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PAMPLONA / IRUÑA (HISTORIA)


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Coalición Aristas-Banu Kasi

Coalición Aristas-Banu Kasi.

La experiencia de una alianza entre Aristas y Banu Kasi ponía en peligro el dominio cordobés en el valle del Ebro. Abd al-Rahman I emprendió una campaña que culminó durante el verano del 781. Entró por Calahorra, ganó Viguera, cruzó el Ebro y se adentró por territorio vascón. Aquí destruyó la ciudad de Pamplona y penetró hacia el Oriente; conquistó el castillo de Jimeno el Fuerte, llegó hasta los dominios de Ibn Belascot o Belaskotenes (zona más oriental de la Navarra Media), y le obligó a entregar rehenes y pagar el amán. Según Lévi-Provençal y otros historiadores, Pamplona quedó entonces sujeta al emirato por unos años. Los caudillos vascones, cristiano y musulmán, reforzaron alianzas, sellándolas con vínculos matrimoniales, como era costumbre. La viuda de Eneko Jiménez, madre de Eneko Arista y de Fortún, se unió a Musa ben Fortún. Hijo del matrimonio será el genial Musa ben Musa, hermano del primer rey pamplonés. Mientras nacía esta unión, Carlomagno creaba al norte del Pirineo el reino de Aquitania para operar contra los vascones. Colocada Pamplona entre dos fuerzas opuestas, hubo entre sus vecinos división de opciones entre la alianza con los musulmanes y con los francos. Los coaligados confiaron el gobierno de la ciudad a Mutarrif, hijo de Musa ben Fortún y hermano de Musa ben Musa y de Eneko Arista. Pero «los habitantes de Pamplona sorprendieron a Mutarrif ibn Musa y lo asesinaron» (799). Ludovico Pío había celebrado el año anterior en Toulouse una dieta para tratar asuntos de la frontera. Tras el asesinato, fue puesto al frente de Pamplona Belasco, un adicto a la causa franca del rey de Aquitania. La coalición continuó. Al-Hakam conquistó Tudela y la dejó al mando de Yusuf ben Amrus (802), que fue apresado y conducido al castillo de la Peña Kais, probablemente el gaztelu de Garaño, en la val de Ollo, de donde tratará de liberarlo su padre. Empeñado en reforzar sus posiciones al sur del Pirineo, Ludovico Pío pasó por Dax, llegó a Iruña y se detuvo aquí «el tiempo que creyó conveniente, ordenando cuanto convenía al bien público y privado». Emprendió el regreso, dejando al frente de la Ciudad a Belasco. Para evitar emboscadas como la del 778 en el Pirineo, llevó consigo como rehenes a mujeres y niños de Pamplona. Un nuevo ataque del emir contra los aliados pamploneses no logró el éxito apetecido (816). Eneko y Musa ben Musa reforzaron su compromiso de amistad, entregándole aquél por esposa a su primogénita Assona. Resultado de su compromiso fue la expulsión del profranco Belasco, que motivó el envío de nueva expedición, esta vez mandada por los condes Eblo y Aznar. El ejército conquistó Iruña y, al regresar por los puertos de Roncesvalles, Eneko y Musa cayeron sobre él e hicieron prisioneros a los condes. Eblo fue conducido a Córdoba y Aznar fue puesto en libertad por ser consanguíneo de los vencedores (824).


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