidas sobre los vascones desde el N. y desde el S., forzaron la unión de los príncipes cristianos y musulmanes, que tuvieron como consecuencia inmediata una serie de victorias militares y la creación del reino de Pamplona, en el extremo suroccidental del Pirineo, bajo la espada de Eneko Enekones «Arista», llamado «Vannako al Bascunis» (Eneko el Bascón) por Ibn Haiya. Abd al-Rahman II repitió sus aceifas victoriosas por tierras de Pamplona, obligando a los Arista y Banu Kasi a capitular la paz con él (843). Unos años más tarde pactarán también con Carlos el Calvo, rey de los francos y aquitanos (850) y con el rey de Asturias. La llegada de los vikingos a Pamplona siguiendo la vía fluvial (859) hubiera sido un episodio anecdótico de no haber sido por la prisión del rey García. Recobrada la libertad tras el pago de un fuerte rescate, pactó con Ordoño de Asturias, rompiendo con los parientes Banu-Kasi. Durante la segunda mitad de la centuria perduró la inseguridad, incrementada por las sucesivas campañas llevadas a cabo por Muhammad I (872, 874, 882). El 905 se produjo un cambio dinástico de consecuencias transcendentales para el reino. Sancho Garcés I (905-925) abandona una política defensiva y se lanza a la conquista de tierras a los Banu-Kasi: Deio y su tierra (907), los pueblos de la comarca de Los Arcos a Viana, villas de ambas márgenes del Ebro y del Arga. Abd al-Rahmán III, primer califa cordobés, penetró por Calahorra y Cárcar en Deierri, derrotando a los ejércitos de los reyes cristianos en la batalla de Valdejunquera (Mués) el 26 de julio del 920. Sancho contraatacó, recuperó algunas plazas y conquistó Viguera (923). Siguió la «Campaña de Pamplona» (924), organizada por el Califa. Por Cárcar, Peralta, Tafalla, Carcastillo, Gallipienzo, llegó a Pamplona; saquearon y destruyeron sistemáticamente casas e iglesia catedral, continuaron por la Cuenca y la Val de Echauri, regresando por el curso del Arga. Sancho Garcés falleció al año siguiente. Durante el s. X quedaron interrumpidas las campañas conquistadoras de los reyes pamploneses, cuyo territorio sufrió incursiones esporádicas de los ejércitos cordobeses. García el Tembloroso solicitó la piedad de Almanzor, que llegó a Iruña (998), prometiendo mantener la paz. Las noticias sobre la ciudad son escuetas, reducidas prácticamente a conquistas militares, destrucciones, y a la presencia silenciosa de la comunidad monástica en la catedral, y de los obispos vinculados a ella. Don Galindo (922-938) «in regimine monachurum in Pampilona» (924) se intituló «episcopus in Pampilona et in Deio et in castro Sancti Stephani» (928). La serie de «Pampilonenses episcopi» apenas se interrumpe, aunque continúa el silencio documental sobre la evolución de la población.